“La trama detrás de los abusos y delitos sexuales en la Iglesia Católica” es el nuevo libro del periodista y escritor Julián Maradeo, que saldrá a la venta el próximo 1° de agosto, y que revela de qué modo la Iglesia, desde la cúspide del Vaticano hasta la jerarquía local, se ocupó siempre de encubrir y no denunciar los casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.

El libro de Maradeo se apoya en tres casos que considera “paradigmáticos”, los abusos del cura Justo José Ilarraz, que fue prefecto de disciplina en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, de Paraná, entre 1985 y 1993, y que fue condenado por la Justicia a 25 años de cárcel al hallárselo culpable de cinco casos de corrupción de menores y dos de abuso deshonesto. Ilarraz fue investigado primero por la Iglesia Católica local, en 1995, pero sólo se le impuso una pena simbólica: el destierro.

Cuando lo condenó el tribunal conformado por los jueces Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel, se consideró, en un fallo unánime,  que los abusos tuvieron “como elemento facilitador del plan de Ilarraz, la posición asumida por sus superiores y pares actuantes al tiempo de los hechos; ya que sin su omisión el acusado no hubiera podido cumplir sus designios delictivos con la libertad e impunidad con que lo hizo”.

No es el único caso que incluye “La trama”. Hay otros dos: los aberrantes casos de abusos a niños hipoacúsicos en el Instituto Próvolo, en Luján de Cuyo, Mendoza, y en La Plata; y el otro es el revelador testimonio de Julieta Añazco, referente de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, que denunció los abusos que soportó siendo niña de parte del sacerdote Ricardo Giménez, pero que aún todavía sigue ocupando un lugar dentro del clero, con funciones en la capilla del Hospital San Juan de Dios, de La Plata

“Esa niña soy yo a punto de subir a la trafic que nos llevaría a los campamentos en Bavio, dónde el cura Ricardo Gimenez abusaba sexualmente de nosotros. En el momento de la confesión, no usaba confesionario, nos apoyaba entre sus piernas y nosotros le decíamos nuestros ´pecados´en su oído, mientras él abusaba de nosotros…”, escribió Julieta, en 2014. 

Su abusador sigue en libertad. Y la causa judicial, cajoneada.

Maradeo recorrió esos tres casos, y describe en su libro de qué modo funciona el sistema de encubrimiento en la Iglesia. Incluye, además, una entrevista al obispo de San Francisco, Córdoba, Sergio Buenanueva, encargado por el Episcopado para diseñar la “estrategia” que debe darse la Iglesia ante los casos de abuso. “Buenanueva termina usando el lenguaje de los sobrevivientes. Reconoce, por ejemplo, que hubo un sistema de encubrimiento. Y otra cosa que termina reconociendo es que la iglesia siempre corre detrás de los hechos”, dice Maradeo.

El trabajo de investigación le permite establecer etapas en el abordaje eclesiástico de estos delitos: un primer paso es tratar de “frenar” a las víctimas, y recubrir al cura abusador; un segundo paso, cuando el caso toma estado público, es trasladar al involucrado a otra región; y hasta se da el caso de “simulacros” de juicios diocesanos, “sin atender la situación de los jóvenes y niños abusados y sin darle aviso a las familias. Y un último paso es emitir un comunicado en el que piden perdón, y mienten diciendo que están tratando de solucionar el problema y que están a disposición, y con las puertas abiertas para las víctimas”.

“Buenanueva me comenta que el Episcopado lo mandó a Chile para ver cómo se trataba el tema de los abusos allá. Y se sorprendió al ver a una sobreviviente irlandesa. Qué maravilla, me cuenta en el libro, cómo puede ser  que estén escuchando los obispos a una sobreviviente  sin emitir ninguna queja. Le pregunté por qué  no ocurre en la Argentina eso mismo, de que los obispos reciban a las víctimas, y me dice que hay un enfrentamiento generacional entre los obispos. Un sector, que responde a Aguer, y por otro lado, el sector más joven, que pide urgentes cambios. Pero por ahora no pasa nada: sólo hay medidas muy edulcoradas  pero ningún cambio de fondo. Pero lo que hay que decir es que los cambios de fondo no los está aplicando el propio Vaticano”, señala.

Maradeo cita una revelación que trae “La trama”: el testimonio de un grupo de italianos que puso en manos del papa Francisco en 2015 el listado de curas italianos pedófilos que habían sido enviados a la Argentina para trabajar en el Próvolo. Ni el Papa ni el Vaticano hicieron nada. El caso estalló un año después, en 2016, pero por empuje de las víctimas y sus familias, que llevaron a dos sacerdotes a juicio.

“La Trama” es el cuarto libro de Maradeo. Es autor de “La derecha católica: de la contrarrevolución a Francisco” (De la Campana, 2015). Y en coautoría con Nacho Damiani en 2016 escribió “El Tano. Quién es Daniel Angelici”, el monje negro del macrismo. Y este año publicó “Radiografía de la corrupción PRO. De la Ciudad a la Presidencia de la Nación”.


El libro sale a la venta el 1° de agosto, “y si todo marcha bien, ese mismo mes lo presentaremos en Paraná”, anunció el autor.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.