La Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia (STJ) confirmó la condena a 14 años de prisión por corrupción de menores a Javier Broggi, exresponsable del área de Cultura de la Municipalidad de Urdinarrain.

De ese modo dejó firme los fallos dictados por el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguaychú y de la Cámara de Casación Penal. Con el voto fundado del vocal Daniel Carubia -al que adhirieron sus pares Claudia Mizawa y Miguel Giorgio-, el máximo tribunal entendió “improponible” la pretensión de la defensa de Broggi “de subsumir los hechos en la figura del abuso sexual simple, cuando la
sentencia acreditó suficientemente que el accionar de Broggi no se limitó a actos de tocamiento corporal de sus víctimas y que los acercamientos y la exhibición de
material pornográfico, formaban parte de un plan cuidadosamente pergeñado por
el acusado para interferir en el normal desarrollo sexual de los jóvenes,
aprovechándose de la inmadurez de ambas víctimas, entendiendo que esa
potencial depravación de su sexualidad, excede el tipo básico del art. 119 del
Código Penal, ya que no existió un único acto de desfogue sexual sino que el
imputado efectuó diversos y progresivos contactos libidinosos que tuvieron entidad para depravar a los jóvenes”

Leonardo Mussi fue uno de los testigos clave en el juicio a Broggi. Esta nota fue publicada en 2017 por Entre Ríos Ahora.

En 1988, cuando tenía 8, vivía en Urdinarrain, y en Urdinarrain Javier Broggi, ahora condenado a 14 años de cárcel por abuso y corrupción de menores, era amigo de casi todos, las amistades que elegía, matrimonios jóvenes, con hijos pequeños.

La familia de Leonardo Mussi era una de esas familias. Una familia con un nene chiquito: Leonardo Mussi.

Y Leonardo Mussi quedó atrapado, primero, en las garras de Broggi, después en el miedo, más tarde en el silencio más oscuro, hasta que por fin pudo salir. Acá, cuenta cómo fue ese viaje.

“Lo conozco a Broggi de chiquito. Tuve la desgracia de conocerlo de muy pequeño. En realidad, él tenía una forma de actuar que era muy prolija y sistemática. Se hacía conocido de familias jóvenes, que tenían hijos chicos, de unos 2 años, e iba construyendo la confianza hasta más o menos los 8 años del menor, para poder abusar, y lo hacía siendo una persona muy conocida de los padres del menor, de todo el entorno familiar. Se hacía amigo de abuelas, de tías. Llevaba regalos. Cuando estaba interesado en una víctima, le hacía ofrendas a toda la familia. Eso hacía durante más o menos seis años, como fue mi caso, hasta que el chico cumplía los 8 años. Sus víctimas predilectas eran de los 8 años en adelante. Nunca eran mayores de 18 años. Un detalle muy clave, yo creo que casi de libro. Siempre menores. Supongo que si la ley dijera que la mayoría se consigue a los 19 años, llegaría a abusar hasta los 19”, dice, en una charla que se produce en un pasillo de los Tribunales de Paraná.

 

-¿Cuándo pudiste contar lo que te había pasado?

-Estuve diez años hasta que pude contárselo a un amigo, casi un hermano. A él le había pasado lo mismo. Yo tenía la leve sospecha pero no tenía la certeza. Es raro: vivimos mucho tiempo juntos con este amigo, crecimos juntos. Pero pasaba que todo se encubría, y se sostenía ese encubrimiento. Se encubría y se sostenía esa culpa y ese dolor durante todo ese tiempo. En 1998, yo lo hablo con este amigo. Recién con él lo empiezo a hablar. Y en 2008 lo hablo con mis padres.

-¿Cuántos años tenías cuando lo hablaste con tu amigo?

-Tenía 18 años. Diez años después recién lo pude blanquear con mis viejos: les pude contar lo que había sucedido. Decidimos hablar en conjunto con mi amigo. Él lo hizo para evitar que Broggi abusara de su sobrino, porque había comenzado a tomar clases de dibujo con él. Hubiese sido carne de cañón. Mi amigo quiso evitar eso. Por eso se animó a hablarlo. Imaginate lo difícil que habrá sido. Sólo cuando vio expuesto a su sobrino, pudo ir a hablar con los padres. Y yo pude hablarlo en ese momento porque mis viejos estaban planeando hacer un viaje con Broggi. Iban de paseo con Broggi sin saber esta situación.

-¿Imaginas que hay muchos más casos de los que se denunciaron en la Justicia?

-Con mi amigo lo pudimos hablar a los 18 años. Y pasó de los 7 a 8 hasta los 13 años. Lo pudimos hablar recién a los 18, siendo ya un poco mayores. Y de las otros chicos que veníamos entrar a la casa de Broggi, sospechamos que no hay opción de que no hayan sido abusados. Deben ser como 40 o más los casos. Broggi confesó que hacía eso desde sus 15 años.

-¿Cómo cambió tu vida después que pudiste hablarlo?

-Mi vida cambió, para bien, muchísimo. Contarlo ayuda mucho a sanar, y lo digo por la experiencia que tengo. Ayuda mucho también para que se haga justicia. Hay algo descubrí haciendo terapia: Broggi siempre se presentó, después que lo denunciamos, como un monstruo. Pero eso es lo que él quería ser. Denunciándolo, descubrimos que no es un monstruo, sino una bolsa de mierda. Un monstruo es algo grande, extravagante, se puede decir, maligno, tal vez. Pero sobre todo grande y feo. Ahora es una bolsa de mierda. Y está padeciendo su propia mierda.

-Vos te fuiste de Urdinarrain. ¿Te pasó la mirada de los otros después de haberlo denunciado a Broggi?

-Vivo en Uruguay. Sé que Broggi también se mudó de Urdinarain por la condena social y está viviendo en Gualeguay. Pero no me fui porque me haya pesado la mirada de la gente. Al contrario, siempre conté con mucho apoyo. Entiendo que al contarlo empezamos a hacer prevención y a evitar que a otros chicos les pase lo mismo.

-¿Hacés terapia?

-Sí, hago terapia porque la necesito.

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.