Juan Diego Escobar Gaviria salió de Lucas González por la puerta de atrás.
Y con sigilo.
Atrás, muy atrás quedaron los días de gloria: el más afamado cura sanador de Entre Ríos vio su fama estropeada en los Tribunales: la Justicia tramita tres denuncias formales en su contra, con sendos delitos: dos por corrupción y una por abuso sexual simple; del cuarto delito está notificado pero aún no ha sido formalmente imputado.
Se fue corrido por una orden del arzobispo Juan Alberto Puiggari, el 27 de octubre pasado, horas después de que el mismo jefe de la Iglesia local autorizara a las monjas del Colegio Castro Barros San José de ir donde el defensor oficial, Oscar Rossi, y presentar la denuncia por abuso de un nene de 11 años, exmonaguillo de la Parroquia San Lucas Evangelista.
Puiggari lo corrió de su oficio de párroco y le prohibió oficiar misas en público, y además le abrió una investigación diocesana.
Los días posteriores a su salida de Lucas González constituyen un gran agujero negro en la vida ajetreada de este cura, que ha recorrido media provincia para oficiar sus concurridas misas de sanación.
Entre el jueves 27 y el domingo 30 de octubre hay un blanco.
Ese día, el domingo 30, pide alojamiento en la Casa Lamy, ubicada a un costado de la ruta11, en Oro Verde. El lunes 31 recién avisa a los monjes de la congregación Servidores de Jesús y de María que estaba allí porque tenía una causa judicial por abusos en Lucas González.
Desde el jueves 27 hasta el martes, que se supo que Escobar Gaviria estaba recluido en la Casa Padre Lamy, su paradero fue desconocido. La curia se negó a informar, aunque admitió que no había salido de la provincia. El martes por la tarde, el fiscal Federico Uriburu recibió un correo electrónico del Arzobispado de Paraná, en el que le indicaron el lugar donde estaba el sacerdote.
Pero ya había sido emitida una orden de captura a la Policía.
Entonces, una partida policial partió desde Nogoyá con destino a Oro Verde. En medio, los abogados del cura, Juan Pablo Temón y Milton Urrutia, fueron en su búsqueda y lo entregaron en la Jefatura de Policía de Nogoyá.
En medio, las autoridades de la Casa Padre Lamy salieron a “aclarar” cuál fue su rol en este enredado asunto.
En medio del papelón, la Casa Padre Lamy dio a conocer un parte de prensa titulado “Informe sobre la acogida al cura Juan Diego Escobar Gaviria en la Casa Padre Lamy”. Dice lo que sigue:
“- Domingo 30 de octubre: el sacerdote Juan Diego Escobar Gaviria pidió hacer un retiro de unos días, sin dar explicaciones.
– Lunes 31 de octubre: el padre Juan Diego informó el superior de la Casa, padre Samuel, de la razón de su presencia. Dijo que una familia de su parroquia, de San Lucas Evangelista, de Lucas González, lo denunció por un supuesto abuso sobre su hijo menor. El necesitaba alojarse en una casa de retiros, rezar y evitar el contacto con la gente, esperando que la justicia lo llame.
El arzobispo Juan Alberto Puiggari vino para encontrarlo y (sic) informarnos de su deseo de transparencia con la justicia.
Decidimos permitirle quedarse en Casa hasta que la justicia se manifieste.
– Martes 1 de noviembre: nos enteramos a mediodía, por Facebook, que el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, libró a la mañana una orden de captura del cura Juan Diego Escobar Gaviria.
El arzobispo vino para encontrar el padre Juan Diego y nos dijo que informó al juez y a la policía que el padre Juan Diego estaba alojado en nuestra Casa. Nos avisó que la policía lo iba a buscar a la tardecita.
A la tarde, el padre Juan Diego se fue para entregarse, por propia iniciativa, al juez de Garantías de Nogoyá.
Padre Samuel, s.j.m.”
Ahora Escobar Gaviria reside en Paraná, y poco se sabe de su vida. Ya no se sube a los púlpitos a manejar masas a las que les prometía sanaciones eternas. Ya no hace eso. Ahora es un hombre acosado por la Justicia, a la espera del juicio final. Pero acá en la tierra.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.