Por Jorge Daneri (*)

 

En estas horas se anticipa el tratamiento de un nuevo o renovado Programa Provincial Maderero, que re-intenta,  entre otras iniciativas, levantar la prohibición para la exportación de madera y sus derivados o insumos varios de producción provincial, para ser destinados a las plantas de celulosa de la hermana República Oriental del Uruguay.

Hemos expuesto durante años nuestra visión sobre éste tema en varios medios de comunicación de la provincia (2).  Ahora nos limitamos a lo solicitado por el Ministro del Interior requiriendo la pronta sanción de la Ley del plan maderero provincial. Es interesante considerar esta cultura política de que a fin de año y generalmente en la oscuridad de la noche, se concretan  las leyes  apuradas o express, no pocas veces las mas impresentables y delicadas en términos de debate político, como la de los acueductos Chinos o la privatización de las tierras públicas en el Delta, intentos demasiado mal gestados y que quedaron frustrados por la conciencia y movilización de muchos entrerrianos.

En la misma racionalidad política del actual poder central, no merece mayor consideración las afirmaciones púbicas del nuevo Ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, apoyando abiertamente la radicación de nuevas plantas de celulosa en la cuenca del río de los pájaros, incluido Entre Ríos, como del modelo de los venenos para producir nuestros alimentos. Las historias forjadas por nuestra gente no interesa para algunos de estos personajes que a veces parecen de ficción, pero que aquí están llevando adelante los destinos no solo de la provincia, sino de la nación.

Frente a esta renovación de la iniciativa legislativa que nos ocupa, existen preguntas centrales previas que deberían ser respondidas por los impulsores de la iniciativa. En principio sería importante saber cómo poder acceder al denominado “Programa” de promoción que se dice quieren aprobar. Entonces, la pregunta sería: ¿El Programa dónde está? ¿Quién lo tiene, por cual ventanilla pública lo pasamos a buscar? Quizás está ya disponible y publicado en el sitio web del Gobierno de la Provincia o de tal o cual Ministerio. No, hasta ahora no está, nadie lo conoce, pero una ley lo estaría aprobando. Por lo tanto los propios legisladores van a sancionar un Programa de ciencia ficción o, peor aún, un Programa que ni el propio Gobernado conoce.

Por otro lado, si el denominado Programa aparece, necesita de un tiempo no menor para ser estudiado por los diferentes sectores, los unos y los otros. ¿Por qué? porque  entre otras cosas se puede advertir si el mismo, previo a su tratamiento legislativo, necesita lo que se denomina una Evaluación Ambiental Estratégica. Esta es una herramienta que la nueva constitución provincial establece, precisamente porque es muy útil para evitar dolores enormes de cabeza. Y más aún, para evitar una simplificación agravada del modelo productivo de la provincia, sin consideraciones previas de los impactos socio-ambientales en los ecosistemas afectados y sobre el ordenamiento territorial ya dispuesto por Ley, etc.

Otros de los aspectos a considerar son los impactos en la salud de los seres humanos y  los otros reinos de vida,  del modelo impulsado. Esto implica, ahora sí, estudiar el aumento de la carga química o de veneno en los suelos y las cuencas interiores y su impacto en la salud. No hacer lo que Felipe Solá y Menem realizaron aprobando con ojos cerrados los organismos genéticamente modificados de los eventos de soja allá hace más de veinte años. Parece que las realidades que se vienen denunciando y probando no ameritan llamado de atención alguna a los señores Legisladores que no miran para donde tienen que mirar y no ponen todo lo que se debe poner donde se lo debe poner.

La gigante deuda pública heredada por el Gobierno Provincial del mismo signo político de su causante o gestor, no es razón para que sea pagada con concesiones o decisiones que llevan a la derrota de un pueblo que supo liderar una lucha buena por la defensa de la salud de sus aguas y tierras frente a decisiones equivocadas de la nación hermana en el escenario de la cuenca y su río de pájaros.

Frigerio y Etchevehere no tienes ningún interés en sostener políticas de promoción de la diversidad cultural productiva, menos de protección de la diversidad biológica de la provincia. Menos aún de propiciar escenarios de promoción de la agricultura familiar en transición hacia la agroecología.

Se trata de promover sin límites y de manera voraz el modelo sustentado en soja y maderas exóticas dentro de un contexto de  aumento constante de la concentración de la tierra,  en manos de fideicomisos vacíos de cultura diversa y de una agricultura sin agricultores, de alta tecnología apropiada por estos pocos más ricos.

De la casi autosuficiencia que fuimos, a la dependencia que somos, en todos los términos. No sabemos bien desde donde se gobierna y decide los destinos de esta provincia. ¿O sí lo sabemos?

Entonces es el poder legislativo el que mejor puede poner los límites.

Fue el radicalismo provincial el que bien o mal, incluso durante el Gobierno de la Alianza, puso límites al poder central, ni hablar en los primeros años de los gobiernos siguientes y en plena crisis delirante.

Los partidos políticos que hoy co-gobiernan Entre Ríos, fueron los mismos que sancionaron por unanimidad toda la batería de Leyes que acompañaron el proceso de movilización cívica y ambiental hacia el Estado Nacional primero, y hacia la Corte Internacional de Justicia de la Haya, después. No pueden tener tan corta memoria histórica.

Existe una “agenda insignificante” como dice el presidente de la Corte Suprema de Justicia y otra negada, decimos los ecologistas políticos. En ésta última la Constitución de la Provincia nos interpela y desafía  a construir leyes no impulsadas aún. Ellas vienen de la mano de la conformación de una política que activamente promocione la agroecología, el retorno al campo de miles de seres humanos y sus familias, el impulso de una reforma agraria integral que pueda marcar un debate sobre modelos de recuperación de tierras hacia la diversidad productiva agroecológica, sin venenos y dentro de un radio amigable con los reinos de vida y modos más a escala humana de transporte de mercaderías, etc. Una política que ponga en valor los derechos humanos al agua y la tierra, que descontamine nuestros campos y sus cuencas, que vuelva a permitir que la primavera no sea silenciosa, sino que pueda erotizarnos de nuevos colores y músicas de vida, como hasta no hace mucho tiempo nuestros viejos y nuestra propia niñez nos posibilitó contemplar y celebrar.

 

Y es éste el debate, es la agenda de las corporaciones y sus mandatarios o empleados que van dibujando los territorios, donde habitan de las mayorías casi silenciosas, o es la agenda que se construye consultando sistemáticamente y desde  la  diversidad de organizaciones, asambleas ciudadanas, los concejos deliberante en cada pueblo. No son las mismas agendas. No son las mismas prioridades. No miran las oficiales a diez o treinta años, miran el almanaque de la maldita mezquindad electoral de las miserias del poder enfermo y calendario urgente que disponen las corporaciones amigas en esta fiesta del asociativismo público – privado. Entre Ríos no es un paraíso fiscal, no se la debe mira así y menos querer re-conformarla así. Tampoco  un mega fideicomiso propiedad de un ministro de turno. Entre Ríos es mucho más que esto. Entre Ríos es tierra de hombres libres, de fundadores de la República y su Constitución, es tierra de soñadores honrados, de artistas, de músicos, de creadores, de convencionales constituyentes para la Nación y para el interior de la tierra de los ríos libres. Es mucho más que un fideicomiso o un negocio mezquino en una isla de los tesoros escondidos. Entre Ríos es una isla de la dignidad, aún lo es.

 

(*) Abogado especializado en Derecho Ambiental.

 

(2) Se puede consultar, por ejemplo en http://www.analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=243229 o en http://entreriosahora.com/las-plantaciones-no-son-bosques/