-Fue muy difícil. Yo, toda la vida viví con mi mamá y mis hermanos. Pero tuve que irme. Fue difícil separarme. Pero no me quedaba otra que salir de ahí para sacarme un poco de esta porquería de la cabeza.

Santi ahora tiene 18 años, vive en Villa Luzuriaga, en el partido de La Matanza, a 370 kilómetros de donde nació, Lucas González, en Entre Ríos.

Está empleado en un taller mecánico, y hace como que vive una vida normal. Pero en su vida todo está revuelto desde que a los 14 años tomó la decisión de ir donde los curas, convertirse en monaguillo y ponerse a su disposición.

-Yo entré a los 13 o 14 años. Y a fines de 2016, antes de que se sepa todo esto de (el cura) Juan Diego (Escobar Gaviria), decidí irme porque no podía seguir. Y me fui. Me fui de la iglesia, no iba más a misa. A principios de 2017, me vine a Buenos Aires.

“Todo esto de Juan Diego” es la primera denuncia que se conoció a finales de octubre de 2016, cuando Escobar Gaviria fue llevado a la Justicia por abuso y corrupción de menores. Fue el primer caso; después llegaron tres más, que lo pusieron en el banquillo de los acusados. El 6 de septiembre de 2017, un tribunal de Gualeguay lo condenó a 25 años de cárcel.

Santi fue abusado por Escobar Gaviria, pero en el juicio de 2017 se presentó como testigo, y un testigo clave: contó que fue supo de los abusos del cura sobre uno de los principales denunciantes, Alexis Endrizzi. Pero su relato fue tan demoledor que a la Fiscalía no le quedaron dudas: Santi también había sido abusado, y entonces se formó ya entonces el segundo juicio a Escobar Gaviria. El cura estará nuevamente frente a un tribunal los días 12 y 13 de noviembre próximos.

Escobar Gaviria se afincó en Lucas González, en la parroquia San Lucas Evangelista, en 2005, y permaneció hasta octubre de 2016. En 2012, llegó otro sacerdote, Hubeimar Alberto Rua Alzate. Los dos colombianos, los dos de la Asociación Clerical Cruzada del Espíritu Santo. Los dos abusadores de Santi.

-Yo soy uno de los chicos abusados por Juan Diego. Y eso me dio un poco más de fuerza para seguir adelante, y contar con lo que me pasó con Hubeimar.

Santi habló en el programa Puro Cuento de Radio Costa Paraná 88.1. Contó qué rol jugó Alexis Endrizzi en quebrar el muro de silencio que había levantado a su alrededor: nunca antes, hasta ahora, había podido contar que había sido abusado no sólo por Escobar Gaviria sino también por Hubeimar Rua. Lo charló con su amigo, y su amigo le aconsejó denunciarlo en la Justicia. Eso hizo.

Recordó aquel encuentro, una noche de sábado. El 19 de agosto de 2017 llegó de visita a Lucas González para participar de una doma. Se encontró con Alexis Endrizzi y charlaron. Alexis aguardaba con expectación el juicio que empezaría el martes 22 agosto. Los dos se encontraron en un kiosco y hablaron. Se prometieron seguir más tarde la charla. La charla siguió, en casa de Santi.

Su mamá, la mamá de Santi, no supo entonces -no supo nunca- nada de lo que ocurría con su hijo en la casa de Dios. A Santi lo abusaban los curas. “Yo me tendría que haber dado cuenta antes de que le pasara algo. Lo que pasa que es que yo asociaba lo que le estaba pasando con una pelea con la novia que tenía en ese momento. No me di cuenta el infierno que mi hijo vivía con ese degenerado”, dijo cuando supo de los abusos de Escobar Gaviria.

No supo de los abusos de Hubeimar sino hasta hace una semana. Santi no se lo dijo: por vergüenza y para que no sufriera.

-No se lo había contado a nadie, nunca. Después que hice la denuncia lo pude hablar con mi vieja.

Esa segunda denuncia la hizo el lunes 10 de septiembre de 2018 en la Unidad Fiscal de Nogoyá, donde ya se abrió la investigación penal preparatoria.

-Contar algo así era muy fuerte para mí, yo sabía lo que iba a sufrir mi familia. Entonces, decidí callarlo. Pero llegó el tiempo que dije: “Hay que contarlo”. Y sacar a luz toda la verdad. Nunca lo había hablado con nadie. A principios de 2017, me voy a vivir a Buenos Aires. hasta que empezaron a hablar todos los chicos en Lucas, y volví. Pero yo no había ido por este tema. Fui porque me invitaron a una jineteada; fui con mi novia. En el kiosco, lo encuentro a Alexis, le digo que gracias por denunciar, que me alivia, me pone contento por él, porque yo había visto cosas que le pasaban a él, pero me callé. Me llamó, le empecé a contar a mi novia y a mi vieja.

-¿Cómo siguió tu vida?

-Ahora, sigue mucho mejor mi vida. Yo salí del pueblo por ese tema. Me vine a vivir a Buenos Aires, quería olvidarme, sacarme esto de la cabeza. Salí de ahí para olvidarme. De a poco se puede, pero de un día para el otro no te olvidas de estas cosas.

-¿Qué esperas de la Justicia? ¿Esperas condena?

-Que le den la misma condena que a Juan Diego, o más o menos, pero tiene que pagar por el mal que hizo. No sé si hay más chicos. Ojalá no le haya pasado a otros chicos, porque es muy feo. Por ahora soy yo, pero creo que tiene que haber otros chicos. Lo que pasa es que da miedo hablar.

-¿Qué le dirías a un chico que todavía no puede hablar del tema?

-Lo único que les diría es que tomen fuerza, todas las fuerzas que tengan, y hablen. Es un sufrimiento muy grande. Hablando te sacas mucho peso de encima.

-¿Crees que la Iglesia debe cambiar algo para que estos delitos no sigan pasando?

-Tiene que cambiar mucho la Iglesia Católica. Ahora que empezaron a hablar, están saliendo muchísimos casos que se vienen callando. Yo creo que tienen que cambiar mucho. Y tienen que apoyar a las familias de los chicos abusados.

-¿Alguien de la Iglesia se comunicó con vos?

-Nada, nada, ni un llamado de nadie. Nada.

El cura Hubeimar Rua Alzatte está ahora radicado en Colombia, y según palabras del arzobispo Puiggari, alejado temporalmente del sacerdocio. Un comunicado que dio a conocer la curia de Paraná esta semana da cuenta que la Iglesia  está “a disposición de la justicia, a fin de ofrecer toda la colaboración posible para el esclarecimiento de la verdad de los hechos denunciados y la aplicación de las leyes que correspondan”. También ofreció el “acompañamiento que esté en nuestras manos para quienes hayan sufrido situaciones tan dolorosas”.

De momento, nadie de la Iglesia llamó a la víctima que se presentó en la Justicia.

La mentira siempre tiene patas cortas.

La foto: el vicario general de la diócesis de Paraná, Eduardo Tanger, junto a Hubeimar.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.