Por Fabián Schunk (*)

 

En esta Semana Santa, seguramente muchas homilías en las misas que se celebren en las distintas iglesias hablarán de la necesidad del perdón y de buscar, en Jesús, la reconciliación.

¿Qué es el perdón? O mejor dicho: ¿de qué perdón nos hablan?

El perdón del que a muchos les gusta hablar es de aquel que no tiene rostro, de aquel que no se nombra, del perdón a líneas generales, porque es ese tipo de perdón el que no se compromete, porque es el que no cuestiona.

Hablar del perdón con un rostro es otra cosa, porque ahí el perdón tiene identidad, tiene nombre, tiene historia  y por tal motivo, interpela, exige y molesta.

Un perdón así, un pedido de perdón así es quitarle el rostro a una víctima, es esconder al victimario.

No escuchar a una víctima es darle voz al victimario.

No pedirle perdón a una víctima es respaldar al victimario, decirle a la víctima, “déjalo en manos de Dios”.

Es también jugar a la prescripción del delito.

¡Esto es más fácil!

Un pedido de perdón así, sin rostro, sin identidad, sin nombre, sin historia, que no interpela, que no exige, que no molesta es decirle al victimario que todo está bien.

Porque el victimario no te cuestiona, sólo te pide silencio.

No te molesta. Sólo te pide más tiempo.

Pero en esta Semana Santa, paradójicamente, sólo quiero traer a la memoria unas palabras que el señor gobernador de la provincia, Gustavo Bordet,  pronunció hace apenas unos días, recordando el 24 de marzo de 1976: “No hay reconciliación sin justicia”.

No hay reconciliación sin justicia, no hay perdón sin justicia, no hay justicia sin reparación, no hay perdón sin reparación.

Es hora de dejar de pronunciar discursos y homilías vacías, tan solo para tranquilizar  a la multitud y aparentar un compromiso inexistente.  Es hora de ponerle rostro al dolor y decir de qué lado se está.

Y bien vale entonces aquí recordar las palabras de Jesús: “Están conmigo o están contra mí”.

O, dicho de otro modo: “El que no cosecha, desparrama”.

Quizás algunos se dejen tocar el corazón por Jesús, en esta Semana Santa, y puedan compadecerse de las víctimas a las que le causaron tanto dolor al mirar para otro lado y viendo el rostro del Señor también se den cuenta de que el perdón, la reconciliación, la justicia, la reparación, tiene rostro.

 

(*) Víctima de los abusos del cura Justo José Ilarraz, procesado en una causa penal por el delito de promoción a la corrupción agravada, expediente a punto de ir a juicio oral. Especial para Entre Ríos Ahora.