Por Julieta Añazco (*)

 

Estos son días sensibles. Muy sensibles.

Pero tengo que decir que me siento feliz porque, como sobrevivientes, seguimos aprendiendo todos los días de ustedes, de nosotros.

Estamos construyendo un grupo hermoso, y nos estamos afianzando y conociéndonos, también.

Y como lo que no hace uno lo puede hacer el otro, a la vez nos vamos ayudando. Nos vamos complementando, ésa es la palabra.

Abrazo con todo mi cuerpo y con todo mi orazón a las valientes y los valientes sobrevivientes que denunciaron al cura Juan Diego Escobar Gaviria.

Acabo de enterarme, dicho por él, por el cura Escobar Gaviria, que su maestro fue el padre Ignacio. Eso es muy fuerte. Todo lo que está pasando es muy fuerte. Porque no es un caso aislado, no hay manzanas podridas: es una red.

Les mando toda mi energía, toda mi fuerza, toda mi luz para enfrentar a ese monstruo, un monstruo que no sólo es Esobar Gaviria, sino toda la isntitución que lo protege, que está detras, con mcho poder, un poder que ni siquiera nosotros nos imaginamos: yo lo estoy desubriendo, por eso duele.

Pero lo bueno es, como alguien me dijo alguna vez, que nosotros y nosotoras podamos transformar este dolor en lucha.

Y también leí por ahí una frase que dice que a nosotros nos quitaron tanto que terminaron quitándonos el miedo.

Y acá estamos, sin miedo.

Gracias, gracias. Les agradecemos por ser la voz de tantas personas que no tienen voz, de tantas personas que quedaron en el camino, de tantas personas que están escondidas, pero que seguramente van a estar muy atentas a esto, a este juicio, el primero en Entre Rios a un cura por causas de abusos.

Con este juicio, nos están mostrando el camino: ustedes están escribiendo la historia, y eso es muy valioso.

Agradecemos a las familias que acompañan a estos valientes denunciantes. No todas las familias pueden acompañar. No todas las familias quieren acompañar. No todas las familias quieren escucharnos. No todas las familias pueden creer lo que pasa, lo que ocurre con los abusos, que un cura esté tan apañado por la jerarquía de la Iglesia Católica, que se encarga de proteger a los curas que abusan de niños.

Es así de fuerte, así de doloroso. Pero es la verdad.

Nosotros no estamos en contra de la Iglesia Católica.

Nosotros no estamos en contra de los curas.

Nosotros no decimos que todos los curas son abusadores.

Pero también decimos que no son casos aislados, que no son manzanas podridas.

Decimos, además, que la misma jerarquía de la Iglesia Católica encubre estos casos. Y encubrir un delito es también un delito.

Nosotros estamos convencidos de que tienen que pagar por esos delitos. Los que los cometen y los que los encubren.

Creemos que es una red organizada: saben muy bien lo que hacen.

Por eso, tienen que pagar.

Nosotros exigimos verdad y justicia, y no olvidamos, no perdonamos y no nos reconcialiamos.

Gracias por no bajar los brazos.

 

 

 

(*) Integrante de la Red de Sobrevientes de Abuso Sexual Eclesiástico.