Paraná alumbra en estos meses hechos artísticos de notable singularidad y se propone como una usina de canciones de alto vuelo. Sin ir más lejos, con pocas semanas de diferencia, un escucha atento puedo dar cuenta de tres discos editados por compositores de la región que llevaron sus canciones a la onerosa apuesta de un disco.

En los primeros días de diciembre, el músicos, instrumentista y compositor Luis Barbiero presentó su primer trabajo dedicado, de modo exclusiva, a sus canciones. “Vals de papel” fue calurosamente recibida en una presentación realizada a sala llena en el Centro Cultural y de Convenciones La Vieja Usina. Ya el tema que inaugura la aventura de Barbiero y da nombre a la propuesta, es una luminosa bienvenida a un territorio de valiosas creaciones de autor.

Barbiero venía gestando sus composiciones, en una paleta amplia de géneros y estilos, desde hace ya algunos años, en un proceso que incluyó el trabajo en taller con uno de los principales cantautores latinoamericanos en la actualidad, el rosarino Jorge Fandermole. En ese mismo espacio, otra artista entrerriana, en este caso gualeya pero con residencia en Paraná desde hace algunos años, fue dando forma y matices al sentido de sus canciones.

Laura Balzer lanzó “Las ciudades y el cielo” en la última semana de noviembre, en este caso en Casa de la Cultura. La poesía y la guitarra de Balzer, acompañada por talentosos músicos locales, dieron por resultado un disco de once composiciones que reflejan el nivel de sensibilidad de la autora y su potencia narrativa para generar climas, cincelar postales y pensar el tiempo y la vida en la melodía de su voz y sus palabras.

Para completar una escena inusual, por su porfiada fecundidad, en estos días salió a la venta el disco del dúo integrado por la cantante Silvia Salomone y el guitarrista Alfonso Bekes. La definición de ambos artistas por rubro es apenas una mirada inicial sobre dos músicos que han transitado diferentes caminos y se encuentran aquí en la tarea de crear canciones propias y realizar versiones de compositores tan disímiles y geniales como Ramón Ayala o el uruguayo Fernando Cabrera.

“Flores de la noche” está compuesto por canciones de Bekes y Salomone en un 50% y otro 50% con una elección delicada y de hermosas interpretaciones. La apertura y el cierre del disco está repartido en dos canciones, uno de cada integrante del dúo, de cálida belleza: Preludio de las aves y las horas, de Bekes y Liquidamar, de Salomone.

El disco será presentado entre los meses de abril y mayo, pero ya se puede conseguir a través de los perfiles de redes sociales de los dos músicos.

Autogestión


Más allá de algún aporte del Instituto Nacional de Música, como impulso clave para iniciar el camino, los tres discos son hijos de la más pura autogestión. Dos de ellos –Vals de papel y Flores de la Noche-llevan el sello de Shagrada Medra, pero en definitiva los tres avanzan en el camino del esfuerzo de los propios creadores para producir, editar e incluso distribuir y vender el material.

El piso económico para lograr la reproducción de las copias, sin contar los gatos que pueda haber de producción y mezcla, supera cómodo los 30 mil pesos. Y en esos costos la empresa no resulta de sencilla concreción, menos aún frente a la desalentada carrera del disco frente a los nuevos soportes y la multitudinaria oferta de escuchar música sin pagar.

Así todo, para los compositores, el hecho del disco es una instancia vital para darle cierre a una obra: su forma definitiva. Así lo explica Alfonso Bekes: “La composición toma entidad, se realiza en una grabación, en el caso de la música clásica esa instancia es la partitura, para la música contemporánea es la grabación, donde plasmás la obra con la mayor fidelidad posible, para que logre sentar precedente de qué es y cómo es ese tema”.

En los tres casos son los propios músicos quienes venden la obra. Generan presentaciones, conciertos y ocasiones de venta mano en mano.

Más que una coincidencia


No es nuevo, pero sí resulta cada vez más nítida la conformación de un amplio movimiento musical que reside en Paraná y genera hechos artísticos de notable valor, asociados a una mirada amplia y diversa sobre los ritmos Latinoamericanos.

En este caso, la singularidad avanza al terreno de la canción. Tres planteos, tres discos, más de 30 canciones que se crean en este paisaje, con una sonoridad que tiene vínculos familiares entre sí. Como dice Bekes, en diálogo con Entre Ríos Ahora, “raíces hermanas”.

“La verdad en este caso se da la coincidencia de proyectos que venían haciéndose, Luis (Barbiero) viene componiendo desde hace mucho tiempo y Laura (Balzer) también, se dio justo que los tres discos salieron casi en forma simultánea, pero es cierto que hay una estética compartida, un lenguaje casi en común”, define Alfonso.

Para Bekes esos vértices de encuentro se dan en el marco de una mirada sobre los sonidos de la región, sin ceñirse a un solo país o género, pero también hay un territorio compartido de modo literal. “Vivir en una misma ciudad, estar en el mismo paisaje y en vinculación con la misma gente, tiene mucho que ver. Hay músicos que participaron en los tres discos, eso también le va dando una atmósfera compartida y una raíz hermana”.

Eso, claro, en el marco de un enfoque personalísimo en cada una de las propuestas.

“Está buenísimo que se dé esto y más aún sumado a un montón de otra gente que ha editado el año pasado o está por hacerlo, con canciones muy grosas. En efecto hay una usina productiva, lo que ocurre un poco también es un desfasaje entre el potencial artístico que hay en Paraná y el poco espacio que eso tiene después en cuanto circuito de trabajo”, plantea Bekes.

 

 

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora