“Estimados clientes, hemos decidido cesar nuestras actividades hasta que se encuentren dadas las condiciones del mercado en el sector gastronómico”.

El aviso marcó el punto final para la segunda etapa del bar Gran Japón, un ícono de la ciudad, que este julio levantó sus mesas y  bajó las persianas, después de la auspiciosa reinauguración, en 2014.

El Gran Japón había marcado una época, en la década de 1950 en su emplazamiento original, casi balconeando a Plaza 1° de Mayo, sobre calle Urquiza, casi San Martín.

En esta segunda etapa, buscó cobijo en una esquina acogedora, San Martín y Malvinas,  y resultó un éxito comercial que se mantuvo en el mercado gastronómico de la ciudad todo cuanto pudo.

Pero ahora cerró sus puertas.

“La crisis nos afectó y no pudimos seguir”, dice Maximiliano Echeverría, alma pater del bar que heredó una tradición familiar.

 

Maxi Echeverría había nacido pocos meses antes de que su abuelo, Juan Bernardo Echeverría, resolviera vender el negocio que había llegado a ser una referencia ciudadana.

El bar que Echeverría había comprado a dos japoneses en la década de 1950, tenía espacio para 200 personas y llegó a trabajar con 43 empleados y 14 mozos. Instalado en Urquiza 1031, en pleno corazón del centro paranaense, en el Japonés se refugiaban los estudiantes escapados de clases, tenían dirección postal de algunos viajantes amigos de la casa y corría la quiniela como el café con leche.

“Era el bar del pueblo”, resumía Toto Echaverría, el hombre que hizo del Gran Japón un templo de encuentros y conversaciones largas, con aroma a café, cerveza y prometedora fugazzeta.

En homenaje a su abuelo, aún sin registrar un solo recuerdo del famoso Japonés, más que todos los que les prestaron sus familiares a lo largo de su vida, Maxi Echeverría decidió recuperar el nombre y bautizar así el bar que inauguró junto a un socio y amigo en la esquina de Malvinas y San Martín, en 2014.

“Más que nada es un homenaje a mi abuelo y también una estrategia para reunir dos generaciones, la de personas mayores de 50 años que tienen pila de recuerdos del Japonés y mi generación que es la que yo puedo convocar por formar parte y conocer mucha gente”, decía entonces a Entre Ríos Ahora.

No se trata sólo del nombre. Echeverría se encargó de recuperar una de las características principales del viejo bar, conocido como el Gran Japón o sencillamente el Japonés. Su especialidad: la fugazzeta.

“Hablamos con un pizzero que trabajó en el Japonés, vino e hicimos juntos la masa, hicimos una mixtura entre la vieja receta y algunas ideas nuestras, es una media masa, no es a la piedra, con una elaboración que tiene mucha atención en cada paso”, describe.

Una noche de domingo, comentó, llegaron al bar dos hombres de más de 70 años y antes de saludar consultaron si era verdad que hacían la fugazzeta rellena de carne. “Uno de los tipos probó el primer bocado y se emocionó, empezó a lagrimear, dijo que era muy parecida a la original”, narra Echeverría.

Las lágrimas seguirán corriendo entre los parroquianos que ya no encontrarán más las mesas del Gran Japón, ni el sabor de la fugazzeta rellena.

 

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.