Por Pablo Huck (*)

(El lunes 29 de junio de 2015, después de denunciar en Tribunales por abuso al cura Marcelino Ricardo Moya, Pablo Huck dijo una frase que revela mucho del camino que ha recorrido en estos dos últimos años. “Yo siempre hice todo lo que debía hacer, como el chico bueno que era. Pero me pasó esto, y sentí que el mundo no tenía escrúpulos”. La causa por abusos del cura Moya acaba de ser elevada por la fiscal Nadia Benedetti, de la Unidad Fiscal de Villaguay, al juez de Garantías, Carlos Ramón Zaburlín, para ser remitida a juicio oral. El juez, luego de escuchar a todas la partes, deberá resolver, o no, la remisión del expediente al Tribunal de Juicios y Apelaciones de Concepción del Uruguay. Enterado de ese trámite, Pablo Huck escribió el texto que sigue:)

 

Con la causa de Moya, tengo siempre una mezcla de sensaciones en cada instancia de este proceso.

Por un lado, me da mucha seguridad y confianza el hecho de manifestar la verdad de lo ocurrido y reclamar justica de manera permanente. Esa es “nuestra parte” del trabajo.

Es un hecho importantísimo para mi proceso de sanación, pero también para otras víctimas que aún aguardan, en silencio, pero además por los vulnerables que pudieran quedar al alcance de Moya u otro abusador, sea cura o no.

La noticia del pedido de elevación a juicio por parte de la Fiscalía  demuestra que las pruebas de nuestra denuncia son veraces, claras y suficientes.

Pero me es imposible ignorar cuestiones de formas, y sobremanera, de tiempo de nuestra justicia: en junio se cumplen dos largos años desde que hicimos la denuncia.

¿Cuántos niños y niñas quedaron a disposición de Moya en este tiempo?

¿Cuántas víctimas de Seguí u otro lugar por los que él paso deben seguir esperando su condena para animarse a hablar?

¿Cuán justa es la justicia que es lenta? ¿O es solo una cuestión de ineficiencia?

De ser así, ¿puede permitírsele ser lenta la justicia cuando juega tamaño rol en la vida de todos nosotros?

El abuso sexual infantil, penosamente, ocurre en todos los ámbitos de nuestra sociedad, pero no te olvides que cuando la denuncia es contra un integrante de la Iglesia Católica el escenario al que uno se enfrenta no es nada sencillo: estrategias dilatorias de todo tipo, encubrimientos, mentiras y desprecio de la institución para con las víctimas; institución ésta con gran  influencia y poder, incluso en la Justicia.

 

 

(*) Médico. Miembro de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico.