La Orquesta Sinfónica de Entre Ríos presentó el sábado por la noche el segundo concierto de una temporada celebratoria: cumple 70 años. Por eso, cada programa es especial, se busca coronar  el acontecimiento con una nota particular, que integra el hecho artístico, pero también lo trasciende, con la intención de llegar al público aún con mayor intensidad, generar ese diálogo fluido que viene en pleno crecimiento desde que en 2010 la Sinfónica volvió a ocupar un espacio preponderante en la agenda cultural de la provincia.

Luis Gorelik, director artístico de la Sinfónica, tenía una propuesta con diferentes matices para este sábado: homenaje a Lidia “Nené” Salerno de Camiolo (artista fallecida el 22 de febrero,  integrante fundadora de la Sinfónica y de singular perfil en una época en que no era frecuente una música profesional y mucho menos una que llegara en moto y de pantalones a los ensayos de la Orquesta), estreno de la obra de la compositora Amanda Guerreño y una segunda parte dedicada a Gustav Mahler, con dos cantantes de rotunda trayectoria: la mezzo soprano Gusdalupe Barrientos y el tenor Gustavo López Manzitti.

Hasta ahí lo previsto. Pero el sábado por la noche hubo una sorpresa en el Centro Cultural y de Convenciones La Vieja Usina. No lo sabía -por lo que se pudo observar- nadie o casi nadie. Mucho menos el público. Probablemente no era seguro que Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, resolviera acompañar a su esposa, Amanda Guerreño a la presentación de sus “Tres bocetos Sinfónicos” en Paraná. Pero ahí estaba, en primera fila, íntegramente vestido de negro y completamente inadvertido para el público local, hasta que algunos se comenzaron a preguntar si era o no ese señor que estaba allí nada menos que Adolfo Pérez Esquivel.

La incógnita se resolvió desde el escenario, cuando se anunció y se agradeció la presencia de Guerreño y de Pérez Esquivel. El Nobel de la Paz se levantó entonces, giró hacia el público y recibió la primera ovación de la noche. Su esposa se llevaría su caluroso reconocimiento minutos después, una vez ejecutada la obra de su autoría, protagonista central de la noche.

No había cámaras, ni periodistas. Solo la Secretaría de Turismo y Cultura registró fotos del momento, además de los espectadores, con celular en mano.

Finalizado el espectáculo, Pérez Esquivel se quedó en su lugar, junto a su señora, recibió el saludo de la gente que se acercaba y conversó con los músicos y el director de la Orquesta. Antes de salir de la sala, ya casi vacía, aceptó conversar con Entre Ríos Ahora.

“Vine a acompañar a mi señora para el concierto. Hacía mucho que no escuchaba Mahler y la verdad que hoy sentí la riqueza de matices, de expresiones, me encantó”, dijo y comentó además que “hace muchos años que no venía a Paraná, es como si no lo conociese, esto creció muchísimo, es interesante venir y que tengan este auditorio. Muchas veces desde la grandes ciudades se olvidan del interior y hay que tener una mirada hacia adentro, una mirada más profunda y uno ahí va a comenzar a recrear lo que es el país, la vida en cada lugar”.

“Veo mucha angustia”


Más allá del concierto y su visita a la ciudad, el Nobel accedió a hablar de los temas que preocupan hoy en Argentina y también en la región. Pérez Esquivel formuló su lectura de la realidad y expresó que “el país está con graves  dificultades, hay mucho desempleo, mucha angustia en la gente, se están cerrando centros científicos, se están cerrando escuelas y eso es lo peor que puede hacer un gobierno, tendría que abrir escuelas, apoyar a los centros científicos, apoyar al pequeño y mediano productor, a las pymes”, analizó.

“Lamentablemente, este gobierno privilegia el gran capital y se está olvidando de la vida del pueblo. Y esto es grave, porque detrás de  los números hay rostros, de hombres, mujeres, niños, ancianos, que nos cuestionan, nos interpelan y están reclamando un lugar digno”, reflexionó.

Recién llegado de una gira por varios países, con una última escala en Brasil -donde lanzó la cadidatura de Lula al Nobel de la Paz-, Pérez Esquivel avanzó en una evaluación de la realidad regional y señaló que  “a nivel latinoamericano hay muchos retrocesos, yo acabo de llegar de Brasil, de estar con Lula y vemos también lo que está pasando allí, el nivel de retroceso”. Asimismo, observó, “vemos en Europa como se va perdiendo el estado de bienestar y esto es un llamado de atención muy fuerte”.

La pregunta, según el Nobel de la Paz, es ¿hacia a dónde va la humanidad? Y la respuesta a mano es que “si se sigue privilegiando el capital y no la vida, estamos en un serio conflicto”.

Equilibrio


La tarea que necesita acometer la sociedad, desde todos los rincones, analizó, es “restablecer el equilibrio”.

“Muchas veces lo hablo con el papa Francisco, nos reunimos en Roma, conversamos bastante, se trata de restablecer el equilibrio, encontrar la relación del hombre con la mujer, con la madre tierra. Se está destruyendo muchísimo el medio ambiente y por eso el Papa desarrolló Laudato Si -“Alabado seas, mi Señor”, la segunda encícicla  de Bergoglio, una encíclica social que llama la atención sobre los bienes y recursos, por ejemplo el agua. Hay 32 países en el mundo que ya no tienen agua y aquí la derrochamos”.

Pérez Esquivel consideró que los esfuerzos deben orientarse a ver el modo de trabajar por una economía solidaria, “pero nos encontramos con gente como Trump que está haciendo un muro. Yo estuve también en Grecia y en Londres. Estuve en los campamentos de refugiados en Grecia, de niños y niñas que son víctimas de la guerra, que perdieron a los padres. Qué va a pasar con esos niños. Los griegos lo están ayudando, tratando de enseñarles el griego y el inglés. Todo esto, las guerras de Medio Oriente, son el complejo militar e industrial y el mundo no puede ir por ahí. Tenemos que restablecer el equilibrio y repensar qué vamos a hacer en nuestros países.  Tratar de unir en la diversidad, si seguimos dividiéndonos, es la mejor forma de autodestruirnos”.

-¿Qué piensa acerca de la lucha de las mujeres y la manifestación a nivel mundial del 8M?

-Yo estuve acompañando la marcha, no en Buenos Aires esta vez, pero siempre acompaño. Me parece muy bien, la mujer ha conquistado espacios y el derecho y la igualdad es importante, terminar con la violencia. Para esto hace falta una educación distinta, educación sexual responsable tanto para hombres como mujeres. Ninguna mujer quiere abortar, es antinatural, pero sí tienen que haber una responsabilidad social y terminar con estos  abortos clandestinos. Dónde se va a encontrar el punto de equilibrio, para el respeto de la vida y del ser humano. La lucha de las mujeres es fantástica. Yo sigo enseñando en la Universidad de Buenos Aires,  todavía no me echaron, tengo 86 años, sigo enseñando y veo la cantidad de mujeres que han ingresado, el 70 por ciento son mujeres, es lógico que haya un reclamo, la vida está cambiando y tenemos que tener otra mirada y encontrar la capacidad de convivir en la diversidad”.

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora

Fotos: Gentileza Julián Villarraza