La tercera jornada del seminario “Usina de Letras”, que se desarrolla cada viernes en La Vieja Usina, contó esta vez con la presencia del escritor paranaense Ricardo Romero, que viene alternándose en los encuentros con otra escritora consagrada, Selva Almada. Aunque el próximo viernes ocurrirá el encuentro de ambos, en una jornada en la que habrá música, actuación y lectura colectiva de textos.

Esta vez, Romero, que vive en Buenos Aires y es editor, atravesó los distintos estilos y las divisiones canónicas que atraviesan a la literatura argentina. Y calibró junto a los asistentes el alcance de una definición: los libros que han marcado una determinada etapa de la vida del lector. “Hay textos escritos para ser leídos una vez, como ´Rayuela´. Son textos a los que rara vez volvemos a leer. Cuando la experiencia de lectura es intensa, es difícil volver a leerlos”, subrayó.

Pero, en cambio, puso el acento en otro tipo de lecturas, aquellas lecturas fundantes de la persona como lector, y  como lector de determinados autores. “Yo vuelvo a lecturas de Onetti, porque me afianza como lector”, apuntó.

Esas lecturas iniciáticas, sin embargo, difieren de cada lector, porque cada lector pondrá el acento en diferentes gustos literarios. Y sobre esa hipótesis, habló de las variadas corrientes de la lectura, posturas irreductibles, divisiones que se entablaron en el pasado. Algunos, devotos de  Julio Cortázar; otros, creyentes en el credo de César Aira.

Una puja que ahora no se ve tan claramente definida.

Romero arriesgó una definición: su falta de fe en aquello de que hay “literatura sin prejuicio”. Y dijo: “Me molesta mucho esa frase. ¿Qué es una literatura sin prejuicio? ¿Existe? La literatura es juiciosa, pero también siempre es terreno inexplorado, es un lugar en el que andamos a ciegas”.

De ese modo, tomó distancia de las categorías cerradas en literatura.

El de este viernes 11 fue un seminario rico en el intercambio, y aceitado en la disertación del escritor, que logró transcurrir las dos horas del encuentro en un espacio de descubrimiento y de nuevos avistajes en el terreno literario.

Confiado, amigado  con los asistentes, casi en confianza, arriesgó otra definición: Romero toma distancia de la denominada “literatura comprometida”. Y en ese colectivo ubicó al escritor comprometido con su tiempo por antonomasia como es Eduardo Galeano. “El escritor, si es inteligente, permanece distante de su tiempo, de su momento histórico.  También Cortázar se embarró en la coyuntura, en su momento histórico”, planteó.

“La literatura inteligente está puesta al servicio de la inteligencia, y no de la imaginación. Y la literatura debe estar puesta al servicio de la imaginación, pero no entendida como fantasía, sino como imaginación en la palabra, en la construcción de una frase. En esa magia”.

Se mostró Romero muy empático con Abelardo Castillo,  y en especial con uno de sus libros, “El que tiene sed”, texto al que ha vuelto más de una vez.  “Para mí ese libro es mucho más importante que ´Rayuela´, de Cortázar. Me gustó mucho volver a leer el libro de Castillo. Fue desmitificar la experiencia de volver a leer un libro.  Fue maravilloso. No siempre pasa, no siempre tiene por qué pasar. Está la posibilidad de cerrar el libro y devolverlo a la biblioteca si es que no nos pasa nada –observó–. Abelardo Castrillo fue un escritor muy comprometido con su realidad. Pero dijo que no creía en la escritura comprometida. Que cuando un escritor quiere transmitir sus compromiso, falla, y queda cerca del panfleto”.

Entonces, desembocó en la crítica a un indiscutible:  Eduardo Galeano.

“Galeano tiene una literatura panfletaria y demagógica, que a mí me aleja. No es una literatura que me convoque demasiado. Este tipo de autores  ponen por delante su compromiso al momento de escribir.  Lo más maravilloso de un texto  es que nos deje pensando en cosas sin que sepamos que estamos pensando. Que deje algo activado con un grado de profundidad que no se da en los textos explosivos, de momento”, sostuvo.

Pero más allá de esas observaciones, dejó en claro que “la literatura argentina es hermosa, y hay mucho por descubrir. Nada se agota en Arlt, Aira o Piglia”.

Para el final, abrió el juego a otra discusión: “Estos son mis prejuicios en literatura. No tienen por qué ser los de ustedes. Pero voy a defender mis prejuicios en literatura”.

El próximo viernes, Ricardo Romero y Selva Almada estarán juntos en Paraná, en el seminario “Usina de Letras”. Al término de esa cuarta jornada del seminario, habrá lecturas para todo público en La Vieja Usina.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.