Desde hace ya algún tiempo, un par de veces al año, en fechas vinculadas de algún modo al oficio, participo de alguna actividad en casas de estudios donde se forman futuros periodistas, locutores, comunicadores. Tiene que ver, en parte, con un tema generacional: tengo más o menos la edad de los que hoy son docentes o directivos de esas instituciones. Nos conocemos.

El tema, generalmente, es el periodismo y mi intención en la visita es tratar de no aburrir y, en lo posible, contagiar alguna sensación positiva y sobre todo ganas de hacer. No siempre me sale.

Hace poco tuve dos de esas invitaciones. Vi muchos estudiantes. Mi análisis, con ánimo de alentar a los futuros profesionales, es que si bien los medios tradicionales hacen agua y generan menos empleo que antes, lo bueno del caso es que ahora no hay que andar esperando que vengan a ofrecerte la oportunidad, porque las herramientas están ahí.

Otra buena digo: si bien los medios están jodidos, la comunicación es cada vez menos un área como cualquier otra que una necesidad primordial. Y es así tanto para empresas, como instituciones y ONGs. Hay mucho por hacer. Ese es el panorama que veo y cuento.

Pero hay otra parte.

En Paraná, entre la Facultad de Comunicación Social, ETER y la Escuela de Periodismo Deportivo, cada año egresan unos 70 profesionales, de diferentes características y competencias, pero todos en perfectas condiciones de, por ejemplo, incorporarse a medios de comunicación.

Si miramos los medios tradicionales tenemos que decir, por caso, que 70 profesionales por año es mucha mano de obra para una ciudad que escucha en mayor medida lo que transmiten radios de la Ciudad de Buenos Aires.

Y el problema no es que egresen 70 profesionales por año, sino que las radios más escuchadas y de mayor venta en Paraná sean pingües negocios de empresarios que apuestan a la debilidad cultural que nos abraza fuerte y caluroso como un oso.

En Paraná es mucho más fácil saber el estado del tránsito en la Panamericana que si arreglaron o no un bache en calle Fraternidad. Peor aún: estamos mucho más al tanto de las causas contra Julio De Vido o Amado Boudou que de lo lento que se avanza aquí en los asuntos pendientes que dejó el gobierno de Sergio Urribarri y la Justicia investiga.

Radio Mitre, La 100, Radio con Vos, Mega, Metro. Ufff. Son muchas. Hasta radios tradicionales de la ciudad han resuelto retransmitir emisoras porteñas. Es barato, es fácil y se vende mejor.

Sin ir más lejos, el concordiense Marcelo Pereyra se ha constituido en el empresario de medios más importante de la capital entrerriana. Maneja seis radios FM y las dos de mayor audiencia: Mitre Paraná y la Cien. Además, ya tenía Mega (102.3) y Vale (90.9), pero hace poco le agregó dos frecuencias más a su pool de medios: una de ellas se la compró a un testaferro del exministro, Pedro Báez.

Pereyra gana bien con la poca identificación de la capital entrerriana con las propuestas locales. Y genera muy poco empleo. Tiene seis radios y no da trabajo en una ciudad donde egresan 70 profesionales de la comunicación por año.

Los principales militantes de la ley de medios, como los aliados de Báez, salieron a la calle con los dientes apretados a defender la normativa que el Gobierno de Cambiemos dejó sin efecto. Sin embargo durante cuatro años no hicieron nada por hacer cumplir la ley aquí y garantizar contenidos locales en medios como los de Pereyra. Por el contrario, durante esos años creció de modo notable el negocio de retrasmitir radios porteñas.

El problema, claro, no es el buen olfato de los empresarios de medios que evitan pagar sueldos. Es en buena medida el circuito comercial y empresarial de Paraná que invierte lo poco que dispone para publicidad en sostener una programación que baja de Buenos Aires como si fuera lo más natural y corriente. No se trata de postular una idea berreta de compre local, sino de pensar un poco y ver qué estamos haciendo.

Salvo excepciones –con dependencia estatal- no hay en la ciudad radios que puedan sostener una programación propia, con estructura informativa y desarrollo de una idea comunicacional. Es decir, faltan iniciativas privadas que ponga en valor la mirada de lo que sucede aquí, encarnada en los profesionales que se forman y surgen aquí.

Es raro. Por radio oímos con mucha más fuerza los debates más enardecidos y más zonzos que transcurren en esa esfera intangible que sucede en otra parte, que las argumentaciones de temas polémicos que trascurren entre nosotros, ya sea en debates por el Jardín Botánico, el Parque Nuevo o por las escuelas fumigadas con agrotóxicos.

¿Nos parecen aburridos los temas locales? ¿Los medios de aquí no saben hacer radio o no saben vender publicidad? ¿Las empresas creen que es más cool salir en la tanda después de Longobardi o Bebe Contemponi?¿No queremos saber qué pasa acá?¿Acá no pasa nada que valga la pena ser contado?¿Los empresarios de medios no saben de medios? ¿Al Estado no le importa que se transmite por radio todos los días lo que pasa en Buenos Aires?¿Hay una forma más tangible de centralismo que ésta a la que estamos habituados como si tal cosa?

Estas son algunas de las preguntas que me quedaron afuera en los dos encuentros que tuvimos con los estudiantes. Las escribo ahora, las dejo leudar un rato y ya prendo la radio porque a la noche, en Vorterix, está Delicias de un charlatán y me gusta que suene de fondo.

Julián Stoppello

De Redacción de Entre Ríos Ahora