A horas del inicio del juicio oral al cura Justo José Ilarraz -será el lunes próximo, a las 9, en los Tribunales de Paraná- el arzobispo Juan Alberto Puiggari dio a conocer hoy, sorpresivamente, un comunicado en el que desliga a toda la cúpula eclesiástica por el silenciamiento que tuvieron los delitos que se le imputan al sacerdote, que recién salieron a la luz pública en septiembre de 2012, tras su publicación en la revista “Análisis”.

El pronunciamiento de la curia, que lleva por título “La Iglesia: por la verdad, la justicia y la prevención”, dice que ante el inicio del juicio a Ilarraz “que evaluará las acciones llevadas a cabo por un sacerdote, en momentos en los cuales se desempeñaba en el ámbito de esta Arquidiócesis de Paraná, deseamos dar a conocer nuestra posición al respecto”.

Desde el vamos, deslinda cualquier responsabilidad de la cúpula de la Iglesia. En 1995, el propio Puiggari puso al corriente al entonces arzobispo Estanislao Karlic de las denuncias de tres víctimas, que contaron de los abusos de Ilarraz mientras fue prefecto de disciplina en el Seminario Arquidiocesano de Paraná, entre 1985 y 1993. Al año siguiente, 1996, Karlic cerró el proceso con la sanción del destierro y la recomendación de que Ilarraz fuera a una casa religiosa a un retiro espiritual.

En su declaración indagatoria, Ilarraz desmintió a Karlic. Y negó haber reconocido los abusos ante él, y menos aún haberle pedido perdón, como el ahora cardenal declaró por escrito.

La investigación interna de la Iglesia -se les hizo jurar a las víctimas decir la verdad y guardar silencio- fue guardada luego en el archivo secreto de la curia,y sólo vio la luz sólo cuando cuando la Justicia la pidió. De modo que desde 1995, la Iglesia supo de los delitos de abuso y jamás puso al corriente de la Justicia de lo que había ocurrido con Ilarraz en el Seminario, donde Puiggari llegó a ejercer como superior.

“El abuso sexual es un hecho aberrante que genera nuestro absoluto y total repudio. En tal sentido, rechazamos de manera terminante este delito cometido contra menores, el cual debe ser juzgado tanto por la justicia estatal como por la justicia canónica, en la búsqueda del completo conocimiento de la verdad y la aplicación de justicia”, dice el comunicado de la Iglesia.

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Y agrega: “Lamentamos profundamente el dolor y el sufrimiento padecido por las víctimas, sus familiares y allegados, quienes deben saber que siempre estamos dispuestos a acompañarlos solidariamente y brindarles nuestra contención pastoral, consuelo y oración en el proceso de la sanación de sus heridas. Durante todo este tiempo, transitamos un camino que se inició con la sorpresa, el desconcierto y el dolor, al tomar conocimiento de la situación planteada. No estábamos preparados. No supimos cómo abordar el problema y actuar de una manera completa, o lo que hicimos resultó insuficiente. Por esto, pedimos perdón, por no saber cómo”.

El caso Ilarraz se conoció a través de la revista “Análisis” el jueves 13 de septiembre de 2012 -antes, en 2010, un grupo de sacerdotes le había solicitado al por entonces arzobispo Mario Maulión que lo denunciara al cura y lo apartara del clero, pero no tuvieron ningún tipo de respuesta-, y al día siguiente, viernes 14, Puiggari reunió a todo el clero en el Centro Mariápolis El Salvador, del Brete. De ese cónclave participó Karlic: allí hubo una fuerte discusión y un reproche directo del cura Leonardo Tovar hacia las autoridades de la Iglesia por no haber denunciado jamás los hechos en la Justicia.

Fue entonces cuando internamente las autoridades eclesiásticas reconocieron la existencia de los abusos.

Pero Puiggari pone el punto de inicio de todo en 2012. No hace mención a los testimonios encontrados que brindaron en la Justicia, ni los olvidos en los que incurrieron.

“Se inició luego un largo proceso de reflexión, de entendimiento, de aceptación interior, de conocimiento y de acción. Hubo una evolución trascendente en nuestra forma de pensar y de actuar desde aquel entonces. A partir de esa transformación, generamos lineamientos internos y ámbitos para tratar estos temas, para prevenir la ocurrencia de situaciones similares y para proteger y acompañar a quienes resultaron afectados. Hoy contamos con directivas precisas de actuación que educan y guían sobre el correcto proceder en cualquier momento. También se establecieron mecanismos de escucha activa, de promoción de ambientes seguros y de divulgación de carácter formativo”, dice el texto que dio a conocer este jueves.

Se refiere, claro, al último “protocolo” de actuación que aprobó Puiggari para casos de pederastia dentro del clero, aprobado sorpresivamente a días del inicio del juicio a Ilarraz, y que ya ha sido tildado de inconstitucional.

“Siempre colaboramos con la justicia. Aportamos toda la información que conocíamos -se nos solicitara o no-, y concurrimos cada vez que se nos convocó -agrega-. También se aplicaron todas las iniciativas previstas en la justicia canónica, estableciéndose distintas instancias, que aún no concluyeron. En sucesos posteriores ejercimos una rápida acción de control y apartamiento de funciones de las personas involucradas; incluso, se efectuó la inmediata denuncia ante la justicia estatal”.

El documento agrega que más allá “del resultado final que tenga este proceso, somos conscientes de las derivaciones del mismo y sus efectos en las víctimas, sus familias y la comunidad. También lo necesaria y reparadora que resulta la expresión cabal de la verdad y la justicia”.
De la Redacción de Entre Ríos AHora