La declaración del actual arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, ante la Justicia, en respuesta a los pliegos de preguntas del Ministerio Público Fiscal, la querella y la defensa en el juicio al cura Justo José Ilarraz por los abusos en el Seminario Arquidicesano es una sucesión de desmentidas a los distintos testigos, y abre una incógnita sobre el rol que cumplió: ¿por qué no denunció en la Justicia?

Puiggari y el ahora cardenal Estanislao Karlic se resguardaron en las prerrogativas que les otorga el Código Procesal Penal, y no asistieron a las audiencias: declararon por escrito.

Puiggari dice que tomó conocimiento de los abusos “entre fines de 1994 y comienzos de 1995”, y niega haberse enterado antes. Una vez que lo supo, inició una rara tarea en el Seminario.

“Luego de tomar conocimiento de lo ocurrido, inmediatamente se lo comuniqué al Arzobispo de Paraná, y comencé a solicitar testimonios por escrito de los seminaristas sobre hechos o conductas extrañas o fuera de lugar que hubieran percibido y que estuvieran relacionadas con el Pbro. Ilarraz, con el fin de recolectar elementos para iniciar una investigación canónica. Esta investigación comenzó efectivamente en 1995. Durante la misma se recabaron las denuncias de otras dos víctimas -en total, tres, dice, NdelR-, una de las cuales no estaba ya en el Seminario”.

¿Quién le encomendó esa pesquisa entre los seminaristas? ¿Con qué resguardo legal los seminaristas contaron sus vivencias con Ilarraz, algunas verdaderamente traumáticas? ¿Por qué no comunicó a algún defensor de menores antes de empezar la toma de testimonios frente a un eventual delito? Ninguna de esas respuestas están en la declaración de Puiggari.

Uno de los que escribió, a pedido de Puiggari, una nota relatando lo que sabía de Ilarraz mucho antes de 1994/1995 fue el ahora psicólogo Sebastián Martínez, testigo en el juicio a Ilarraz.

Puiggari, claro, lo desmiente. “No recuerdo su el Sr. Sebastián Alberto Martínez realizó alguna manifestación, no obrando en mi poder ningún escrito donde el precitado relatara sus experiencias vividas”, dice en su respuesta a la pregunta número 19 de los fiscales Álvaro Piérola y Juan Francisco Ramírez Montrull.

El arzobispo niega todo lo que lo compromete. Así, dice. “No es verdad que en 1989 José Antonio Riquelme -una de las siete víctimas de los abusos que llevó a Ilarraz al banquillo- me hubiera informado de los abusos sexuales cometidos contra su persona por el Pbro. Ilarraz. De haberlo hecho, sin duda lo recordaría”, asegura Puiggari. Raro: con Martínez dice que “no recuerda”; con Riquelme afirma que de haber sucedido “lo recordaría”.

El arzobispo asevera que no bien se enteró de los abusos, de boca del sobreviviente Hernán Rausch, que primero pidió auxilio al ahora sacerdote Pedro Barzán -Barzán fue quien lo contactó con Puiggari- empezó su tarea de pesquisa, aunque no aclara con qué fin: sólo se ocupa de aclarar que no fue antes de 1995. “De ninguna manera solicité esos informes antes de 1995, ya que recién en esa fecha o a fines de 1994 recibí el primer testimonio y a partir de allí comencé a recolectar toda la información posible”, apunta.

Los fiscales le preguntaron a Puiggari por una carta que el arzobispo le envió a Ilarraz a Roma en 1993 tras su repentina salida del Seminario. “No sé bien los motivos, respeto tu silencio, pero quiero que sepas que me extrañó cómo sucedió todo”, le dice.  Al explicar los por qué de esa misiva, dijo que la escribió porque se fue a Europa “sin aceptar una despedida formal”, y que “no tiene vinculación alguna” con los abusos.

Después, vuelve a desmentir. “No es cierto que en el año 1992 hubieran concurrido el seminarista Barzán y Hernán René Rausch y me hayan referido a conductas impropias llevadas a cabo por el Pbro. Ilarraz contra este último”, responde Puiggari.

Después, responde a la declaración de Pedro Barzán en el juicio diocesano, el 28 de julio de 1995, y responde a algo que Barzán jamás dijo. Puiggari aclaró “que la mencionada comunicación a mi persona ocurrió recién en 1995 o a lo sumo a fines de 1994”.

Aún cando esté en tela de juicio cuándo efectivamente se enteró Puiggari de los abusos en el Seminario, ¿por qué no denunció los delitos en la Justicia? “Desde 1995, más de una vez sugería a una de las víctimas la conveniencia de enterar a su madre de lo ocurrido, ante lo cual me expresó que no lo hiciera porque su madre tenía mucha estima al Pbro. Ilarraz y una noticia de ese tipo podría afectar su salud”, respondió el arzobispo a la pregunta número 12 de los querellantes Milton Urrutia y María Alejandra Pérez.

A la pregunta 16, responde el arzobispo: “No se denunciaron a la Justicia porque en ese momento los criterios de actuación eran fundamentalmente el cuidado y la preservación de la identidad de las víctimas. Además, en el momento en que las tres personas comunicaron los hechos en 1995, tenían 18 años o más de edad, teniendo plena capacidad para realizar la denuncia por sí mismos”.

Extrañamente, Puiggari cita al abogado Jorge Beades, y dice que en 2012 “durante la instrucción de la presente causa (en la Justicia) se le pidió asesoramiento para responder lo requerido por el juez (Alejandro) Grippo -el primer magistrado que tramitó la causa Ilarraz, NdelR-“, aunque no especifica en qué asesoró.

El ahora cardenal Estanislao Karlic investigó y condenó, en 1996, a Ilarraz; Puiggari fue quien primero se enteró de los abuso, circa 1994; ¿y el emérito Mario Maulión, que gobernó la Iglesia de Paraná después de Karlic y antes de Puiggari?

El arzobispo dice que lo anotició, pero de un modo particular. Cuando asumió Maulión, “yo ya había sido nombrado obispo de Mar del Plata, aunque todavía no había tomado posesión. Canónicamente cuando uno es nombrado, cesa automáticamente de tener jurisdicción en la diócesis anterior, o sea Paraná. Por lo mismo, no me correspondía darle el traspaso (a Maulión), no obstante porque él me pidió que lo ayudara unos días antes de irme, le comenté algunos temas pendientes y le mencioné que en el archivo había un legajo sobre Ilarraz que convenía que lo viera”.

Maulión no puede contradecirlo ni responderle. No pudo ser citado en el juicio a Ilarraz porque está en Rosario, responiéndose de un accidente cerebro vascular (ACV).

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.