Todos los viernes toca el piano en su iglesia, como uno más. Cree profundamente en Dios, y está convencido de que en cada gesto, cada acto, cada movimiento que todos damos en la vida hay algo de una voluntad que no es de este mundo.

Se llama Yamil Ponce, es entrerriano –nació en Villa Libertador San Martín, en el departamento Diamante- pero acá sólo vivió cuando nació, un puñado de años, se mudó a San Nicolas con sus padres, y volvió siendo adolescente, con 16 años, y a los 16 años para iniciar ya la carrera de medicina en la Universidad Adventista del Plata. Su padre y su madre todavía viven en “la Villa”.

Es extremadamente amable y gentil cuando lo llama un extraño, y cuando se despide lo hace con una frase muy cercana: “Te mando un beso”. La ministra de Salud de Entre Ríos, Sonia Veláquez, lo llamó días después de que su nombre, el nombre de Yamil Ponce, ganara todos los titulares de los diarios. La ministra no pudo salir de su perplejidad cuando el médico le respondió el llamado: “¿Vos me estás llamando a mí? Pero vos sos la ministra. Aunque te digo algo: yo al igual que vos soy un defensor del hospital público”.

Yamil Ponce pudo concluir su carrera en la Universidad Adventista sin tropezar ningún año, sin adeudar ninguna material. A los 23 años consiguió el título de médico generalista, y se marchó a San Nicolás y después a Buenos Aires, donde se especializó en cirugía. Trabaja en un Hospital Público, el Argerich, todos los viernes, y ha sido tentado de distintas partes del mundo para mudarse de país y seguir su carrera en el exterior. Ha dicho que no. Sólo aceptó aportar sus conocimientos para una línea de investigación que financia Qatar. “En el país no pueden financiar la investigación que quiero desarrollar, así que acepté financiamiento de afuera”, explica.

Su nombre supo ser tapa de las revistas del corazón: se lo vio muy cerca de Victoria Xipolitaxis, y Moria Casán suele postear en las redes fotos junto al médico. Tiene, claro, un costado fashionista: sube continuamente fotos a su cuenta de Twitter donde se lo ve en fiestas de la farándula, en el gimnasio, en la sala de operaciones. Yamil Ponce es, ante todo, cirujano. Y es el cirujano que le salvó la vida al turista estadounidense  Joe Wolek, atacado por dos ladrones en La Boca a comienzos de diciembre, que le asestaron 10 puñadas, dos en el corazón.

Wolek, fotógrafo y artista conceptual que vive en Los Angeles, fue asaltado y atacado el viernes 8 de diciembre mientras caminaba por La Boca y sacaba fotos. Dos ladrones le robaron la cámara y uno de ellos le dio 10 puñaladas, que le provocaron dos orificios en el corazón, otros dos de cada lado del pulmón y seis más por otras partes de su cuerpo. Las manos del cirujano Yamil Ponce hicieron el “milagro” de salvarle la vida.

“La supervivencia de Joe es nada menos que un milagro”, dijo Ponce. Y después posteó en su Facebook: “Sólo puedo decir una vez más gracias a Dios por tu bendición”.

¿Quién es este médico del milagro?

“Cada vez que alguien pregunta ´de dónde sos´, digo automáticamente: ´Soy de Entre Ríos”.

Del otro lado de la línea, Yamil Ponce suena con una voz limpia, quieta, cercana.

Efectivamente nació en Villa Libertador San Martín y allí se graduó como médico generalista a los 23 años, pero toda su carrera la desarrolló entre San Nicolas y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es, además, miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y ahora, siendo cirujano cardiovascular, dice que antes de cada intervención encomienda su tarea a Dios.

Después del título de médico generalista fue por el de cirujano general, y después, cirujano cardiovascular, especializado en el sistema cardiovascular periférico y central. Además, es docente: dirige el curso de Ecodoppler en la Sociedad Argentina de Ecografía.

Ahora está especializado en cirugía trauma cardíacas: o sea, en intervenir en heridas que se producen en un órgano hipersensible como es el corazón. “Son cirugías que tienen a nivel mundial muy poca chance de que el paciente sobreviva. Yo trabajo los viernes en el Argerich. En los últimos dos años, operé cinco pacientes con ese tipo de traumas, y los cinco sobrevivieron. Entonces, la gente se entusiasma y cree que vamos a hacer otra vez la hazaña, que se va a repetir. Hasta ahora, lo hemos logrado”, dice, en tercera persona.

El caso del turista estadounidense Joe Wolek, con dos orificios en el corazón, fue uno de esos casos particularísimos. “Si bien una cirugía por un orificio en el corazón es extremadamente gravísima, en este caso tenía dos orificios en el corazón y dos más en la región torácica, más otras seis en distintas partes del cuerpo, de menor gravedad. El pronóstico de vida que tenía era muy desalentador. Pero afortunadamente todo salió bien. Practicar este tipo de cirugía, y que en tres semanas el paciente se vaya caminando,  que se pare en la puerta del hospital a hablar con los medios, con 40 grados, nos llenó de orgullo como argentinos”, cuenta el médico.

Dice que su técnica es innovadora, que debería ser incorporada por otros cirujanos y que en esa batalla está ahora. “Yo, particularmente, estoy haciendo un poquito de diferencia. Mi técnica es diferente a la que cuentan los libros. Estoy innovando, y me doy cuenta de que es mejor para poder llevar a cabo este tipo de cirugías. Lucho para que todos los cirujanos cambiemos algunas técnicas básicas, que durante años hemos predicado. Ahora deberíamos cambiar y practicar estas técnicas que nos ha llevado a muchos éxitos”, asegura.

Mientras, sigue escuchando ofertas para mudarse a trabajar al exterior, Estados Unidos fundamentalmente. De momento, las desecha. “Iría a Estados Unidos solamente para hablar en algún congreso, como de hecho ya lo hice –dice-. Pero yo quiero quedarme en la Argentina”.

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.