Desde aquí, Buenos Aires, el mítico Conurbano, nos parece el paisaje de una historia de miedo y disparos. Asistimos al suspenso de una trama que se cuenta en la pantalla a través de la indignación de los afectados y los programas que nacen de las cámaras de seguridad. De los 90´ hasta hoy la sensación de inseguridad creció tanto que tapó las narrativas anteriores acerca del máximo aglomerado urbano del país.

 

Desde aquí, Rosario, los Monos, los narcos, nos parece una película de mafias que dan en el cine, sobre una ciudad bonita y socialista, pero sitiada por los negocios ilegales, los quioscos en cualquier parte y el pedido de una avalancha de gendarmes.

Desde aquí, Formosa, Santiago del Estero, Chaco nos parecen lugares lejanos y arrasados por una pobreza estructural y añeja, que se profundiza con prácticas feudales. Corrientes tampoco está cerca, aunque se encuentre al lado, menos ahora que se ven lazos entre política y narcotráfico.

 

Desde aquí, ese pedazo del sur que solamente tiene empleo público mal pago para ofrecer a sus ciudadanos, nos parece en plena decadencia y sin resolución rápida ante la falta de alternativas productivas reales.

 

En comparación, estamos bien.

 

Salvo que aquí venimos de dos gestiones de práctica feudal tan afinada que los candidatos del partido oficial los definía el gobernador por sorteo. Salvo que aquí buena parte de la población depende del empleo público y que este viernes, sin ir más lejos, hay una marcha en Concordia de vecinos que reclaman porque observan que el narcotráfico se adueñó de la ciudad. Y hay muertes y tienen miedo.

Estaríamos mejor, pero en realidad los narcos acá también andan cerca del poder, tanto que el chofer del exgobernador Urribarri sigue preso por llevar un cargamento de cocaína en el auto y si bien hay decenas de testimonios por una mesa de dinero que funcionó en el senado entrerriano, no hay una investigación, ni denuncia, ni nada.

 

La peor parte, de nuestro esquema, se confirmó este miércoles aunque es algo que sabemos desde hace rato: Concordia sigue al tope entre las ciudades más pobres del país. Está Santiago del Estero y después viene Concordia, que en promedio tienen poco menos de 10% más de pobres que el catastrófico Conurbano.

 

¿Quién da una respuesta por Concordia?

 

El peronismo ha gobernado allí todos los años de democracia desde 1983. Y tres de los últimos cinco gobernadores entrerrianos provienen de ahí: Jorge Busti, Sergio Urribarri y Gustavo Bordet. Qué hicieron con Concordia. Qué hizo el peronismo.

 

Si el radicalismo cada vez que se sienta a un debate tiene que hablar de los federales de Montiel y está bien que así sea, por qué el peronismo cuando asiste a la misma mesa no explica el 43% de pobres que tiene en la ciudad que gobernó siempre.

 

En cada proceso interno que vive el PJ, la vieja capital del citrus resuelve las cuestiones más importantes, los primeros lugares, los candidatos ganadores. Y lo hace en virtud de la extraordinaria ventaja electoral que obtiene el peronismo en esa ciudad. Ahora, esa ventaja ¿de dónde viene y cómo crece?

 

¿Concordia es el motor, es la mente, es el corazón de la política entrerriana? Algo de eso, seguro, pero si luego de un período de 34 años gobernado por el mismo partido, ese lugar está arrasado por la pobreza, cuál es el horizonte de Entre Ríos.

Algún día tienen que explicar qué hicieron con Concordia. Si se trata de un fenómeno político, de un destino maldito, si hay razones de estructura económica. Qué pasó.

Que lo cuenten, lo expliquen, lo definan, lo inventen, pero algo tiene que decir al respecto. Y no solo eso. Además, tiene que contar hoy de qué modo van a cambiar la dinámica y la estructura de la ciudad, porque fueron elegidos una vez más y tienen la obligación de explicar de que modo van a sacar no ya a Concordia de una nómina funesta, sino a miles de entrerrianos de la dependencia, la pobreza y la carencia permanente y naturalizada.

 

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora