Después de cinco días de búsqueda, los trabajos de rastrillaje en la Estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá, ingresarán en un compás de espera desde este jueves, al aguardo  de que el Poder Judicial habilite el trámite de ampliación presupuestaria y defina si continúa la empresa que inició la tarea el lunes 5, Natalio Giménez, o llama a concurso de precios para que se presenten nuevos oferentes para continuar con las tareas de rastrillaje en busca de los restos de la familia Gill, cuyo rastro se perdió en el verano de 2002.

Este miércoles concluyó la inspección de un pozo de agua –el primero de los sitios que identificó el testigo Armando Nanni- y se hallaron nuevos restos óseos, que se sumaron a los ya encontrados y que fueron descartados por el forense Luis Moyano: pertenecen a animales y no a seres humanos. El otro punto, un arroyo, con un tramo de unos 20 metros que está seco en su cauce, sólo fue inspeccionado por personal de la Policía, pero una primera evaluación determinaría que allí se necesitará otro tipo de tarea de búsqueda, distinta de la contratada.

Hasta ahora, los trabajos de búsqueda se concentraron entre el lunes 5 y el jueves 8 -el viernes llovió- y continuaron este miércoles, después del feriado de carnaval.

“Vamos a tener una demora en la segunda etapa. Y por la labor que hay que hacer, que es diferente a la simple inspección de un pozo, vamos a tener que pedir una ampliación presupuestaria en el Poder Judicial, y eso, nos va a llevar algo de tiempo. Ahora ya no depende de nosotros ni de la empresa encargada de los trabajos. El Poder Judicial tiene que determinar, en base a las normas administrativas, si hay ampliación de presupuesto para que siga la misma empresa, o habrá que realizar un cotejo de precios y que haya nuevos oferentes”, contó el juez Gustavo Acosta, titular del Juzgado de Garantías de Nogoyá, a cargo de la causa Gill.

-¿Por qué la ampliación de presupuesto?

-Porque lo que hay que hacer es otro tipo de trabajo, diferente al que veníamos haciendo. En realidad, ya no se trata de inspeccionar un pozo de agua, como lo que hicimos hasta ahora. De lo que se trata es de realizar pequeñas perforaciones parciales en el lecho del arroyo para determinar dónde está el pozo que nos señaló Nanni. Tenemos que buscar en el lugar en qué sitio está ese pozo grande que nos indica Nanni. Es un trabajo diferente al originalmente planificado, que era vaciamiento de dos pozos. Ahora, tenemos que encontrar el segundo pozo. Esta nueva situación yo la tengo que plantear ante el Superior (Tribunal de  Justicia), y justificarlo. Y me tienen que aprobar el gasto.

-¿O sea que la segunda etapa requiere otro tipo de trabajo?

-Claro, porque no es que hay un pozo a inspeccionar, sino que hay que hacer una serie de perforaciones pequeñas para dar con el pozo principal. O sea, ese rastrillaje nos permitirá ubicar el lugar del pozo, y ahí, sí, empezar con la excavación principal. Y eso es un trabajo distinto, con otro costo.

-¿Cuál fue el costo del primer trabajo contratado?

-Aproximadamente 50 mil pesos. Es un trabajo muy complejo, con mucha gente, y varias horas en medio de un campo.

La búsqueda tiene su epicentro en la Estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, un campo que fue propiedad de Alfonso Goette, muerto en 2016, en un accidente de tránsito, y que ahora sus familiares arriendan para la siembra de soja.

Los sitios de búsqueda fueron señalados por el testigo Armando Nanni, un contratista rural que supo trabajar para Goette pero que nunca se había atrevido a hablar por “miedo”, según le confesó al juez Acosta. Como fuere, Nanni dice haber visto a Rubén “Mencho” Gill, jefe de la familia desaparecida, cavar dos pozos días antes de la misteriosa pérdida de todo rastro.

Rubén Gill y su familia estuvieron en el velorio de un amigo suyo el 13 de enero de 2002 en Viale. Esa noche volvieron al campo en el que vivían, la Estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, donde el hombre trabajaba como peón. Fue la última vez que los vieron. Dieciséis años después, nada se sabe de Gill y su familia. Nada se sabe nada de Rubén “Mencho” Gill, entonces de 55 años de edad, su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2. Sus cosas quedaron allí, nadie los vio irse y nunca se encontraron los cuerpos. La investigación está, como la historia de esta familia, detenida en el tiempo y todavía conserva la carátula de “averiguación de paradero”.

Entre 2002 y 2018 nada se ha sabido de los Gill. Hasta hora, que se abrió una pista

Fuente: El Diario.