Elías –el nombre es ficticio porque pide que se preserve su nombre— habla con voz pausada y serena. Está parado a la sombra de la Plaza Constitución, frente a los tribunales de Gualeguay. Tiene 22 años, cursa el segundo año en una escuela secundaria de adultos en Lucas González y alguna vez formó parte del coro de la parroquia San Lucas Evangelista.

A Elías le gusta la música, toca la guitarra, tuvo un grupo de cumbia y tocó en otro de  folclore, y entonces no le costó, ni poco ni demasiado, sumar su oficio para musicalizar las misas en el pueblo. Llegó a tocar dos veces. La tercera vez le dijeron por whatsapp que ya no. Que cualquier cosa le avisaban. Nunca le avisaron.

Después, Elías se enteró que lo habían apartado por haber brindado su testimonio en la causa penal que le siguen al cura Juan Diego Escobar Gaviria por abusos a menores. Elías no se quedó con el bisbiseo y quiso que alguien le explicara con certeza los motivos. Fue donde el actual párroco de Lucas González, Javier Balcar. Lo encontró en el confesionario, de modo que fue ahí: en plan de confesión, pero no a confesarse, sino a preguntarle por qué lo habían apartado del coro.

–Mirá, yo no decido solo las cosas. Tendríamos que hablarlo con el otro cura.

–Bueno, me quedo después de misa y lo hablamos.

–No, mejor otro día, porque se va a hacer tarde.

El cura Balcar nunca le explicó a Elías por qué lo echaron del coro. Nunca volvió al coro, pero sigue yendo a misa.

La Iglesia de Entre Ríos tiene gestos poco evangélicos frente a los casos de pedofilia: responde, ora con torpeza, ora con fanatismo, y en ocasiones, oculta, soslaya, encubre.

El grupo de señoras que desde el lunes ha hecho pie en Gualeguay para apoyar al cura Escobar Gaviria –un acompañamiento de monjas de clausura: no hablan con nadie, sólo exhiben pancartas de apoyo—muestra el costado más bizarro de esta sinrazón. “P. Juan Diego. La virgen te cubra con su manto”, dice uno de esos carteles que se exhiben frente a Tribunales.

A ese grupo llegó el único miembro del clero que se atrevió a mostrarse por aquí, el rosarino Leovigildo Escorcia, incardinado en la diócesis de Paraná, y por tanto bajo la órbita del arzobispo Juan Alberto Puiggari, cabeza visible de la Cruzada del Espíritu Santo en la provincia. Llegó para echar bendiciones y rezos al grupo de señoras, y después huyó, literalmente, del asedio de los periodistas.

La jerarquía de la Iglesia Católica de Entre Ríos, no huye. No se muestra. No habla. Un psicoanalista diría  que apela a mecanismos de protección, como la negación.

Escobar Gaviria no existe. De Escobar Gaviria no se habla.

Un raro silencio.

El primer sacerdote del clero diocesano de Entre Ríos que enfrenta un proceso de juicio oral por causas de abuso ha quedado prácticamente abandonado a su suerte.

Sobre Escobar Gaviria sólo se pronunció públicamente el 31 de octubre de 2016, cuando el escándalo se hizo público. “Ante las versiones que involucran a un sacerdote que cumple tareas pastorales en nuestra Arquidiócesis, en relación al trato con menores, este arzobispado manifiesta:

1.- Apenas se conocieron dichas versiones, el pasado 27 de octubre, el arzobispo dio indicaciones para que den inicio las investigaciones preliminares, según lo expresa el Código de Derecho Canónico en el canon nº 1717, reguladas por las normas de Gravioribus Delictis.

2.- Como medida cautelar, el sacerdote involucrado, fue separado en esa fecha de la atención pastoral de la comunidad y se le ha impedido el ejercicio público del ministerio, según lo determina el Derecho Canónico, hasta que el proceso investigatorio culmine.

3.- Expresamos nuestra cercanía y disposición para acompañar a todos aquellos que podrían sentirse afectados por esta dolorosa situación, quienes cuentan con nuestra disponibilidad de escucha, oración, comprensión y afecto.

4.-Manifestamos nuestra determinación de actuar con firmeza ante situaciones similares que puedan afectar la integridad física y moral de los fieles en general, pero especialmente de los menores.

5.- Con esperanza, pedimos al Dios misericordioso el logro de la verdad y la justicia, y la sanación de las heridas y dolores ocasionados.”

La firmeza, de momento, no se ha visto; la cercanía con las víctimas, tampoco.

El juicio a Escobar Gaviria va por el segundo día, y la curia sigue en silencio.

¿Será su modo de expiar pecados, un sacrificio de días santos para espantar los propios demonios o la acostumbrada manía de no hablar de ciertas cosas?

Escobar Gaviria, mal que les pese a muchos, está ahí: sentado en el banquillo de los acusados.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.