Por Andrés Borgetto (*)

Hay un virulento debate que está transcurriendo por el tratamiento o no, de la desaparición de Santiago Maldonado, en las aulas.

No hace falta decir que, en nuestro oficio de docentes, la realidad del día a día, se nos mete, una y otra vez, en el tratamiento y transmisión de los contenidos. Según el nivel, ocurrió con la voladura de las Torres Gemelas, el carácter del gobierno de Montiel o la desaparición de Fernanda Aguirre, por decir algunos tópicos que traté en su momento.

Y hoy, con la desaparición del muchacho, es inevitable no hacerlo.

Tal vez, lo que se esté criticando sea la parcialidad y el sesgo con que algunas organizaciones, docentes y catedráticos hacen.

No sería un problema, si el debate es franco y abierto.

Lo controversial es cuando, como me dijo una estudiante de la facu, “se baja” una sola mirada –señalar con total seguridad la desaparición forzada de Maldonado mientras la investigación está en curso- y, por las prácticas autoritaritas que todavía persisten en la Academia, no puedan señalarse dudas, interrogantes u otros planteos frente al preocupante caso, que a todos nos tiene en vilo.

Si el debate y las distintas miradas no es posible, la manipulación y utilización política del caso, está a la vuelta de la esquina.

 

 

 

(*) Docente universitario.