Las máquinas, los vehículos y la gente ya se han ido de la Estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Allí, durante una semana, durante el lunes 5 y el jueves 8, y, después del feriado de carnaval, el miércoles 14, se llevó adelante un operativo de búsqueda de los restos de la familia Gill, desaparecida en el verano de 2002.

Dos eran los puntos de búsqueda, a partir de los datos que aportó a la Justicia Armando Nanni, un contratista rural que supo trabajar en ese campo propiedad de Alfonso Goette, muerto en 2016 en un accidente de tránsito. Nanni dijo haber visto a Rubén “Mencho” Gill cavando pozos días antes de la desaparición.

La hipótesis es macabra: ya muertos todos los integrantes de la familia Gill -Rubén “Mencho” Gill, entonces de 55 años de edad, su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2-, sus restos habrían sido enterrados en el mismo campo en el que trabajaban. ¿Quién los mató? ¿Quién ordenó, luego, enterrarlos ahí? Es un misterio que sigue a otro misterio: qué fue de los Gill.

El primer pozo de agua inspeccionado por la empresa Natalio Giménez, especialmente contratada por la Justicia para el rastrillaje en La Candelaria, no arrojó ningún resultado positivo. Los huesos que se fueron extrayendo fueron descartados por el forense Luis Moyano: pertenecían a restos de animales.

La atención, ahora, se concentró en el curso de un arroyo -también señalado por Nanni como probable sitio donde fueron a parar los Gill-, pero para ello será necesario replantear el trabajo de búsqueda, según precisó el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, y otro presupuesto, y para eso, primero, se debe obtener la aprobación del Poder Judicial.

La consecuencia es, entonces, la paralización de la búsqueda hasta que esa aprobación esté lista. De la Estancia La Candelaria ya se retiraron las máquinas y los obreros, y el campo sembrado con soja volvió a su rutina habitual. Lo último que se conoció es un informe producido por Bomberos que peritó el curso de agua y aportó un dato: el terreno ha sido removido con anterioridad lo cual hablaría de perforaciones previas.

Pero para dar con el pozo que podría contener los restos de los Gill se deberán hacer pequeñas perforaciones en el terreno -una especie de sondeo previo- que servirá para determinar en qué sitio encarar la búsqueda con más profundidad, dijo el juez Acosta. Pero para todo eso habrá que esperar la autorización del Poder Judicial de los nuevos costos que supondrá ese rastrillaje más amplio.

Ahora, hay un compás de espera, luego de la búsqueda que se inició por un dato que aportó Armando Nanni al juez Acosta. A partir de eso, el lunes 23 de octubre de 2017 hubo un allanamiento en el campo La Candelaria, cuyo casco principal está desocupado. Fue una primera inspección ocular de la Justicia.

La desaparición de los Gill es un misterio oscuro. El matrimonio se conoció en la estancia La Candelaria: allí, “Mencho” era peón, y Margarita Gallegos hacía tareas de limpieza en la casa. Ellos dos, más sus cuatro hijos desaparecieron sin dejar un solo rastro. Se los vio por última vez en el velatorio de Máximo Vega, un conocido de la ciudad de Viale, en enero de 2002.

A mediados de marzo de 2002, Otto Gill, hermano del “Mencho”, intentó comunicarse con ellos, pero no hubo respuesta. Luisa, otra hermana, viajó hasta Crucecitas Séptima. Allí el patrón Alfonso Goette le dijo que no sabía nada, y se radicó la exposición policial.

La causa fue caratulada al principio, por el juez de Instrucción Jorge Gallino, como Averiguación de paradero.

El primer allanamiento que ordenó fue 18 meses después, el 10 de julio de 2003. Otro fue sucesivamente postergado por “inclemencias climáticas”: del 29 de julio de 2003 se pasó al 5 de agosto, y se pospuso para el 13 del mismo mes.

 

Ahora, hay una última pista para seguir y echar luz sobre el misterio de los Gill.

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.