El jueves 29 del actual, a las 20,30, en la Sala 1 del Centro Cultural La Hendija, se presentará “Relatos entre dos ríos”, de Ana María Martínez y Felipe Nicolau.

ana

“Costó pero es un sueño más que alcanzamos”, dice Ana Martínez.
Juan Chuncho Eymann dice de la obra: “Los relatos rebeldes de las vivencias desde lo matinal de la memoria de Ana, como un imaginario diario íntimo, la conmovedora referencia a la crianza de Violeta, y las ficciones de Felipe, presente siempre en ambos autores el espíritu libertario y la preocupación por lo social, trascurren en el paisaje provinciano de ese “… abrazo de agua la nombra para siempre” –al decir de Mastronardi- el Río de los Pájaros y el Río Mar y la confluencia en ambos de los otros ríos internos, correntosos y fundantes del Polo y el Zurdo Martínez hacia Ana y de Tochi Eymann hacia Felipe, nos lleva a pensar en los misteriosos recodos y designios que traza la vida, desde el mismo día que ellos abrieran sus ojos, bajo el mismo sol y la misma luna para coronar lo que el Destino ha dispuesto calladamente para descubriros hoy, en la correntada, bajo el mismo sol y la misma luna”.
En el prólogo, Osvaldo Delmonte dice: “¿Cómo escribir el prólogo de dos libros que en realidad es uno? Como es una la vibración existencial entre Felipe y Ana. ¿Cómo negarme a escribir algo cuando paradójicamente uno no es poeta, ni escritor, ni novelista y tu nombre, en este caso el mío, no resuena en ningún ámbito con prestigio literario? Sin embargo Felipe y Ana me pidieron que diga algo, cuando ellos, sin dudas, bien podrían tener un importante nombre que prologue este libro tan esperado.
Teniendo estas excusas no pude negarme, impelido tal vez, por la hechicería misteriosa de la raíz charrúa de Ana o por resonancias de antiguos tipógrafos libertarios, que sin dudas corren por las venas de Felipe Nicolau. Lo cierto es que al leerlo quedé intensamente conmovido por la simpleza profunda de ambos. Relatos poéticos de una mujer que lucha, vive, denuncia y goza, hasta el último detalle, del siempre húmedo y palpitante territorio entrerriano, y ese amor inconmensurable por la bella Violeta, defendida a trompazos limpios, si es necesario, cuando su dignidad está peligrando.
Felipe te intriga y sorprende a la manera de un policial entrerriano, sus letras están inmersas en un paisaje entre rural y urbano bien reconocible por nosotros: boliches, casas y galpones, tan nuestros y litoraleños, como inesperados y mágicos sus mundos revelados.
Porque así es el mundo de Felipe y Ana, inesperado y mágico. Vale la pena contar que dos jóvenes y primerizas madres coincidieron en la madrugada del 13 de marzo de 1965 en Paraná con sus trabajos de parto, y ese mismo día, a la misma hora, en la misma clínica y en la misma sala nacieron ellos, Felipe y Ana. Cuenta una Tía que sus padres, el Zurdo y Baby, ambos bancarios y convencidos luchadores por un mañana igualitario (otra coincidencia), calmaban su ansiedad con una petaca provista por un cuñado y que mientras el papá de Felipe hacia flexiones en el marco de una puerta, el papá de Ana musicalizaba mentalmente la canción de cuna de Brahms, y seguramente también la de Linares. Estos padres llenarían sus existencias de música, poesía y palabras.
“La palabra en el aire cayó en el hueco de un tronco y se durmió. Esa noche heló. El invierno estaba instalado y parecía que duraría siempre. Congelada, casi muerta, se volvió invisible.”

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.