Por Ferny Kosiak (*)

A esta altura ya es de público conocimiento el material que se distribuyó a alumnos del Instituto Cristiano Evangélico Bautista, que denunció Análisis y que alcanzó estado viral en medios y redes sociales. También ya se sabe que el CGE calificó el material de “discriminatorio”. Ante la disyuntiva de posturas en torno a los límites y márgenes de una institución a la hora de transmitir sus valores religiosos y morales es imposible opinar porque cada uno se para en el extremo que le parezca. Sin embargo hay que prestar atención a cómo a través de un sistema de herramientas simbólicas se continúa legitimando un discurso biologicista en torno a “la homosexualidad”.

Que exista un documento que se distribuye entre adolescentes sobre “la homosexualidad” que incluya estudios de la década de los 50 y los 70 mínimamente debería de llamar la atención. Las fotocopias que se leyeron en estas clases habla de cómo un hombre homosexual posee un “padrón modal” que lo lleva a tener “1000 o más compañeros sexuales diferentes” en su vida; de que existen porcentajes inamovibles de homosexuales; y se insta a los jóvenes a que “No aceptes invitaciones para charlar en lugares donde estén solos y esto por un simple motivo: para evitar casos de seducción”.

Repito: no pienso hacer alusión a la perspectiva religiosa porque es algo que conozco desde que nací y porque me crié en un marco cristiano-evangélico-adventista entonces podría decir que las alusiones al Antiguo Testamento de las fotocopias distribuidas caen, teológicamente hablando, ante el versículo de “Dios es amor” del Nuevo Testamento. Pero esa es una discusión que en este momento no me interesa. Lo que sí me interesa es reflexionar acerca de la construcción vejatoria del cuerpo del homosexual. Distribuir fotocopias cuyo anclaje teórico son estudios de hace medio siglo es desconocer o ignorar los cambios paradigmáticos de las últimas décadas. Hablar de la “seducción” por parte de gays a puertas cerradas es pensar a esa persona desde el estereotipo de un animal encerrado, de un cuerpo biológico capaz de arrastrar a otros cuerpos biológicos ubicados dentro de la heteronorma hacia situaciones que ese cuerpo no desea. En resumen es poner al cuerpo homosexual en la situación de un potencial abuso, de un posible avasallamiento.

Los cuerpos homosexuales siguen siendo material de discriminación. En este caso fue desde un espacio educativo (que más allá de su orientación religiosa en primera instancia es eso: un lugar de aprendizaje) en el cual quienes señalan el fallo son los jóvenes, los alumnos aventajan a la persona que extendió estas fotocopias, los alumnos supieron ver la falla y eso es, mínimamente, esperanzador. Como sociedad quedan otros espacios, hasta legales, donde los cuerpos homosexuales siguen siendo discriminados, ante los que uno tiene que erguirse como puede. No hace mucho fui a donar sangre. Después de la extracción me realizaron un cuestionario. Una de las últimas preguntas fue “¿es usted homosexual?”. Esa sola pregunta encierra el universo vejatorio y discriminatorio actual en el que el cuerpo del gay es potencialmente más propenso a enfermedades sexuales que el de un hétero. No me iba a poner a discutir en la clínica y la destinataria necesitaba mi sangre. “No”, respondí al enfermero. Agarré con fuerza mi cartera y abandoné la habitación porque unx siempre tiene que elegir qué batallas combatir.

(*) escritor-periodista-fotógrafo, ganador del Fray Mocho 2017