¿Cuáles son las rutinas a la hora de escribir en una escritora consagrada como Selva Almada, la autora de “Ladrilleros”, “El viento que arrasa” y “Chicas muertas”?

“Soy bastante estructurada para escribir. Envidio a la gente que puede escribir en cualquier parte, en un bar, en un colectivo. Me distraigo fácilmente, sobre todo en un colectivo, y más ahora que a la gente se le da por hablar en voz alta por el celular. Me pasa que me distraigo”.

De ese modo, Selva Almada reveló ante el más de medio centenar de asistentes al segundo encuentro del seminario “Usina de Letras”, que se desarrolla, cada viernes, en La Vieja Usina, con la organización conjunta de la Secretaría de Cultura de Entre Ríos y el Grupo Pericón, sus manías a la hora de escribir.

De eso habló la primera de las dos horas del seminario que vino a desarrollar en Paraná esta escritora nacida en Villa Elisa, Entre Ríos, cuya última producción es un regreso a los orígenes de su escritura con “El desapego es una manera de querernos”.

Aunque admite que los procesos de escritura son peculiares de cada quien que escribe. Al respecto, recordó una anécdota de un escritor, quien una vez escuchó el relato de un incidente en un cumpleaños de 15 contado por dos pasajeros a bordo de un colectivo. Guardó la escena, el relato de ese incidente, lo guardó en la memoria hasta que lo pudo incluir en un cuento.

La anécdota le sirvió para dar una herramienta que sirve a la hora de escribir. “No sólo hay que ser buen observador para ser un buen escritor. A eso hay que agregarle tener un buen oído. En la escritura nos entrenamos en la práctica visual y nos olvidamos de los otros sentidos. El oído es un buen aliado. Sirve mucho para registrar diálogos, muletillas particulares que usa la gente al hablar. Las personas tenemos algunos tics, y muletillas. Está bueno tener las antenas paradas. Tener en cuenta eso, cómo habla la gente, con qué muletillas, y tomar nota”, dijo.

Almada, que nació en la costa del Uruguay pero que vivió varios años en Paraná, donde cursó la carrera de Comunicación antes de ingresar a Letras, insistió en que “hay que escuchar cómo habla la gente, porque de otro modo no vamos a encontrar la voz de los personajes”.

Después, dio otra pista sobre el oficio de escribir. “La narrativa es como un poco inherente a nosotros como humanos. Todo el tiempo estamos contando, todo el tiempo estamos transmitiendo historias. Todo el tiempo estamos narrando. Lo diferencio de la poesía, que es un estado más complejo y más íntimo. Me parece que son procesos distintos”.

Eso diferenció Selva: narrativa de poesía. Y dijo: “Son procesos distintos. A mí me parece que cualquiera puede escribir narrativa. En cambio, un poema es más difícil de lograr, de llegar a esa síntesis, de saber un montón de cosas en muy pocas palabras. Puede haber una narrativa muy lírica, como en Saer, pero también tiene trama e historia, hay personajes.”
Después vino el intercambio, las voces compartidas, la participación de los asistentes al seminario, y una ejercicio de escrxitura. Selva rescató el oficio de escribir cartas, e hizo una proposición: escribir una carta a un destinatario desde un lugar peculiar: un edificio que se consume con las llamas.

La invitación resultó un hallazgo: buenos relatos epistolares sobre una situación trágica, reconvertida por el lado del humor.

Selva brindó herramientas, preguntó, repreguntó y dialogó con los asistentes, y en medio del seminario, confesó que siempre fue una discípula de Alberto Laiseca. “Yo fui discípula de Laiseca –recordó–. Laiseca decía que aprendió a escribir copiando a escritores que admiraba. Ese es siempre un camino, una puerta de entrada, aquellos escritores que nos gustan mucho como lectores, cuando empezamos a escribir, empezamos copiándolo, y en el camino ayuda a encontrar la voz propia”.

El seminario Usina de Letras continuará el viernes próximo, 11, con el escritor Ricardo Romero.

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.