Por Silvio Méndez (*)

El ex presidente J.D. Perón usaba en sus discursos una figura militar donde expresaba que todos los argentinos ¬–o todos los peronistas¬¬– tenían en su mochila “el bastón de un mariscal”. Empleó esta imagen en varias ocasiones y según distintas circunstancias hacia dónde pretendía encaminar la atención (una bajada de línea) a sus escuchas. En cierta disertación de tono institucional usó esta representación en el sentido de lo que hoy conocemos como “empoderamiento”, donde todos los ciudadanos (los argentinos) estaban en su derecho de alcanzar cierto bienestar económico y social, pero éste no fue su único significado en el cual encaminó la idea. En rigor, la frase es tomada de Napoleón Bonaparte, quien según se cuenta, arengaba a su ejército imperial diciendo que cada soldado francés tenía en su mochila “el bastón de mariscal”.

En clave política, de política interna, Perón usaba este dicho para momentos de crisis o resolución de ciertos antagonismos: todos estaban en condiciones de aspirar y tomar el bastón de conducción política, y con él las riendas del poder.

Algo por el estilo le pasó a Thomas “Tom” Kirkman en la brillante serie de Netflix “Designated Survivor” (El sobreviviente o sucesor designado) cuando de un día para otro de ser un gris secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano pasó a presidente de un Estados Unidos totalmente desbastado.

Kirkman, el sobreviviente de un atentado sin precedentes, es interpretado por Kiefer Sutherland de forma notable. Parece un papel a la medida que estaba esperando luego de su célebre “24”. Si hasta las cirugías no muy felices en la cara parecen hechas para el político que encarna en un momento que nunca esperó en su vida, pero como buen soldado, como buen político, decide enfrentar, no sin dibujar una mueca inigualable en su rostro ante las decisiones difíciles.

Todo puede pasar en la realidad, como también de forma creíble en esta serie estrenada en 2016. En 10 entregas que prometen tener su continuidad en este 2017 (todos quienes la hemos visto aguardamos ansiosos ese momento), se intercalan sin respiro el melodrama, el thriller, los relatos de conspiraciones, espionaje y género catástrofe. Todo esto es posible en una trama argumental que se nutre de los conflictos y problemas del mundo contemporáneo: la migración mundial, la prensa en su juego de intereses y opinión pública, el terrorismo internacional, la lucha por los recursos energéticos, la xenofobia, la carrera armamentística y la reconfiguración de China, Rusia y el mundo islámico en el nuevo imperialismo postindustrial. Todo los elementos de este cóctel está en los noticieros de la media noche, casi todo está explícito ya, sólo necesita ser servido por las manos de eximios guionistas y una puesta en escena como únicamente Hollywood sabe hacerlo. Y en “Designated Survivor” encontramos una buena dosis de esta medicina.

Kirkman tiene de esposa a una destacada abogada en Washington , Alex Kirkman (Natascha McElhone); un jefe de Gabinete, Aaron Shore (Adan Canto), de origen mexicano; a su principal asesora Emily Rhodes (Italia Ricci) una típica universitaria anglosajona; y el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Seth Wright (Kal Penn), de origen musulmán. El guardaespaldas personal del presidente Kirkman es un afroamericano, Mike Ritter (Garret LaMonica) y la agente del FBI que investiga el magnicidio es Hannah Wells (Maggie Quigley), una hawaiana de rasgos orientales. ¿Qué más se puede pedir en esta Torre de Babel?

La serie funciona con imperceptibles deslices, es atractiva desde la idea misma, donde un político de tercera línea puede llegar a la cúspide del poder. Funciona porque se sostiene en la igualdad de oportunidades del “american dream”. ¿Quién no lo ha soñado por un instante viendo películas norteamericanas? ¿Quién hubiera dicho que este 20 de enero asumiría como jefe de los Estados Confederados el magnate inmobiliario Donald Trump? Pero la serie funciona además porque trata del poder mismo, de eso que a todos atañe y atrae, aunque sea por simple curiosidad. La intriga siempre renovada de saber sobre esa reducida fauna que por maña o por el destino, por inimaginables conspiraciones o a fuerza de las billeteras de las grandes corporaciones, llega a tocar la alfombra roja, y cuyo trabajo consiste en mantenerse sobre ella.

Finalmente no importa quién sean los sobrevivientes, o si el peor enemigo está dentro de la propia casa, ante el más terrible de los escenarios, siempre habrá alguien que pueda salvar a Estados Unidos. And… God bless America.

(*) Periodista, editor, docente.
Especial para Entre Ríos Ahora.
En Twitter: @silviomzen