Por Fernando Kosiak (*)

Desde que soy profesor creo que todos los años ha sido la misma historia, desde el momento de “inicio” de clases: un sueldo insuficiente que conlleva una serie de reclamos en el momento en que las blancas palomitas han de retornar a sus escuelas y colegios. Los padres y la sociedad en general se indignan, el gobierno ofrece poco, el gremio pretende más, se da un tire y afloje que termina en lo que ya sabemos que se llama “conciliación obligatoria”.

Hay generalidades, como esta, que abarca a todos los docentes de la provincia pero también hay realidades específicas que no conocemos hasta que es demasiado tarde, hasta que la tragedia sucede.

Desde que soy profesor, doy clases en el Colegio Número 3 Doctor Monseñor Abel Bazán y Bustos, también conocido simplemente como “La Bazán”. En más de una oportunidad me han quedado mirando con una mezcla de incertidumbre y pena, como preguntando “¿en serio?”. No es un colegio que cuente con la mejor de las famas por una serie de circunstancias que lo vuelven único, su ubicación geográfica, el estado edilicio, los gurises que concurren…

Desde siempre he oído historias de alumnos, profesores y de hasta una rectora asaltados a la vuelta del colegio, alumnos que han escalado en su violencia hasta el punto de “citarse” a la salida del establecimiento para cruzar un par de trompadas, mecheos o un par de puteadas para que oiga todo el barrio.

Ahora bien, es válido que uno se pregunte por qué prefiero seguir trabajando aquí o por qué estoy contando esto. Vamos por partes.

El año pasado, como institución tuvimos el “inconveniente” de que el tapial que separa el colegio del asentamiento que se encuentra a uno de los lados, literalmente, se tambaleaba. Esa pared separa de cascotes que esporádicamente vuelan hacia las ventanas enrejadas del colegio, de los vecinos que deciden dirimir sus conflictos a los tiros o simplemente de los robos que a la institución le ha costado desde rejas de acero amuradas, hasta ollas y tazas con las que se les prepara el desayuno a los alumnos cada mañana. Durante el verano, se comenzó la obra de un nuevo tapial con inconvenientes tales como robos constantes de materiales o renuncias de los constructores asustados. Finalmente, el nuevo muro se alzó.

Con este “logro” alcanzado, los profesores comenzamos el año enterándonos de que el policía que el año pasado estaba apostado en la entrada del colegio, con la carga simbólica y real que eso significa, con la tranquilidad que aporta este tipo de presencia, ya no estará ubicado frente a la institución. El área de Urbana y Bancaria de la Policía de Entre Ríos ha decidido que la presencia policial frente a un colegio con estas características no es necesaria. Después de lo mínimo que he contado, recién se darán cuenta de lo importante que es contar con, al menos, un policía en la entrada de nuestro establecimiento educativo.

La realidad docente específica no promete un buen año para nosotros. Entonces, el reclamo salarial pasa a un segundo plano porque realmente se llega con miedo al lugar de trabajo. Y esta realidad que podría pensarse como una “mala publicidad” para nuestro colegio se compensa con un simple detalle: el grupo humano que trabaja en La Bazán es inigualable, no solamente nos preocupamos por transmitir saberes sino también valores que se resignifican en este contexto especial que acabo de desarrollar, donde cada uno de los profesores nos preocupamos y ocupamos de y por nuestros alumnos; porque su realidad, por mínima que sea, pueda mejorar; porque podamos mirar más allá de las ventanas que no tienen vidrios o del dinero que ponemos mes a mes para solucionar falencias de las que el Estado no se hace cargo. Y así como nuestro colegio, hay cientos en la provincia, donde las realidades violentas que circundan superan cualquier otra situación. Ante todo esto, la presencia de, al menos, un solo policía, parado frente al colegio aliviana una realidad, aliviana nuestra experiencia como docentes, como alumnos, como seres humanos que tenemos ganas de sentir que la Policía realmente puede marcar una diferencia.

 

 

(*) Especial para Entre Ríos Ahora.