Desde los miradores que están a un costado del camping Toma Vieja, en los alrededores del clásico ñandú, se ve una postal amable: el horizonte ancho, el río majestuoso, un día primaveral en pleno otoño.

Una escalinata de cemento se precipita hacia el bajo, y allá adelante, detrás de matorrales espesos, se adivina el río.

Allá abajo, efectivamente, está el río, y un cartel que dice “Aguas profundas”, y el río, un retazo de tierra, dos chanchos que chapotean a un costado.

Llegar hasta la orilla es una tarea complicada. La escalinata construida de hormigón está destruida, y en un tramo, se interrumpe por una pasarela construida con listones de maderas de los cuales falta, por lo menos, la mitad. Hay que hacer malabares y equilibrio y pisar sobre una viga de hierro, y así poder avanzar.

Los desmoronamientos de la barranca han hecho estragos, y la obra en sí parece haberse hecho a prisa: sin ninguna pericia.

¿Qué pasó?

Todo parece un sitio desatendido.

 

A principios de 2014, la exintendenta Blanca Osuna licitó la obra de refuncionalización del camping Toma Vieja. En realidad, entonces se habló de la contratación de la ejecución del proyecto, provisión de materiales y mano de obra para la construcción del Parque Recreativo y Deportivo Acuático Toma Vieja.

El presupuesto, $11.173.090,46. Se adjudicaron los trabajos a la empresa Galvani Construcciones.

Los trabajos, según se proyectó durante la gestión Osuna, incluiría la puesta en funcionamiento de canchas deportivas polifuncionales, construcción y mejora de sanitarios más vestuarios (para cancha y piscina) y una proveeduría; la zona de camping contará con espacio para carpas, motorhomes y casas rodantes, estimándose la construcción de bungalows; se colocarían juegos infantiles y el camino costero tendrá 5 kilómetros de recorrido para realizar trekking.

Un sitio de mirador también será dispuesto y la futura zona de playa contará con atracadero de lanchas con sus debidos pontones. Asimismo, se dejará reservado un sector de estacionamiento, un sitio para gastronomía y un área cultural.

 

De todo eso, casi nada. Sólo las piletas se recuperaron.

Lo demás, está en veremos. Las añejas construcciones de la primera planta de agua, que en 2003 se cedió para que un empresario, Miguel Marizza, montara un boliche, Budha, están totalmente abandonadas.

Y la escalinata que, que el verano de 2015 el exgobernador Sergio Urribarri bajó junto a la exintendenta Osuna, está destrozado. “Este es un lugar emblemático de Paraná y de nuestra provincia y su recuperación para el uso público es un orgullo y una alegría, en una provincia que turísticamente crece recibiendo visitantes del país y del extranjero”, dijo Urribarri entonces.

Algo falló en la obra. La barranca se desmoronó y la erosión hizo añicos la escalinata de hormigón.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora