Por Paola Robles Duarte (*)

Todos tomamos decisiones en nuestro trabajo. Buenas o malas decisiones que acarrean sus respectivas consecuencias. (Digamos “buenas o malas” a modo de simplificar y para no detenernos en los grises que no son pocos si atendemos a la complejidad de la realidad).

En nuestro caso, esas decisiones muchas veces se convierten en aquellos temas de conversación en la fila del banco, en la plaza o en una oficina, en argumentos en la charla de amigos y familiares, o en miradas que intervienen en el posicionamiento y en las emociones ante lo cotidiano. Ese es un privilegio que merece respeto.

Ocurre que pudiendo disputar la deliciosa manzana de la opinión pública con obras y hechos políticos vinculados a la gestión posible gracias al esforzado aporte de los vecinos, tanto el oficialismo como la oposición local, han preferido hacerlo en los comentarios de Facebook sobre hechos que son materia de investigación en la Justicia.

Volvamos al tema de las decisiones, así no perdemos de vista el bosque y le aflojamos a la discusión fácil del árbol, sus tonalidades de verde, especie, dimensiones y ese tipo de cosas que no le cambian la vida a ningún ciudadano.

Hace una semana un diario local tomó la decisión de publicar -lo que supone la decisión previa de un periodista, editor y propietario de medio- eso que denominaron a modo de título taquillero “Operación Sobredosis”, haciendo referencia a los rumores que circularon durante el mes de diciembre en las redes sociales, sobre una supuesta adicción del Intendente Martín Piaggio, el “verdadero” destino de sus vacaciones en Córdoba y una supuesta internación en una clínica de la ciudad u en Paraná o en Puigari, o etc.

¿Eran recientes los rumores? No. ¿Provenían del mismo lugar? No. ¿Perseguían el mismo objetivo? No lo sabemos. Pero voy a volver sobre este aspecto más adelante.

Lo que vale la pena destacar es que la referencia implicaba la publicación del contenido narrado de tres audios donde el periodista Guillermo Navarro, ex trabajador del medio que publicó la nota, prensa y comunicación del espacio político Cambiemos, y actual integrante del equipo de prensa del Carnaval del País, se refería a “información” que había “podido chequear” respecto de la situación del Intendente Martín Piaggio.

A quién le envió Navarro los audios, si fue en el marco de una relación de confianza con sus colegas, si fue un comentario, una mera opinión, o si en sus manos deshacía la madeja de una operación política a esta altura es anecdótico, porque tal vez si no se hubiera tomado la decisión de darle jerarquía de información periodística a los audios de Navarro, y estos hubiesen ido a parar al limbo de los audios incomprobables que recibimos los periodistas a diario, estaríamos hablando de la gestión y el hacer del oficialismo y la oposición en cuestiones relevantes para los ciudadanos.

Según declaraciones en un medio colega, Navarro reconoce su voz en los audios, desliza un posible “espionaje” y asegura haber enviado los audios a personas de confianza sin intención de que se hagan públicos sus dichos, en el “ámbito privado” y asegurando que siente violada su intimidad. Estas declaraciones de Navarro evidencian que no brindó ningún tipo de consentimiento para que el medio publicara el contenido de sus audios.

Aquí vale la pena preguntarse: ¿Esto es un detalle? ¿Es una práctica que no merece reprobación alguna? El “éxito” de la publicación de la “Operación Sobredosis” nos habilita de ahora en más a publicar todos los mensajes de whatsapp, facebook, twitter, palomas, etc que nos lleguen a los periodistas sin importarnos el derecho de los involucrados -en este caso el Intendente Piaggio en función de lo dicho y el periodista Guillermo Navarro que es quien reconoce decir- en nombre de la “verdad”?

Y en esto tal vez es redundante aclarar aunque, a la luz de los acontecimientos, insisto: No es lo mismo un audio de Whatsapp enviado por una persona a otra correspondiendo al ámbito de lo privado (ya que aún la aplicación no permite una interacción masiva en el envío de mensajes) que un comentario en Facebook que es una red social y por lo tanto un medio público.

La verdad… torcida

Se perdieron de vista cosas importantes cuando se tomó la decisión de acoplarse o iniciar “la Operación Sobredosis” publicando en ese marco los audios de Navarro sin su consentimiento, mencionándolo en la nota con el eufemismo “periodista de la oposición”, lo cual merece detenerse porque esta categoría supone aquella que se le opone: “periodista del oficialismo” Y vale preguntarse: ¿quien ejerce en este caso ese rol? Y aún más: ¿Quién tiene la suficiente neutralidad para establecer “bandos”? Y no vale hacer trampa y decir aquella obviedad “es la prensa de Cambiemos”. ¿Todos los periodistas que trabajan para instituciones, gestiones y fuerzas políticas se reducen solamente a eso? ¿A ser la prensa de…?

Decía que se perdió de vista que el Pacto de San José de Costa Rica -al que suscribe el Estado argentino- no sólo asiste en su articulado al Intendente Piaggio frente a los dichos en su contra, por aquello de la “protección de la honra y de la dignidad” establecido en el artículo 11, donde a su vez se invoca al derecho de que lo proteja la Justicia de este tipo de cometidos; también esa herramienta cuenta para el periodista Navarro por aquello de “libertad de pensamiento y de expresión”, con las implicancias establecidas en el articulado respecto de las “consecuencias ulteriores” en el caso de que deban ser afrontadas por esta persona.

Pero sobre todo lo que se perdió de vista fue el hecho de sentar el precedente, envuelto en una caja con un moño grandote y una tarjeta que reza: “Vale todo” por pauta, por clics, por lo que sea.

De todas maneras es importante destacar que no es una pavada eso de sentar el precedente.

¿Por qué? Porque de fondo está en debate una cuestión ética. Algo precioso y delicado, que ha enfrentado la adversidad y continúa navegando un mar de diferentes criterios en temas verdaderamente relevantes que involucran al conjunto de la sociedad. “Resguardar la fuente” no solo implica un derecho adquirido por el periodismo al momento de ejercer la profesión, sino que se constituye en un derecho para aquella persona que proporciona una información -voluntaria o involuntariamente- y que no brinda su consentimiento de manera manifiesta para que ésta se utilice en la publicación de una nota, pero que al darnos el dato puede disparar una verdadera investigación periodística.

¿Cuantos rumores, chismes “valiosos” para captar mayor cantidad de lectores recibimos a diario y no son publicados? ¿Por qué no lo hacemos? Ahora basta con abrir la caja del “Vale todo” local, ya que además contaremos con el beneplácito de la clase dirigente que emanará comunicados creyendo que así aporta a las prácticas democráticas de manera real.

Antes mencioné las “consecuencias ulteriores” que debe establecer la Justicia, luego de su pertinente intervención. Y sobre esto vale la pena detenerse también.

¿Qué dice la Justicia de la “Operación Sobredosis”?

“Lo que se ha publicado hasta el momento respecto a nombres propios corresponde estrictamente a una cuestión política-periodística. La Justicia no se ha expedido sobre el tema, no hemos señalado a nadie como responsable y lo que se dice corresponde a trascendidos” explicó el titular de la Unidad Fiscal, Lisandro Beherán, al ser contactado esta mañana por quien escribe.

Y profundizó – a propósito de lo que corresponde a la esfera de lo público y lo privado- cuando el delito cometido “corresponde una cuestión que estrictamente hace a la difamación de una persona, delitos que se llaman “contra el honor”, se trata de delitos que son de instancia privada en los que no puede intervenir la Justicia de oficio. Solo es el interesado el que tiene un recurso legal para actuar. Tomamos la denuncia de Piaggio considerando su amplitud pero no hay ninguna persona involucrada, tampoco hay pruebas en contra de nadie. Le explicamos esto al Intendente en el momento de recibir su denuncia”.

“Claramente esta situación se distingue de un abuso sexual, un homicidio o un robo. La Justicia se va a expedir en tanto y en cuanto el damnificado presente lo que se denomina una querella criminal. No interviene en el tema la Fiscalía sino un privado, estos delitos tienen ese régimen especial fuera de la esfera pública”, aclaró Beherán.

“Este tipo de investigaciones llevan tiempo porque implica el pedido de información a instituciones u empresas a nivel internacional como es Facebook, que se demoran en proporcionar lo que pedimos. Cada vez que lo hemos pedido se han demorado un par de meses en responder. No hay novedades sobre el tema porque los fiscales de turno se abocan a trabajar en situaciones donde es importante resguardar la prueba para que no se pierda porque corre riesgo. Entiendo que este tema es trascendente porque se trata del Intendente, pero judicialmente no hay nada y no habilita a una intervención de oficio por esta cuestión”.

El Intendente Martín Piaggio fue expuesto públicamente a una serie de agravios, él y su familia asistieron al debate en las redes sociales sobre su vida privada y una posible enfermedad como lo es una adicción. Eso es un hecho. Como también lo es que ejerce su derecho presentándose ante la Justicia y solicitando que se investigue quien fue el responsable. ¿No es correcto concluir en que la operación política comienza con la publicación del “hallazgo” de “información” que manejábamos todos los periodistas de la ciudad y que muchos no publicábamos para no ser funcionales a ningún interés partidario? Salvo, que se pretendiera de esta manera buscar algún rédito o se incurriera en el error de que se puede usar la fuente “Facebook” como si se tratara del café en el que Rodolfo Walsh escuchó un día sobre el “fusilado que vive”. Pero al decir la verdad, leyendo una y otra vez los artículos periodísticos sobre este tema, no se encuentra información, se sigue encontrando una especie de chisme más jerarquizado porque salió en un diario.

Tomar decisiones

Desde R2820 tomamos la decisión de no publicar sobre el tema ya que la Justicia aún se encuentra investigando a raíz de la denuncia que en diciembre pasado radicó el Intendente Piaggio. No hay responsable del delito hasta tanto no haya prueba que lo compruebe. ¿Basta el “reconocimiento” de Navarro sobre su voz en esos audios? ¿Los audios por si mismos explican el rebote y despliegue de la denominada “Operación Sobredosis” y todas sus implicancias? ¿Todos los mensajes, consultas, comentarios, rumores y preguntas que hemos recibido deben ser publicados como si fueran en si mismos suficientes, esparciéndolos livianamente sobre el papel? Creo que no. Que las tres fuentes chequeadas -por nosotros mismos-, el consentimiento de quienes nos proporcionan información para que sea revelada, el objetivo de informar a la comunidad aún en aquellas cuestiones que no son entretenidas, “jugosas en sus ingredientes” o que no implican la vida personal de nadie, y nuestro criterio absolutamente independiente de cualquier estructura político-partidaria debe ser lo constitutivo en nuestras palabras, convencida que los títulos rimbombantes no siempre conllevan triunfos informativos para el lector.

Tomamos una decisión. Buena o mala, tomamos la decisión de no usar palabras que revisten gravedad y que hacen alusión a una enfermedad -la cual puede ser la realidad en muchas familias- como un descalificativo que abone la teoría de buenos y malos u oscuros e impolutos, atajos fáciles que nada tienen que ver con nosotros como comunidad. Tomamos una decisión, que no es taquillera, pero que nos deja tranquilos con nuestra manera de hacer periodismo. Tomamos una decisión que no le es funcional al oficialismo ni a la oposición para armar una tribuna que grite barbaridades y sirva para la afrenta de viejos rencores, porque pretendemos asistir al debate de políticas públicas por parte de nuestros funcionarios y ver la construcción de consensos que redunden en beneficios a nuestra comunidad. Tomamos esa decisión, porque en definitiva si Navarro pergeñó o no una operación contra Piaggio, todo se terminaba no publicando los audios presentándolos en un contexto que, a los efectos prácticos, vulnera aún más a quien es víctima de las acusaciones.

Considero importante destacar que no tengo ningún tipo de vínculo con Guillermo Navarro; más bien reconozco en el colega diferencias, que entiendo no me habilitan a denostarlo o a señalarlo, mucho menos sin que la Justicia se expida al respecto. No lo estoy defendiendo, no lo he contactado por este tema, ni voy a entrevistarlo para subirme al rebote de lo que cuestiono. Escribo, sinceramente, lo que creo: hace una semana la ciudad habla de esto tal vez porque es menos incómodo que hablar de las cosas importantes. Tal vez porque cuando la desinformación viene con cara de estar contando algo “fundamental”, es fácil comprar aunque esté mal.

Me parece honesto decir -a título personal como todo lo expuesto en este artículo- que siento vergüenza de que los legisladores del Frente para la Victoria primero, y de Cambiemos después, gasten tiempo, recursos humanos y económicos que sostenemos todos los contribuyentes repudiando, justificando o despegándose de Navarro, mientras que hay tantos temas relevantes para los vecinos que esperan manifestaciones de apoyo, acompañamiento y recursos por parte del Legislativo local. Temas importantes vinculados a la salud, a la vivienda, a la educación, a la construcción de estadística o el acceso a la información pública.

Entre otras tantas cosas, considero que hubiese sido mucho más provechoso un comunicado manifestando al menos “la preocupación” por las condiciones del servicio eléctrico que brinda la Cooperativa Eléctrica originando grandes inconvenientes no solo para el suministro de otros servicios fundamentales, sino para la realidad agobiante de decenas de familias que en nuestra ciudad no tienen como garantizar la cadena de frío de medicamentos y el bienestar de adultos mayores y niños. Tantos temas, tantas cuestiones que necesitan de la opinión y el hacer de nuestros funcionarios y nos envían un comunicado por Navarro.

Volviendo al tema fundamental: ¿Eran recientes los rumores? No. ¿Provenían del mismo lugar? No. ¿Perseguían el mismo objetivo? No lo sabemos. ¿Nos subimos a la hipocresía de dar relevancia a aquellos rumores que sirven para publicar durante una semana y crear corrientes de opinión sin contar con todos los elementos que requiere el lector para adoptar una posición? No. Tomamos otra decisión. Eso.

(*) Periodista. Publicado en Reporte2820.com