Sergio Ventura Bergallo, el profesor de las carreras de Profesorado y Licenciatura en Filosofía y de Licenciatura en Psicología de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), sobre quien se dispuso, el 25 de abril último, la separación de sus cargos y la suspensión preventiva por un plazo de 60 días, dijo que la medida fue aplicada de forma inconsulta y sin que jamás se lo haya citado para expresar su descargo.

El 25 de abril, y a través de la resolución N° 478, el consejo superior de Humanidades resolvió abrir una información sumaria y suspenderlo preventivamente por un plazo de 60 días, con goce de haberes, mientras se sustancia la investigación administrativa. Todo comenzó con la presentación de una víctima ante el Programa Género, Derechos y Salud de la Uader “en busca de asesoramiento” que lo denunció por acoso y violencia de género. 

El caso había trascendido a partir de una publicación del Centro de Estudiantes de Psicología.

Se trata de una graduada de Uader que relató las situaciones de acoso que soportó de Bergallo, siendo ella estudiante y él su profesor.

Allí, contó que durante los años 2005 a 2006, mientras cursaba los primeros años de Psicología, ocurrieron hechos que calificó como “acoso y abuso de autoridad” por parte del profesor Bergallo, lo que “le dificultó luego su tránsito por la facultad, buscando diferentes modos de rendir las materias pendientes y evitando así cualquier posible encuentro con ese profesor, originándole además un sinfín de obstáculos y complicaciones, demoras en la obtención de su título universitario, lo que la ha perjudicado en su vida personal y desarrollo profesional”, según el texto de la resolución que apartó a Bergallo de su actividad académica.

El docente la invitó a formar parte de un grupo de estudio, y en ese grupo hizo saber de la idea de acceder a becas de intercambio con el extranjero. A la denunciante la anotició de la posibilidad de viajar a Alemania. Viajó a Alemania y allí se encontró con Bergallo, quien, dijo, empezó a acosarla estando ambos en el extranjero.

Sobre eso, Bergallo hizo circular un documento con su posición, a través de su correo electrónico y grupos de whatsapp y planteó que el consejo directivo de la Facultad de Humanidades “en ningún momento me dio la oportunidad de expresarme, sancionándome con la suspensión de todos los cargos y, lo que es peor”, con la emisión de una resolución firmado por la decana, María Gracia Benedetti, “con gran cantidad de detalles sobre los hechos que se me atribuyen. Siendo la resolución un documento público, su contenido no tardó en trascender a los medios, donde se fueron añadiendo nuevos hechos y acusaciones, existiendo ya una especie de condena social. Ninguna normativa puede encontrarse por encima del derecho fundamental de poder expresarse y defenderse, ni nadie debería ser sancionado sin poder hacerlo. Se trata de algo elemental (pero reitero, lo peor es el contenido de la resolución y la difusión que se le dio; más aún, partiendo de la credibilidad de la persona denunciante, habría aceptado ser suspendido si tal cosa contribuía al mejor desarrollo del proceso)”.

Al respecto, apuntó: “Siempre existe la posibilidad de que la persona acusada tenga otra versión de los hechos, o pruebas que contradigan la denuncia original (no todo pero sí específicamente en lo que hace a las acusaciones), y aun habiendo pasado trece años. No es la primera vez que proceden así en la Uader, y a mí ya me tocó. En ese caso fui acusado originalmente de extorsión, a lo que las autoridades añadieron otras acusaciones (como llamar a tomar el Rectorado, etc.). Casi un año me tuvieron dando vueltas, hasta que una nueva declaración de los denunciantes lo desactivó (hace ya casi dos años, y todavía el tribunal no se expidió). No digo que ahora va a pasar lo mismo, sólo lo pongo como antecedente de cómo actúan las autoridades en nuestra universidad”.

En su descargo público, Bergallo sostiene: que si bien “tuve que vivir también el hecho de que la acusación se socializara antes de que pudiera manifestarme, no alcanzó la trascendencia de ahora, y esa vez no me suspendieron. Más allá de todo está claro que deberé hacer frente a la denuncia penal, donde podré ejercer mi derecho de defensa en el marco que corresponde, no siendo responsabilidad del fiscal la difusión que ha tomado en estos días. Respeto al secreto de sumario (como no lo respetaron en la Uader). Aunque lo quisiera, nada más puedo decir. Sólo que, si al final las cosas terminan de otra forma, cada uno tendrá que hacerse cargo de lo que le corresponde, como la Sra. Decana de la Facultad y los medios de comunicación”.

Al final, argumenta: “Con anterioridad a todo esto (yo me enteré cuando me notificaron la Resolución por mail, el jueves 25 de abril, el primer día de mi estadía en Alemania, para la que había pedido una licencia), con anterioridad, decía, había iniciado los trámites de mi jubilación (para quienes son de Santa Fe u otro lugar les aclaro que en Entre Ríos es posible jubilarse antes de los sesenta). Se pueden conservar doce horas y pensaba seguir dictando Mitología. Está claro que a esta altura esto ya no tiene sentido”.

“No puedo decir públicamente nada más, ni responder a las posibles preguntas o comentarios que aquí se hagan. Saludos”, concluye.

 

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.