La Iglesia beatificó este sábado 27 de abril al obispo de La Rioja, Enrique Angelleli, a los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, y al laico Wenceslao Pedernera, todos asesinados durante la última dictadura. El papa Francisco, al disponer su beatificación como mártires, entendió que fueron muertos en un acto de “odio a la fe”. El libro “Karlic, las dos vidas del cardenal”, de Ricardo Leguizamón, recoge una anécdota que unió a ambos, Estanislao Karlic y Enrique Angelelli, en Roma. ¿Por qué a Angelelli se lo califica como antiperonista?

 

Sus días en Córdoba, en el Seminario de Córdoba, durante su etapa formativa, serían breves.

Karlic apenas estuvo el primer año de su formación entre sus pares seminaristas en Nuestra Señora de Loreto; el resto de la formación la recibiría en Roma, adonde viajó en 1948, al año siguiente de haber comenzado sus estudios para ser sacerdote.

Ingresó en 1947. Y en 1948 fue enviado a Roma para estudiar Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Fue ordenado sacerdote en la ciudad eterna el 8 de diciembre de 1954. Lo ordenó monseñor Zenobio Lorenzo Guilland, quien gobernó la Iglesia de Paraná durante casi tres décadas, entre 1934 y 1962.

Guilland, primer arzobispo que tuvo Paraná después de que Pío XI creara la arquidiócesis, fue el antecesor de un obispo que la historia luego pondría entre paréntesis, por varios motivos: Adolfo Servando Tortolo.

Pero el momento de Karlic como arzobispo todavía no había llegado.

Entonces era seminarista, y cruzó el Océano, rumbo al Viejo Mundo.

Junto a él habían viajado otros tres seminaristas. Los cuatro después serían monseñores y transitarían senderos diversos.

 

“Como yo era de los que habían entrado mayores, entonces a mí me mandaron a estudiar Filosofía. A monseñor Angelelli, íbamos juntos, a terminar su Teología y empezar Derecho Canónico; a monseñor Bordagaray, un entrerriano querido, muy querido, que tuvo mucho que ver con la maduración mía, a estudiar Teología; y a monseñor Antuña, que ya falleció, a estudiar también Teología. Así que nos fuimos. Los primeros cuatro estudiantes de la posguerra. Y llegamos a Italia. Y cuando desembarcábamos, en Génova, teníamos que comer un pan que no era tan blanco, todavía, por la guerra. Y así empezamos ese período hermoso, viviendo todavía Pío XII”, recordó, durante un reportaje de 2001.

Por distintos motivos, Angelelli y Bordagaray tendrían destinos notorios.

Uno de ellos, quien luego sería el obispo de La Rioja, fue asesinado durante la dictadura: se llamó Enrique Angelelli. Su muerte, ocurrida 4 de agosto de 1976, sucedió a la de dos de sus sacerdotes –Carlos Murias y Gabriel Longueville– y un laico muy cercano a él –Wenceslao Pedernera–, en medio de un feroz ataque a un sector de la Iglesia comandado por los militares que gobernaban entonces.

Angelelli había ingresado a los 15 años al Seminario. Al iniciar el segundo año de Teología fue enviado a Roma para completar sus estudios en el Colegio Pío Latinoamericano, en 1949.

Tenía 26 años.

“No vengo a ser servido, sino a servir a todos sin distinción alguna de clases sociales, modos de pensar o de creer”, les dijo a los riojanos cuando llegó como obispo, en 1968, nombrado por Pablo VI.

Claro que la tarea no le resultó sencilla: fue resistido por sectores de poder, que hasta consiguieron que en 1973 el Vaticano enviara a veedores a La Rioja a investigar la veracidad de las acusaciones contra El Pelado, como todos lo conocían.

Los veedores no encontraron nada. Pero tres años después Angelelli pagaría con su muerte su resistencia a la dictadura.

Otro de los seminaristas que compartió aquel viaje iniciático a la Europa de la posguerra fue Eladio Pedro Bordagaray, nacido el 4 de junio de 1918 en San Salvador, Entre Ríos.

 

De muy joven, Bordagaray se había mudado a Córdoba, en plan de recibirse de abogado. Allí torció el rumbo: en 1942, con 25 años, ingresó en el Seminario. Pero a diferencia de Karlic, siguió con sus estudios y se recibió de abogado: rindió su última materia en la Universidad Nacional de Córdoba de un modo curioso. Con sotana.

Fue ordenado sacerdote en marzo de 1951, a los 33 años, en Roma.

De ellos dos, Horacio Verbitsky escribió en la edición del 30 de julio de 2006 del diario Página 12 lo que sigue:

“Ordenado en 1949, Angelelli pasó algunos años de la primera presidencia de Perón en Roma. Allí conoció al fundador de la Juventud Obrera Católica (JOC) José Cardijn. De regreso, comenzó su labor pastoral en los barrios pobres de Córdoba. En 1952 fue designado como primer asesor de la JOC cordobesa y a cargo de la capilla Cristo Obrero. Junto a la capilla había un Hogar Sacerdotal, frecuentado por curas del interior de la provincia, en el que Angelelli instaló su vivienda. Pronto se convirtió en lugar de reunión también para jóvenes obreros y estudiantes. Angelelli era el principal colaborador del sacerdote italiano Quinto Cargnelutti, a quien el arzobispo Emilio Fermín Lafitte encargó la organización de un Movimiento Católico de Juventudes destinado a competir con la UES peronista, con la consigna «la conciencia vale más que una motoneta». En noviembre de 1954, Perón prometió sanciones para diecinueve sacerdotes de todo el país, entre ellos Cargnelutti. También ordenó arrestar a otro sacerdote amigo de Angelelli, Eladio Bordagaray, por haber dicho que había que elegir entre Cristo o Perón. Como Jaime de Nevares, Miguel Ramondetti o Rodolfo Walsh, Angelelli militaba en el más cerrado antiperonismo”.

Bordagaray murió el 28 de mayo de 2002 y sus restos están sepultados en la capilla del Seminario Nuestra Señora de Loreto.

El tercer seminarista que compartió aquel viaje con Karlic fue Ambrosio Avelino Antuña, fallecido el 12 de octubre de 1984, quien en 1958 había fundado en la diócesis de Villa María el Profesorado Gabriela Mistral, homenajeando a la poetisa chilena muy admirada por él.