De vuelta en una villa de José León Suárez, en el conurbano bonaerense, el padre José María “Pepe” Di Paola, volvió al trabajo. Está al frente de La iglesia situada justo donde comienza la Cárcova, una villa en la que viven unas 13.000 personas, cerca de un basural del CEAMSE.
Pero aquí también hay droga. En 2013, cuando Di Paola llegó, tres niños fueron asesinados en tiroteos entre bandas narco. “En la Argentina no nos tomamos los temas en serio”, dice el cura. “Hay muchos temas distractivos y éste, en el que está en juego la vida, debiera ser uno de los más importantes”.

Por eso, el sacerdote –que es el coordinador de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia– viene pidiendo desde hace algún tiempo una ley de emergencia nacional en adicciones. “El presidente Macri la aprobó, pero después no dio los fondos necesarios para cubrir la emergencia”, dice. Marihuana, cocaína y paco son sustancias muy parecidas: “Hay pibes de clase media que las pueden manejar, pero hasta ahí”, explica. “En cambio, en los barrios populares, hay un solo paso de la marihuana al paco. Lo que para algunos es consumo recreativo, para nosotros termina siendo consumo problemático”.

José María “Pepe” Di Paola.

Di Paola administra una comunidad en la que hay nueve capillas repartidas en cuatro asentamientos. Él, que vive en uno de esos barrios, ha sido por seis años el único párroco. “Pero en marzo viene un cura de Buenos Aires para ayudarme y un entrerriano a hacer una práctica”, dice en un perfil que de él escribe Javier Sinay en Redacción.

El entrerriano que hará “una práctica” junto a Di Paola es el sacerdote Andrés David Benítez, que fue autorizado por decreto del arzobispo de Paraná Juan Alberto Puiggari a ausentarse en forma temporal de la diócesis “para ejercer su ministerio sacerdotal en el Obispado de San Martín por un período renovable de un año”.

Benítez recibió su ordenación sacerdotal el 5 de noviembre de 2011 y ha ejercido su ministerio como vicario en diferentes parroquias. Su último destino ha sido la parroquia de San Agustín.

El sacerdote solicitó permiso para hacer una experiencia pastoral acompañado por el padre José María Di Paola, en el Obispado de San Martín.

Ahí, junto al cura Di Paola, se las va a ver con la situación que describe el cura villero. “Creo que en 2019 se va arrastrando un problema muy fuerte que tiene que ver con la falta de trabajo y las tarifas altas”, dice. “El alto costo de vida repercute en la clase media, que deja de contratar changas como cortar el pasto o pintar una pared. Esos trabajos, típicos de los barrios nuestros, se empiezan a caer y el panorama es bastante complicado”. Los planes sociales son el único soporte. “En la crisis de 2001, yo estaba en la villa 21 y ahí no había nada. Hoy, en cambio, los planes son un ingreso”.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.