La mañana de sábado lo encontró en un costado de calle Victoria. Frente a una pastelería y casa de te se ubicó a esperar clientes. Los clientes no son fáciles en estos tiempos de cuchillos Tramontina y la cultura de lo descartable. Estaba ahí, con su bicicleta fija, y dándole pedal a una rueda que le servía a su oficio. El oficio de afilador. Un oficio milenario, aprendido, de difícil continuidad.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.