En su edición de este sábado, el diario “Clarín” contó una historia oscura sobre la Unidad Penal N° 1 de Paraná: hiló la denuncia de los abusos a los que habrían sido sometidas dos hermanas menores por parte de un interno, novio de la mamá, a quien la mujer ingresaba en las visitas que realizaba al penal, con un caso de violencia de género que involucra al hermano del actual director de la cárcel.

El título, de folletín, con el gancho necesario para conseguir lectores: El violador, el jefe penitenciario y “El secreto de sus ojos”.

El articulo lo firma Rolando Barbano, editor de Policiales en “Clarín”.

José Luis Mondragón, director del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, leyó la nota a pedido de Entre Ríos Ahora, y respondió respecto de los dos casos.

El caso que contó “Clarín” es el que sigue:

 

“Aquellas dos nenas tuvieron una infancia atroz, con una madre que hubiera sido mejor tener ausente y un padre que no pudo evitar arrastrarlas a la mismísima sombra en la se convirtió su propia vida.

 

Cuando el hombre cayó preso, la mujer empezó a llevar a sus hijas de visita con ella al penal N° 1 de Paraná, Entre Ríos, donde estaba -y sigue estando- detenido él. Pero las visitas terminaron convertidas para la madre en una suerte de nefasto living del amor.

 

Mientras las nenas -y un tercer hermanito- jugaban con el padre, ella aprovechaba para conocer a otro preso y convertirse en su novia. Quizás vio en él algo que seguro no habían advertido los dos tribunales que lo habían puesto allí por su condición de violador serial. Tal vez pensó que la historia no tenía por qué repetirse.

 

Sus hijas pagarían por su equivocación.

 

El hombre al que su madre las expondría se llama Alberto Ramón Sueldo y había llegado al penal de Paraná por una condena a 16 años de cárcel que le habían dictado en 2014 sin siquiera necesidad de un debate oral: se había declarado culpable y había aceptado la pena en un procedimiento de juicio abreviado.

 

Su derrotero de violador serial, al menos el conocido, había comenzado el 20 de enero de 2011, cuando trabajaba como remisero en Paraná y una nena de 13 años había tenido la mala suerte de confiar en él y subir a su coche en la esquina de la casa de una amiga para que la llevara hasta la suya. Sueldo, perverso, la había llevado al predio de una empresa de colectivos y allí la había violado, en el remís.

 

Entonces, como no haría después, la Justicia había funcionado. La madre de la chiquita había hecho la denuncia y lo habían metido preso, enterrado en pruebas tan contundentes como el celular que le había robado a la nena y el ADN que le había dejado en el cuerpo.

 

Sin embargo su abogada, Nora Lanfranqui, apelaría su situación con la misma línea argumental esgrimida por su cliente al ser indagado: que la relación sexual había sido consentida, algo imposible con una menor de esa edad. “Es el primer violador que conozco en muchos años de ejercicio de la profesión que lleva a la víctima a su casa”, ironizó la letrada. “Es un indicio claro de que siempre estuvo convencido de que fue una relación consentida”, agregó. Al mismo tiempo, pidió que le concedieran la libertad, basada en fallos tan ilustres como los que en su momento beneficiaron a Omar Chabán, Carlos Carrascosa o el cura Julio César Grassi. También resaltó que Sueldo estaba “aterrorizado por las advertencias de personal penitenciario, referentes a que los presos lo están esperando para violarlo”.

 

La Sala II de la Cámara del Crimen le daría la razón de forma parcial: confirmó la validez de las pruebas que lo incriminaban pero hizo lugar al pedido de que esperara el juicio en libertad, aún cuando había intentado huir de la Policía el día de su detención.

 

Sueldo tardó poco en mostrar qué parte de la resolución había sido la acertada. El segundo fin de semana de agosto de 2011, una mujer iba caminando por una calle de Paraná cuando un hombre se le tiró encima, la manoseó y le robó el teléfono.

 

Era él. Un policía lo corrió, lo alcanzó y Sueldo volvió a ser detenido por abuso sexual.

 

Sin embargo, obtuvo un nuevo beneficio.

 

Mientras gozaba de esta libertad, le sumaron una tercera imputación: una chica que en 2010 había salido de bailar había subido a un remís y el chofer la había violado. Había sido, otra vez, Sueldo. Cuando fueron a detenerlo descubrieron que se había fugado.

 

Su reaparición sería una nueva página de la sección Policiales, pero en otra provincia. El 6 de julio de 2012, una mujer embarazada denunció que un hombre la había manoseado y golpeado en un puente del Paso de San Francisco, en Tinogasta, Catamarca. Un agente fue a detener al acusado y se encontró con un artesano hippie que vivía junto a los ambientalistas que suelen realizar cortes antimineros en la zona. Lo interrogó y el sospechoso dijo llamarse Soria.

 

Pero cuando la Policía catamarqueña cruzó sus datos con la entrerriana descubrió que, en realidad, se trataba de Sueldo. Ahora sí, el ex remisero quedó preso. Terminaría recibiendo una condena a tres años y medio de cárcel en Catamarca por el abuso de la embarazada y un pasaje hacia Paraná para enfrentar las tres imputaciones anteriores. Entonces sí, en 2014, recibió la condena a 16 años de prisión que lo envió a la Unidad Penal 1 de Entre Ríos, adonde conocería a la madre de las dos nenas.

Los registros del penal indican que Sueldo empezó a recibir las visitas de esta mujer en mayo de 2016. Ella siempre iba a verlo acompañada por sus dos hijas, de 9 y 11 años, y por su nene de 7, gracias a un permiso especial que le concedieron en la cárcel porque “no tenía con quién dejarlos”. El padre de los tres chicos se había opuesto a su presencia en estas visitas porque, había explicado, las características de Sueldo los ponían en riesgo.

 

Nadie prestaría atención a cuánta razón tenía el padre hasta el 8 de mayo de este año. Ese día dos mujeres se presentaron en la comisaría 6° de Paraná y tuvieron una discusión frente a los policías: una quería hacer una denuncia y la otra pretendía impedírselo. Al final, prevaleció la mayor de ambas, quien les explicó a los agentes que su nieta de 11 años -y tal vez la de 9 también- había sido abusada durante una visita a la Unidad Penal 1.

 

El abusador era, obvio, Sueldo. Y quien intentaba impedir la denuncia era su novia, la madre de la nena abusada.

 

La Policía notificó a la fiscal Fernanda Ruffati, de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, quien logró que las dos nenas y su hermanito fueran puestos bajo custodia de una tía. También ordenó la requisa del pabellón en el que estaba alojado Sueldo, donde se secuestraron dos celulares.

 

A las nenas las sometieron a declarar en la Cámara Gesell, el sistema de habitación espejada que se usa para ayudar a hablar a los menores. Allí, la de 11 contó los abusos a los que la habría sometido Sueldo en prisión. La de 9 los negó. Pero la fiscal no se quedó con eso, hizo entrecruzamientos de llamados y revisó los teléfonos secuestrados en la cárcel -y los que le incautaron a la madre de las nenas- y así surgieron datos aún más escalofriantes.

 

El peor: que las dos chiquitas habrían sido entregadas por su madre para las violaran.

 

La fiscal Rufatti pidió la detención de la madre porque, dijo a los medios locales, “hay pruebas que indican que el hecho pudo haber sido acordado ”. La acusó de coautora de la violación de sus propias hijas.

 

Con la investigación en marcha, aún quedaba un tema pendiente: qué pasaba en la cárcel. Sueldo tuvo que ser trasladado de urgencia a otro penal, ante versiones de que el padre de las nenas buscaba matarlo. Lo llevaron a la cárcel de máxima seguridad de Federal, donde lo alojaron junto a Sebastián Wagner, el violador y asesino de Micaela García.

 

En paralelo, el gobierno provincial apartó al titular de la Unidad Penal 1 y nombró a un nuevo jefe: Octavio Ifrán, quien prometía ser una garantía contra estos delitos de género.

 

Sería el comienzo de otra historia turbia.

 

Hace 15 días, el equipo de Patronato de Paraná recibió a Boca por la sexta fecha de la Super Liga de fútbol. Como ocurre en todos los partidos, veedores del programa “Tribuna Segura”, que dirige Guillermo Madero en el Ministerio de Seguridad, fueron a Entre Ríos a controlar al público que ingresa a la cancha. Al chequear los documentos de la gente, tres dieron positivo: eran prófugos de la Justicia.

 

Uno de ellos era buscado por violencia de género. Según la causa judicial, el 14 de marzo de 2015 le había escrito un mensaje a su ex esposa: “No hagás que se me salte la chaveta y vaya y te saque a vos y al que esté en casa”. El 2 de mayo, de acuerdo al expediente, había ido al negocio donde trabajaba la mujer, la había golpeado, la había tirado contra el mostrador y le había provocado todo tipo de heridas. Luego había llamado a su hijo y le había dicho: “Tu mamá me las vas a pagar”. También le había advertido que andaba armado. El 7 de mayo la Justicia le había impuesto una orden de restricción que poco le importó: le había ordenado a la víctima que retirara las denuncias porque “la iba a matar”.

Esto había generado una orden de detención que se hizo efectiva cuando entraba a la cancha a ver Patronato-Boca, como si se tratara de una escena de “El Secreto de Sus Ojos”. Pero ese no es el dato más llamativo, sino su identidad: el prófugo era Daniel Ifrán, el hermano del jefe penitenciario puesto en la cárcel para evitar que hubiera nuevos delitos de género entre sus rejas. Al momento de su detención en el estadio, lo acompañaba el propio jefe carcelario, Octavio Ifrán. Según fuentes del caso, el oficial se presentó, saludó a los policías presentes e intentó convencerlos de que su hermano ya había resuelto sus cuentas con la Justicia.

 

No lo logró.”

Eso contó “Clarín”, con la firma de Rolando Barbano.

Entre Ríos Ahora consultó al director del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, José Luis Mondragón. Habló Mondragón del jefe de la Unidad Penal N° 1, Octavio Ifrán.

 

“No hay sustento para que yo releve a un director por un hecho que se le endilga. Pero sí voy a ordenar una investigación sumaria a los efectos de deslindar responsabilidades. De todos modos, no se le endilga ningún delito, ninguna falta. Es un funcionario muy reconocido por su capacidad. Y lo está demostrando al frente de una unidad muy compleja, trabajando bien. Por supuesto, que esto está en conocimiento del secretario de Justicia y de la ministra de Gobierno, a quienes ya he dado cuenta de la situación”, explicó.

Respecto de Daniel Ifrán, hermano del director del penal, quien fue detenido por la Policía durante el partido Boca-Patronato. “Es un hombre que se jubiló hace 12 años en el contexto de una enfermedad psiquiátrica muy grave. Ha luchado mucho en su vida para superarlo, pero perdió a su familia. Fue denunciado, efectivamente, por violencia de género, y tuvo una probation que ya cumplió. Cuando le escanean el documento en el partido de Boca-Patronato, ahí le salta ese antecedente. La Policía lo llevó a la comisaría cuarta, donde se aclaró la situación. Después de que todo se haya aclarado, pudo volver a la cancha. Fue trasladado por la propia Policía. Y disfrutó del partido. Lo que hace el diario es mezclar dos cosas, pero yo a eso no lo puedo criticar”, dijo Mondragón.

El titular del Servicio Penitenciario se mostró afectado por el caso que estalló en la Unidad Penal N° 1 con el caso de las dos nenas de las que se sospecha fueron abusadas adentro del penal por el novio de las mamá. “Esa es una causa que no se ha aclarado debidamente. Vamos a ver. La Justicia está actuando. Nosotros no tenemos ningún personal involucrado en esta causa. Es una situación que se presta para un montón de cosas. No pongo las manos en el fuego por nadie. Pero hasta ahora ningún personal se vio involucrado en la Justicia. Estamos esperando que se resuelva en la Justicia”, apuntó.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.