Un gran cartel puesto en forma perpendicular a calle Papa Francisco, de frente a la Iglesia Catedral, tenía esta leyenda, casi como una declaración de principios: “La calle no es lugar para vivir”.

Había guirnaldas de colores, clima de fiesta y muchos voluntarios que se arremolinaron alrededor de una mesa puesta a un costado de la calle, y desde esa mesa un grupo de chicas y chicos distribuían viandas calientes de un guiso que pasaba de mano en mano.

Prepararon 200 viandas de comida para repartir a la gente que se acercó, la mayor parte de ellos en situación de calle, pero no fue sólo eso. Fue, además, una palanca para mover a la solidaridad, según explicó Anabella Albornoz, alma mater de la ONG Suma de Voluntades, que lanzó la convocatoria.

“No podemos, como sociedad, ser ajenos a lo que está pasando. Las bajas temperaturas hacen que todo duela más. La gente en la calle esteá atravesada por un profundo dolor, y por ahí viene la mano”, dice Anabella.

La del lunes era una noche quita, y escandalosamente fría. Pero en la Plaza había risas, mucho trabajo, gente que se acercó a colaborar o a tender una mano y una batucada que sonaba.

Hay gente en Paraná que vive en la calle, y hay, también, otra gente que sale en su ayuda, en su búsqueda, en su contención. “Nosotros, desde Suma de Voluntades, salimos todos los días, menos martes y miércoles. Los martes sale Claudio del Lago, y también Un Cielo Nuevo, y los miércoles el grupo del doctor Moia, que hace años que está”, detalla.

–¿Cuánta gente hay en la calle?

–Es variable, es muy cambiante el número. Nosotros por semana preparamos 1.000 platos de comida para los comedores de niños que atendemos. Estamos en tres comedores, en barrio San Martín, Mosconi Viejo y Antártida.

–¿Qué pasa con la atención del Estado?

–Lo único que hay son parches y lo que necesitamos son políticas de Estado serias, y a largo plazo. Que te abran un refugio de 10 de la noche a 7 de la mañana es un parche. Y son lugares que están lejos del centro, a los que la gente muy mayor no quiere ir porque no quiere compartir con los jóvenes, algunos de los cuales tienen problemas de adicción.

–¿De dónde sacan los recursos para sostener los comedores?

–Todo sale de  donaciones de la gente. Nosotros decimos que creemos en la magia porque de la nada aparece algo, o alguien. Hace poco, un señor cumplió 80 años y no pidió regalos: pidió que quien fuera a la fiesta, llevara un alimento no perecedero. Así que nos llenó el almacén que tenemos. Y así pasa siempre. Pero ojo, nosotros venimos trabajando hace siete años pero no sólo con la comida. Capaz que quien nos ve desde afuera piensa que sólo hacemos asistencialismo. Pero la verdad que lo nuestro va más allá de un plato de comida: hacemos apoyo escolar, alfabetización para adultos, y sostenemos que la base del desarrollo es la educación. Y en eso hacemos hincapié.  Hoy por hoy, nuestros adolescentes sacan notas de 8, 9 y 10.

 

Suma de Voluntades funciona en Libertad 272, y el teléfono es 4230044.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.