“Por favor, salvame”.
Fue la última frase que pudo pronunciar Paola García, 39 años, mamá de tres, antes de fallecer, el viernes, luego de ser trasladada de urgencia de Nogoyá a Paraná.
No fue sino hasta la cuarta visita al Hospital San Blas, de Nogoyá, que los médicos acceden a internarla: se desarmaba de un dolor abdominal que no le permitía mantenerse en pie. Le recetaron Paracetamol, Buscapina, y la habían despedido las dos veces que había concurrido por atención, el lunes y el miércoles.
El jueves 22 Carlos Martínez, el hermano de la mujer, plantó una amenaza: “Les dijo a médicos y enfermeros que si no internaban a su hermana, se tendrían que hacer cargo si algo le pasaba”.
La internaron en esa tercera visita al Hospital San Blas, el jueves. Ahora, Carlos Martínez cuenta con desazón esa salida destemplada que tuvo, pero, dice, la desesperación no le dejó otro camino. Su hermana estaba cada día peor y los médicos no daban respuesta.
El viernes, luego de estudios de rutina, deciden operarla. Pero algo les hizo cambiar de planes a los médicos y cerca de mediodía deciden trasladarla de urgencia a Paraná. Ese viaje fue emergencia, dolor e incertidumbre. En un momento, la médica que acompañaba a Paola le pidió al chofer de la ambulancia que encendiera la sirena para abrirse paso y llegar más rápido. El conductor no supo que mecanismo accionar para lograrlo: debió hacer un llamado a Nogoyá para evacuar la duda.
Su familia recuerda todavía el trato que tuvo en el Hospital San Blas: el lunes, que vuelva a casa y tome Paracetamol cada seis horas; el dolor seguía y el cuerpo de Paola se desarmaba. El miércoles vuelve y le aplican otro inyectable. El jueves, por fin, y bajo amenaza de la familia, la internan. El viernes la prepararon para ingresarla a quirófano. La ingresaron a quirófano.
Pero hubo cambio de planes. Resuelven derivarla al Hospital San Martín, de Paraná, donde fallece. En el acta de defunción se lee como causa de fallecimiento: septicemia.
La familia no busca resarcimiento ni llevar el caso a la Justicia, ni reclamar reparación económica. Sólo buscó exponer el caso y dejar a la luz la desidia que entienden que hubo en el Hospital San Blas, de Nogoyá. No quieren que se repita.
Carlos Martínez, hermano de Paola, dice que la familia todavía no sale del schock. “Mi hermana sufrió mucho antes de morir. Pero no sé si vamos a llevar esto a la Justicia. Para nosotros es medio mucho arrancar todo, así, de golpe. La enterramos el viernes y lo único que decidimos con nuestros hermanos fue contar todo lo que pasó, para que no le vuelva a pasar a nadie más. Queremos que esto no siga pasando”, contó al aire del programa Puro Cuento de Radio Plaza 94.7.
-¿Te dieron alguna respuesta en el hospital?
-No, no, la verdad que no. Lo que sí ha pasado es que la médica que la atendió (se refiere a Desiree Marquez) ha estado escribiendo, comentando en Facebook, tratando de tapar. Pero a nosotros no nos interesa porque tenemos la conciencia tranquila, tenemos todos los papeles de la atención que ella tuvo, de la enfermedad que ella tuvo.
Sara Llanes, cuñada de Carlos, agregó que “Paola ingresó el jueves al Hospital San Blas. Fue el día definitivo. A la tarde del jueves la dejaron internada. A ella no la iban a dejar internada porque los análisis le daban bien. Pero el médico cirujano dijo que la iba a internar por las dudas. De ahí empezaron a darle calmantes, calmantes, calmantes. Y a ella no se le paraba el dolor, no la podían calmar. Los médicos preguntaban si era adicta porque ningún calmante hacía efecto. Yo les decía que no, que ella era una chica normal, trabajadora, que no era así”.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

