El ministro de Seguridad, Néstor Roncaglia, estuvo este lunes por la noche en la zona de Bajada Grande, donde se desarrolló una instancia del operativo de seguridad “Barrios Seguros”, luego de que los vecinos expusieran los graves problemas de inseguridad y le elevaran un petitorio con varios reclamos. Roncaglia estuvo acompañado del jefe de la Policía de Entre Ríos, Claudio González.
«Escuhamos el clamor de la gente», justificó Roncaglia. «Empezamos a las 10 de la noche. La idea es estar al lado del vecino y desalentar cualquier conducta ilícita», sostuvo.
Vecinos del barrio Bajada Grande, de Paraná, denuncian una escalada de violencia armada vinculada al narcomenudeo, protagonizada por bandas integradas por jóvenes y adolescentes. En ese marco, solicitaron formalmente una audiencia con el ministro de Seguridad de la provincia, Néstor Roncaglia, y con el jefe de la Departamental Paraná de Policía, comisario Hernán Walter Góngora, para exigir medidas de prevención y mayor presencia estatal en el territorio.
El reclamo fue expuesto públicamente por Liliana, vecina del barrio e integrante de la comisión vecinal, quien brindó su testimonio en el programa Puro Cuento de Radio Plaza 94.7
Según relató, la situación de violencia no es reciente ni aislada: «Esto no viene de esta balacera ni de la otra. Se arrastra desde cuando matan a la chica Barrientos; yo creo que fue alguien de su misma banda quien la mató acá en Bajada. Tiempo atrás ya se venía palpando una tensión entre bandas antagónicas. Me refiero a bandas de narcomenudeo o de gente muy joven y armada que desemboca en estas balaceras. En la última, yo vivo a dos cuadras de donde se produjo, e escuchaba una ametralladora a las 3 de la mañana. No es nada agradable».
Liliana precisó que uno de los últimos hechos ocurrió cerca de una escuela secundaria: «Sucedió en la zona de calle Larramendi, a media cuadra de la escuela secundaria, hacia el río. A mano izquierda hay un callejón perpendicular a Larramendi que se llama callejón Portland. Los vecinos estamos preocupados porque uno ni puede sentarse en la vereda a tomar mate. Yo vivo sobre Larramendi y ni siquiera voy al fondo de mi casa por el tema de las balas perdidas, porque son balaceras muy grandes. Se escuchan tiros durante todo el día, a cualquier hora. El otro día iba a tirar la basura a la mañana al contenedor entre Croacia y Larramendi y tuve que volverme porque estaban a los tiros en la Plaza Gregoria Pérez».
En ese contexto, explicó que la vecinal presentó una nota formal solicitando una audiencia con las autoridades provinciales y policiales. «Como vecinal nos hemos reunido con la policía y ahora presentamos una nota ante el jefe de la departamental de Paraná, el comisario Góngora, y ante el ministro Néstor Roncaglia para pedir una audiencia. La seccional 11 se porta bien, pero es muy grande y abarca Bajada Grande, Puerto Viejo y Cáritas; dicen que tienen poco personal. Creemos que hace falta prevención porque la policía ya sabe quiénes son las bandas. Me parece injusto poner al vecino como denunciante porque uno sabe lo que le puede pasar si denuncia. O me matan a alguien o me queman la casa. No es nuestra función como vecinos denunciar; nosotros pagamos impuestos», afirmó.
Y agregó: «Todo el mundo reclama seguridad, pero uno no quiere pensar mal de algún tipo de connivencia. Es preocupante porque en Bajada hay muchos niños; somos un barrio que se ha criado en la calle y ahora los chicos juegan en la plaza Gregoria Pérez o van a los miradores. Lo peor es que la gente armada son menores de 12, 13 o 15 años. El otro día encontraron a un pibe de 12 años con un arma calibre .22. Esos chicos no sacan las armas de abajo de la tierra; alguien se las da».
Sobre el pedido de audiencia, señaló la falta de respuestas oficiales: «La presentamos hace unos 10 días, después de la balacera grande, pero no hemos tenido respuesta. Esperamos que nos convoquen pronto. El tema es que el ministro trae móviles que se ven en el centro pero no se reflejan en los barrios conflictivos. Necesitamos prevención. La policía sabe quiénes son ellos y quiénes son sus padres. Los padres dicen que no pueden hacer nada porque también están amenazados por los chicos. Esta violencia hace un año que se volvió un infierno al complicarse la situación económica. Se ve gente revolviendo contenedores de basura en un barrio pobre donde la gente no tira nada. La situación empuja a una salida porque tienen que dar de comer a su familia y ven en el pibe un acceso rápido al dinero».
La inseguridad también impacta de lleno en la vida cotidiana y el aislamiento del barrio. Al respecto, Liliana contó: «Personalmente no salgo de noche y he cortado cuestiones sociales. Como vivo cerca de zonas de balaceras como Croacia Sur, ya no podés invitar a un amigo a comer porque los Uber y los delivery no entran al barrio después de las 11 de la noche. Para ir al mercado a la vuelta prefiero sacar el auto para subirme rápido y volver. Otros vecinos dicen que ya están acostumbrados, pero no hay que acostumbrarse a vivir mal».
Liliana vinculó el crecimiento de la violencia con la crisis económica y la falta de trabajo: «Es un contexto de mucha vulnerabilidad sumado a la crisis económica y la falta de ‘changas’ de pintura o cortes de pasto. Esa gente está sin trabajo y, ante la necesidad de llevar comida a la mesa, los que venden droga se aprovechan. Además, veo que en toda la ciudad hay mucho consumo. Mi hija trabaja y vuelve de noche; nos avisamos y viene en auto. Pusimos cámaras y hay gente que ha electrificado paredes por paranoia. La justicia también debe actuar. No es posible que haya gente con 20 o 25 causas caminando por la calle. La policía los lleva a fiscalía y a las dos horas están de vuelta en el barrio».
Finalmente, destacó el trabajo comunitario que se intenta sostener pese al contexto: «Tenemos una red en Bajada Grande con el hospital, las escuelas y salud mental para buscar soluciones y prevención de adicciones. A la escuela secundaria la roban como dos veces por mes. En la secundaria de acá hay patrulleros en la entrada y salida de los tres turnos porque el nivel de violencia es muy grande. Recientemente, dos chicas de 14 y 16 años se apuñalaron por pertenecer a bandas distintas».
El pedido a las autoridades es claro y urgente: «Solo pido a las autoridades que vean qué van a hacer con estas juventudes de 12 o 13 años, porque no les veo futuro. Uno como vecino hace lo que puede. Tiene que haber un trabajo conjunto entre policía y justicia».
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

