Por Maximiliano Rodriguez Paulin (*)

En Paraná, como en gran parte de la Argentina, miles de trabajadores desarrollan su actividad en la informalidad. Son vecinos que trabajan todos los días, pero sin aportes, sin cobertura y sin previsibilidad. Esta realidad no es abstracta ni ideológica: es concreta y cotidiana. Por eso, el debate sobre la modernización laboral no puede abordarse desde consignas, sino desde la responsabilidad de construir un sistema que promueva el empleo formal y reduzca la informalidad.

La discusión pública sobre la modernización laboral volvió a exponer un problema recurrente en la Argentina: cuando se intenta actualizar reglas que llevan más de medio siglo sin cambios estructurales, aparecen consignas alarmistas que poco tienen que ver con el texto real de la ley.

En las últimas semanas se instalaron afirmaciones falsas: que se eliminan las vacaciones, que desaparece el aguinaldo, que se termina la indemnización, que se habilitan jornadas de 12 horas, que se suprime el derecho a huelga. Nada de eso es cierto.

La reforma no reduce las vacaciones. Los 14 días mínimos siguen vigentes. No se eliminan ni se recortan. Lo único que se habilita es, de manera opcional y por acuerdo entre empleador y trabajador, la posibilidad de fraccionarlas en tramos no menores a siete días corridos.

Tampoco se modifica la jornada legal. No se habilitan jornadas arbitrarias de 12 horas. Se incorpora un banco de horas voluntario que permite compensar horas extraordinarias con descanso, respetando los límites semanales y los descansos legales.

En materia de indemnización por despido, el régimen continúa vigente. No se elimina ni se reduce. Se mantienen criterios objetivos para su cálculo y se habilita, de manera optativa, un Fondo de Cese Laboral como mecanismo alternativo.

El aguinaldo sigue plenamente vigente. El derecho a huelga continúa reconocido. Los convenios colectivos siguen existiendo, promoviendo negociaciones actualizadas sin afectar derechos adquiridos.

La Argentina arrastra un problema estructural: casi la mitad de los trabajadores está en la informalidad. Millones trabajan sin aportes, sin cobertura y sin protección real. El modelo anterior no logró integrarlos al sistema. Generó litigiosidad, incertidumbre y miedo a contratar.

La modernización laboral mantiene derechos fundamentales pero introduce previsibilidad y herramientas para reducir conflictos judiciales y promover empleo formal.

La verdadera discusión no es si defendemos derechos o no. La pregunta es cómo hacemos para que más argentinos tengan derechos efectivos y no meramente declamativos.

El miedo puede ser un recurso político eficaz. Pero no genera empleo. La previsibilidad, sí.

Como concejal y economista, mi prioridad es que más vecinos de Paraná puedan acceder a empleo formal, estable y con derechos reales. Cualquier discusión sobre el marco laboral debe tener ese objetivo central: generar condiciones para que más personas puedan trabajar dentro del sistema y no quedar excluidas de él. Ese es el verdadero desafío.

 

(*) Maximiliano Rodríguez Paulin es economista y concejal de Paraná por Juntos por Entre Ríos.