Cerca de las 10 de la mañana, una llovizna mansa pero insistente caía en la ciudad. Pocos pasajeros -¿cuatro,cinco?- viajaban en el tramo final del recorrido de la Línea B, sobre calle Santa Fe, cerca del Centro Cívico.

Una goteo monótono caía desde el techo del colectivo. No era abundante, pero sí incómodo: caía sobre el par de asientos del fondo.

-¿Esto es el aire acondicionado? -preguntó, con discreción, un pasajero a la mujer que manejaba el coche.

-No -contestó, sin sobresaltarse-. Se filtra el agua de lluvia. Cuando llueve fuerte, entra más agua.

Desde el 7 de diciembre de 2025, los paranenses acceden a un servicio de colectivos que les devolvió una dignidad que alguna vez se había perdido: no hay huecos en el piso, ni asientos destrozados, ni se incendian a mitad de camino, ni tienen la carrocería carcomida.

Algunos, no todos, tienen cortinas en las ventanas, funciona el aire acondicionado, y circulan más o menos a tiempo. La aplicación Arriba Paraná coincide de manera llamativa con las frecuencias reales.

La operadora San José SA – Kenia SA -todavía con un pleito irresuelto con los choferes de la exconcesionaria Buses Paraná que deberá resolver la Corte Suprema de Justicia de la Nación- puso a circular unidades 0Km, y eso es una ganancia.

Pero el servicio es una sorpresa permanente. A tres meses del debut de San José, nada ha cambiado ni mucho ni demasiado en la atencción del usuario: la Municipalidad anunció la puesta a punto de las paradas, y pintó dos de las tres garitas que están ubicadas sobre calle Laprida, en el tramo que va de Peatonal San Martín a Buenos Aires.

El resto de los dispositivos están mal y peor, en algunos barrios no existen las garitas. No hay un dispositivo que ponga a reparo a los usuarios en días de lluvia.

En otros puntos de la ciudad, ni siquiera hay un poste que indique que ahí se detiene el colectivos.

Ni en los puntos que se definieron en diciembre, cuando Katherina Stickel estaba a cargo del monitoreo del sistema de transporte público, ni ahora, cuando la función la asumió Kevin Bolzán: se modificaron recorridos y se agregaron paradas. Pero ninguna información.

En la esquina de Alvarado y El Paracao -donde están los «atractores» Campus de Uader y Hospital de la Baxada- los usuarios bajan a un lodazal, cubierto de malezas; igual en la esquina de Pronunciamiento y Monte Caseros.

En otras sectores, a falta de garitas, han pintado el número de la línea en el pavimento. La lluvia y el tránsito van borrando de a poco esa «señalización».

Es viernes de marzo. En la parada de la Línea B sobre calle Monte Caseros, frente a la Uatre, por «tradición» nadie respeta el lugar del transporte público: el colectivo para en doble fila, la gente baja salteándose autos estacionados en infracción. Nadie controla.

Una mujer le pregunta al chofer si pasa por calle Jorge Newbery. No, contesta. Tiene que ir a Pellegrini. Termino en Casa de Gobierno, y vuelvo por Pellegrini.

-¿Me lleva igual? Tengo que caminar mucho -pide la mujer.

Ni código QR, ni información en las garitas -en Monte Caseros, frente a Uatre, no hay garita- ni campaña de información: el usuario se maneja al tanteo con el servicio de colectivos.

-Tienen que consultar en la aplciación -explican cuando tienen que explicar el desvarío.

Hay una generación que no es digital y tantea como puede el celular.

A tres meses del debut de San José, y los colectivos verdes con deco autóctona, el desinterés por el usuario es marca registrada. Ojalá el próximo trimestre los cambios empiecen a asomar.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora