Después de cuatro años afuera de la diócesis, el sacerdote Germán Pablo Brusa regresó a Entre Ríos. Su permiso por estudio venció en diciembre de 2025, y el nuevo jefe de la Iglesia local, Raúl Martín, dispuso destinarlo como vicario a la parroquia San Miguel Arcángel, de Bovril, en el departamento La Paz.

Se mudó a Alcaraz, que será su centro operativo, y trabajará junto al párroco Ariel Parisse. “Vine a dar una mano, mientras termino los estudios, porque me queda la tesis. Ya terminé de cursar en la Universidad Católica de Córdoba, de los jesuitas”.

Antes de desembarcar en San Francisco, Córdoba, Brusa estuvo destinado a la capilla San Martín de Porres, en Paraná, donde inició, en 2014 la Escuela de Gestión Social Pablo Tarso, que amplió sus servicios con la creación de la Escuela de Oficios San Antonio María Gianelli. A comienzos de 2022 viajó a la provincia mediterránea para realizar la Maestría en Teología.

Ya es bioingeniero por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). La última materia la rindió el 20 de diciembre de 2001, el mismo día en el que el expresidente Fernando de la Rúa salía en helicóptero de la Casa Rosada y el país atravesaba un feroz estallido social. “Me acuerdo que presenté el proyecto final y dos horas después De la Rúa salía con el helicóptero de la Casa Rosada, ese fue el contexto”, rememora.

La Iglesia devuelve a Entre Ríos al cura Germán Brusa

 

-¿Ya te tocaba volver, te invitaron a volver, era tu tiempo de vuelta, o hay necesidades en la diócesis?

-Mira, en principio el permiso para estar en San Francisco era por tres años, o sea, se venció en febrero del 2025, pero quedé un año más. Allá también hay necesidad de sacerdotes, y por eso monseñor (Juan Alberto) Puiggari me había renovado el permiso hasta el 31 de diciembre del 2025. Ya no necesitaba estar más allá porque ya no curso más en Córdoba y tenía algunas actividades acá en Paraná. Venía cada tanto, así que estaba también de algún modo revinculándome. Necesitaba estar en un lugar tranquilo para poder avanzar con la tesis.

-Y seguís de cerca el proyecto y el desarrollo de la Escuela Pablo Tarso, que surgió en 2014.

-Y, es difícil desvincularse; desde otro lugar, sigo vinculado: acompaño, sigo estando en el equipo de la Fundación (Presencia Presente) como un vocal, estoy en la conducción. De algún modo también a mí me ha configurado el barrio Anacleto Medina, esos años que yo estuve ahí, la experiencia de Pablo Tarso, con la Fundación, con la misma gente. Hoy a la Fundación la integran y conducen gente del barrio Anacleto-Medina. Para mí eso es algo extraordinario. Cuando empezamos, los fundadores no éramos del barrio: yo vivía ahí, pero no era oriundo del barrio. Que hayamos podido lograr eso, para mí es una de las cosas más grandes, y como te decía, a mí me ha configurado y por eso también sigo vinculado al barrio. Es lo que de algún modo me motivó a seguir estudiando, porque el tema de estudio es un poco sobre esto, sobre la realidad vulnerable.

-¿Ya tiene su lugar en el sistema educativo la Escuela Pablo Tarso o sigue siendo una experiencia que no encuentra su lugar para la normativa?

-Eso sigue siendo una deuda. No sé cómo sigue hoy: tengo que aggionarnarme un poco al contexto político de la provincia. Pero bueno, uno ve la situación que se atraviesa a nivel nacional, y no sé qué tanto estas propuestas pueden llegar a ser sostenidas. Entonces, la lucha sigue, obviamente desde otro lugar, cambiando también las estrategias. Creo que también cada contexto político necesita ser analizado y en función de eso también ir viendo cómo uno plantea esta lucha. Hoy claramente lo que se ve, es una lucha por sobrevivir. Uno se entera que se van cerrando escuelas, se van cerrando cursos. Y por eso uno tiene que pensar cómo sostener este proyecto, cómo seguir trabajando con la comunidad, porque gracias a Dios todo esto se ha podido sostener desde la misma gente de la comunidad. Ellos son los que también la sostienen. El año pasado hicieron una peña folclórica con fines económicos. Se va buscando la vuelta de sobrevivir. Hoy, claramente, en el contexto político, la educación no es un derecho sino que es un lujo, que hay que pagarlo. Entonces, en ese contexto claramente que hay que ver cómo se sobrevive. Creo que Pablo de Tarso sigue siendo un signo de que una educación diferente y realmente inclusiva es posible, y hay una obligación hasta incluso moral de seguir sosteniendo la escuela para seguir mostrando de que esto es posible.

-¿Y temes un posible cierre ante este contexto de ajuste en el sistema educativo?

-A ver, me parece que políticamente tendría un costo político bastante alto.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora