“Es verdad que en algunas circunstancias se utilizó esta celebración como espacio de presión política y, en muchas oportunidades, incluso con fines altamente confrontativos, profundizando grietas y desencuentros. Utilizarlo de ese modo o esperar de esta predicación una definición político-partidaria, o peor aún, hacer de este lugar una tribuna de oposición, es no entender qué significa –o qué debe significar– para nosotros, las personas creyentes, una celebración litúrgica, como espacio de encuentro entre hermanos, y de ellos con Dios que se manifiesta como Padre de todos –absolutamente de todos–, y que a todos recibe y abraza como hijos. Siguiendo esta noble costumbre, también nosotros nos reunimos para dar gracias y cantar nuestra alabanza a Dios por la Patria que tenemos; por este presente que fue entretejiéndose entre luces y sombras a lo largo de nuestra historia bicentenaria”.

Las palabras pertenecen a Héctor Luis Zordán, obispo de Gualeguaychú, y se escucharon este lunes en la Catedral San José, donde se celebró el Tedeum por el 25 de Mayo, al que asistieron el gobernador Rogelio Frigerio y el intendente local Mauricio Davico.

Parafraseó luego parte del texto de un documento de los obispos de 2010 y dijo que “ciertamente, ´la Patria es un don que hemos recibido´: esta certeza nos invita a celebrar y agradecer la bondad de Dios que nos la regala. Pero también sabemos que ´la Nación es una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo´”.

Sostuvo Zordán que la palabra de Dios “nos señala también que las dificultades asumidas y sobrellevadas con constancia van generando actitudes y valores capaces de sostener la esperanza, como aquel edificio construido sobre roca firme, del que hablaba Jesús en el Evangelio (cfr. Mt 7,24-25): pueden venir los vientos y las tormentas más terribles, pero la esperanza –como la casa del ejemplo de Jesús– permanece firme”.

“Lo sabemos por experiencia: la mirada corta nos abruma, nos ahoga, ensimisma, nos repliega y nos mete en un camino lleno de sombra y de oscuridad. En cambio, la esperanza nace, crece, se plenifica cuando sabemos mirar más allá de lo inmediato; cuando nos animamos a poner la mirada en las cosas sólidas y que dan solidez a la vida, porque no están sujetas al vaivén de los acontecimientos y de las circunstancias, como, por ejemplo, el sabernos amados inmensa e inmerecidamente por Dios, nuestro Padre”, agregó.

“La esperanza se afianza y consolida cuando somos capaces de construir sobre buenos cimientos”, apuntó Zordán, en particular, agregó, “los que llamamos valores; aquellos que nos dejaron nuestros mayores (como la honestidad, la laboriosidad, el sentido creyente de la vida, el valor de la palabra dada, el aprecio por la justicia…); además de los valores cívicos (como la democracia, el republicanismo, la preocupación por el bien común, el respeto por las ideas ajenas…), y los que hemos ido aprendiendo con las nuevas generaciones (la valoración de la diversidad, el cuidado del buen nombre de los otros, el valor de la inclusión, un profundo cuidado de la intimidad de los otros, el respeto por las opciones de cada uno…). La esperanza se consolida cuando somos capaces de edificar sobre estas bases sólidas, aunque a veces no sean demasiado vistosas ni suficientemente valoradas en nuestro mundo”.

“Recuerdo una enseñanza del recordado Papa Francisco: ´La esperanza es la virtud de quien tiene un corazón joven; de quien tiene los ojos llenos de luz, de quien vive una tensión sana y permanente hacia el futuro´”, reseñó. Y lo volvió a citar a Jorge Bergoglio cuando señaló que sólo “quien está animado por la esperanza es capaz de atravesar las noches más oscuras”.

Apuntó luego que “la esperanza es capaz de transformar la decepción en nuevos impulsos hacia adelante”. Y añadió: “Que la esperanza es capaz de dar vuelta la queja amarga y la crítica implacable generando compromisos de colaboración para el bien común, sumando al trabajo de todos”.

Dijo que “la esperanza es capaz de convertir el insulto agresivo y descalificante en palabras buenas y constructivas, incluso cuando haya que reclamar o exponer cosas que son incómodas y consideramos justas”. Y que “es capaz de hacer madurar las posturas distintas –y a veces opuestas– produciendo acuerdos sólidos, aún en medio del disenso que siempre supone la diversidad de miradas, porque eso nos hace crecer y nos potencia”.

“Que la esperanza es, de verdad, capaz de trasformar la tristeza en serena alegría. Nos llevamos también la seguridad de que la esperanza será capaz de sostener el trabajo de tanta gente que no se achica y sigue adelante apostando por un futuro mejor”, aseveró en su homilía. Y que la esperanza “será capaz de alimentar las ganas de vivir de tantas familias, incluso cuando se hace difícil cubrir diariamente las necesidades básicas”. También, “será capaz de sostener el esfuerzo de los educadores que tienen la mirada puesta en un futuro más prometedor para sus estudiantes”.

Aseveró el obispo de Gualeguaychú que “la esperanza nos permite hallar, aún en medio de la desazón y el sinsentido, un sentido válido para vivir, la seguridad de que toda vida vale la pena”.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora