Los organizadores de la 44° edición de la Peregrinación de los Pueblos, que a lo largo de 90 kilómetros une a pie Hasenkamp con Paraná, ya están trabajando en la organización: se hará los días 16 y 17 de octubre, bajo el lema “Peregrinos con María, hacia un mundo más humano”.
“Esta expresión recoge el camino de reflexión realizado a la luz de la Palabra de Dios, del Magisterio de la Iglesia, del Jubileo Franciscano que conmemora los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, de la espiritualidad de Schoenstatt y de los desafíos humanos y sociales que atraviesan nuestro tiempo”, señalan.
Esta expresión de fe tiene una larguísima historia.
La historia de la Peregrinación de los Pueblos –el nombre lo adoptó por el número de localidades que toca a su paso- se inició el viernes 14 de octubre de 1983, a las 19, de la mano de los fundadores, Jorge Quirós y Amelio Rodríguez. Rezaron el rosario en la Parroquia San José, y media hora después estaban en la ruta, la ruta provincial 32, las mochilas al hombro, comida y agua en las mochilas al hombro, una imagen de la Virgen María en los brazos, y más nada. Más nadie.
Era un viernes abierto, una tarde azul. Quince kilómetros más adelante el cielo se transformó como en una escena bíblica: nubes y truenos, viento aciago y relámpagos, y estos dos muchachos caminando en la ruta, mochilas al hombro, rezando.
Una lengua de luz partió el cielo en dos, y un sonido de fin del mundo los paralizó. Decidieron salir de donde estaban, cobijados por aquel eucalipto, y empezaron a caminar. Llegaron hasta una estación de servicio, en el empalme de las rutas 126 y 127. La luz se había cortado y diluviaba.
Ocurrió el primer misterio: cuando pisaron la estación de servicio, volvió la luz. Y enseguida, paró de llover.
Pero la peregrinación había fracasado.
Ese fue el principio de la Peregrinación de los Pueblos: dos muchachos caminando en medio de la noche, una tormenta arisca, los peregrinos vueltos a casa, ateridos, arriba del auto de un tío que, por providencia, había pasado a cargar nafta por aquella estación de servicios.
Aquella primera vez, la caminata había sido planeada con mucho tiempo. Desde finales de la década de 1970, estos dos muchachos, más otros más, se habían propuesto hacer aquello que todavía no tenían muy en claro qué era.
Los dos caminantes, antes de ser caminantes, antes de peregrinar en medio de la noche oscura, se habían sumado a un movimiento católico incipiente, Schoenstatt, una corriente mariana fundada por el sacerdote alemán Jose Kentenich. Kentenich, perteneciente a la orden de los palotinos.
Aquella primera vez no pudo ser. Pero hubo una segunda, y entonces sí: alcanzaron el destino final, el Santuario de La Loma. El mismo destino que los acoge cada octubre. Como ahora, en la 43ª edición, y cono será las veces que vendrán por delante.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

