La música académica de América Latina está de luto. A los 92 años, falleció Pedro Ignacio Calderón, una leyenda absoluta de la batuta y un pilar fundamental en la historia cultural de la Argentina. Su partida marca el fin de una era dorada para la música sinfónica nacional, un territorio que lideró con rigurosidad, pasión y una genialidad técnica que lo llevó desde su Paraná natal hasta los escenarios más exigentes de Estados Unidos y Europa.

«Con profundo pesar despedimos al maestro Pedro Ignacio Calderón, una de las figuras más trascendentes de la dirección orquestal argentina. Nacido en la ciudad de Paraná en 1933, desarrolló una extraordinaria carrera que lo llevó a conducir las principales orquestas del país, entre ellas la Orquesta Sinfónica Nacional, donde dejó una huella imborrable por su excelencia artística, su compromiso con la música y su incansable labor formativa”, publicó la Asociación Mariano Moreno.

La Asociación Mariano Moreno “tuvo el honor de recibirlo en varias oportunidades como director invitado y compartió con el público de Paraná conciertos memorables que enriquecieron la vida cultural de nuestra ciudad”.

“Hoy recibimos la noticia de la lamentable partida de Pedro Ignacio Calderón”, escribió el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, en las redes sociales. “Su talento, su rigor artístico y su compromiso con la excelencia dejaron una huella imborrable en generaciones de músicos y en las principales instituciones sinfónicas del país. Al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, de la que fue nombrado Director Emérito, contribuyó de manera decisiva al desarrollo y la proyección de la música académica argentina, formando intérpretes y acercando el repertorio sinfónico a públicos de todo el país”, agregó.

Desde la radio Nacional Clásica lamentaron el fallecimiento de “una de las figuras más trascendentes de la música clásica de nuestro país y de Latinoamérica”: “Acompañamos con profundo pesar a su familia, amigos, colegas y discípulos en este difícil momento, y honramos la memoria de un maestro cuyo legado permanecerá vivo a través de generaciones de músicos y amantes de la música”.

Nacido en la provincia de Entre Ríos en 1933, Calderón demostró desde muy joven una sensibilidad musical extraordinaria. Se formó en piano bajo la tutela del legendario maestro Vicente Scaramuzza y se adentró en los secretos de la composición de la mano de Alberto Ginastera. La influencia de este último fue crucial; a lo largo de su carrera, Calderón se convirtió en uno de los máximos difusores de las creaciones de su mentor, logrando interpretaciones memorables de suites orquestales icónicas como Estancia y Panambí.

El legendario director falleció a los 92 años. Discípulo de Vicente Scaramuzza y Alberto Ginastera, marcó una era al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Teatro Colón. Su triunfo en Nueva York junto a Leonard Bernstein lo consagró a nivel internacional (Crédito: Silvina Frydlewsky / Ministerio de Cultura de la Nación / Wikipedia)

El gran quiebre internacional en su biografía ocurrió en 1963, cuando se consagró ganador del prestigioso Concurso Internacional de Dirección Dimitri Mitropoulos en Nueva York. Este triunfo no solo le otorgó visibilidad global, sino que le permitió vivir una experiencia transformadora: trabajar durante un año entero como director asistente del mítico Leonard Bernstein en la Filarmónica de Nueva York.

Al regresar al país, su figura se volvió central para las instituciones musicales argentinas. Calderón fue el director musical de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, estuvo al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón —institución que también dirigió artísticamente a fines de los años 70— y comandó durante décadas la Orquesta Sinfónica Nacional, entidad que luego lo cobijó con el título de Director Emérito. Bajo su dirección, el público argentino pudo descubrir complejas partituras del siglo XX, pero también registrar lecturas definitivas de las grandes sinfonías de Ludwig van Beethoven y Gustav Mahler.

Distinguido en múltiples oportunidades con el Premio Konex, el maestro no solo dejó su huella en los teatros, sino también en el estudio de grabación. Su legado discográfico incluye álbumes fundamentales como Ginastera: Variaciones concertantes & Ollantay y sus aproximaciones a las obras de Astor Piazzolla, donde orquestó con maestría piezas del calibre de Adiós Nonino. Con la muerte de Pedro Ignacio Calderón, se apaga una de las mentes más brillantes de la dirección orquestal, pero queda un eco imborrable en cada músico que se formó bajo su mirada exigente y en cada espectador que alguna vez fue conmovido por el movimiento de sus manos.

 

Con Información de Infobae.