Miguel Ángel Di Benedetto es docente en la Escuela N° 66 Miguel Ángel Poletti, en la zona rural de Viale, en el departamento Paraná. Para ir a dar clases de Educación Física, viaja 30 kilómetros de ida, 30 kilómetros de vuelta. Tiene seis horas cátedra de Educación Física. Este viernes se encontró con la mala nueva de que su recibo de liquidación del salario de julio llegó con una suma irrisoria: apenas $14.580.
«Es indignante que te paguen eso -admite a Entre Ríos Ahora-. Es un chiste que te liquiden $14 mil. Para ir a dar clase a esa escuela tengo 60 kilómetros de viaje. Es una vergüenza. Encima que tenemos sueldos indignos, que mínimamente nos paguen bien. Ahora tengo que reclamar la diferencia, me lo van a pagar pero va a llevar tiempo, y siempre te ´comen´la plata».
“Hoy me tocó cobrar el sueldo y, una vez más, me encuentro con un salario mal liquidado. No es solamente un número en un recibo: detrás de ese sueldo hay una familia, cuentas que vencen, créditos, alimentos y un montón de responsabilidades que no esperan”, contó a través de sus redes sociales.
Y agregó: “Ser docente es una vocación. Enseñamos con compromiso, dedicación y amor por nuestros alumnos. Pero la vocación no paga las cuentas. Cada día nos exigen más: informes, capacitaciones, responsabilidades, acompañamiento permanente a los estudiantes y a las familias. Muchas veces trabajamos en escuelas con necesidades básicas sin resolver, sosteniendo entre todos lo que debería garantizar el Estado. En muchísimos casos son las cooperadoras, los directivos y los propios docentes quienes hacen el esfuerzo para que la escuela siga funcionando. Corremos de una escuela a otra, buscando otra cosa para subsistir, y dicen que el docente está cansado, salarios de indigentes tenemos”.
Luego, sumó: “Mientras tanto, los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo y, para colmo, ocurren errores en las liquidaciones que nos dejan en una situación aún más difícil. No se trata de un privilegio ni de un reclamo exagerado: se trata de cobrar correctamente por el trabajo realizado y de poder vivir con dignidad”.
El texto sigue así: “Detrás de cada docente hay una persona que también tiene hijos, familia, alquiler o créditos, impuestos y alimentos que comprar entre muchas cosas. Las cuentas vencen del 1 al 10; nuestras obligaciones no esperan o el Banco te espera, dice no hay drama, te matan con intereses”.
“Ojalá algún día se valore de verdad a quienes todos los días educamos, acompañamos y formamos el futuro de nuestra provincia. Porque sin educación no hay futuro, y sin docentes respetados y justamente remunerados, la escuela pública también se resiente”, subrayó, y añadió: “Este no es solo mi reclamo. Es el de muchísimos docentes que siguen poniendo el corazón en su trabajo, aun cuando sienten que el esfuerzo no es reconocido”.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

