Por Gladys Domínguez (*)

 

Rechazo categóricamente la decisión del Partido Justicialista de expulsarme. No me expulsan por traicionar al peronismo ni a sus principios: me expulsan por no obedecer ciegamente la orden de un grupo de dirigentes que nadie votó. Y no es lo mismo.

Fui elegida por los ciudadanos de mi departamento y es ante ellos, en primer lugar, ante quienes debo responder. Mi mandato no pertenece a una conducción circunstancial ni puede quedar sometido a una estructura partidaria cerrada, sorda y dedicada a expulsar compañeros.

Pensar distinto no es traicionar. Disentir no es traicionar. Votar de acuerdo con las propias convicciones tampoco es traicionar. Lo preocupante es que quienes hablan de unidad hayan elegido la expulsión como única respuesta. Lo mismo vale para mí que para la senadora Miranda, con quien me solidarizo.

No me expulsan por traicionar al peronismo; me expulsan por no obedecer ciegamente a dirigentes que no representan a nadie.

El PJ expulsó a las senadoras Miranda y Domínguez

 

El peronismo siempre fue un movimiento amplio, plural y diverso. El general Perón construyó un movimiento capaz de contener miradas diferentes, sumar voluntades y representar a distintos sectores de la sociedad. Nunca entendí al peronismo como un espacio en el que unos pocos se arrogan la facultad de decidir quién pertenece y quién no. El peronismo que yo defiendo abraza; no expulsa.

Si algunos dirigentes creen que expulsando a dos senadoras resolverán los problemas del justicialismo, están mirando la realidad por el espejo retrovisor. El problema no somos quienes pensamos distinto. El problema es una dirigencia que no logra escuchar a la sociedad, construir nuevas mayorías ni realizar una sola autocrítica.

No voy a renunciar a mis convicciones, a mi criterio ni a la representación que me confiaron los ciudadanos de Feliciano. Una resolución partidaria puede imponer una sanción, pero no puede borrar una trayectoria ni decidir la identidad política de una persona.

El peronismo es demasiado grande, profundo e importante para quedar reducido a la voluntad de una conducción circunstancial que, reitero, nadie votó.

Lejos quedó el tiempo en que en el justicialismo entrerriano, quien ganaba conducía y quien perdía acompañaba. Ahora la lógica parece invertirse: quien gana y busca construir es castigado; los otros no conducen ni dejan conducir, simplemente expulsan.

Sus intenciones están claras: quieren un PJ chico, cerrado, sectario y lejos de la victoria. Ellos eligieron expulsar. Yo elijo seguir trabajando y representando a mi departamento.

 

(*) Gladys Domínguez es senadora provincial por el departamento Feliciano. Integra el monobloque Peronismo Federal.