“¿Están listas?”
Clara, convertida en María Teresa de la Eucaristía, y Lucrecia del Calvario, ambas ahora monjas carmelitas con votos perpetuos, son llevadas a contemplar una ceremonia atroz: religiosas flagelándose, hincadas en el piso, de frente a un altar, en una iglesia vacía, de noche.
Se escuchan los latigazos sobre la piel desnuda.
La escena es lúgubre, violenta.
“En nuestra constitución, las hermanas profesas están capacitadas para recibir disciplina”, dice una correctísima Rita Cortese en el rol de priora del convento carmelita que recibe a una joven dispuesta a “casarse” con Dios.
“La disciplina y el silicio sirven para ofrecer nuestro dolor por los pecados del mundo”.
-¿Es obligatorio?
-Es esencial.
Lo dice la hermana Cecilia, luego vuelta priora, una mujer que dividirá el mundo entre dios y el demonio a su conveniencia.
“Cautiva” logra recrear, sin trazos gruesos, la historia de Clara, una chica de pueblo que ingresa a la vida de una comunidad religiosa contemplativa, que sale de un hogar roto y sale -se escapa- de ese mundo de rezos y padrenuestros, de silicios y flagelación como tributo a un dios diseñado ad hoc por la madre Cecilia -Lorena Vega no necesita más que mostrar su rostro para exhibir una tremenda carga actoral- y vuelve a un hogar todavía más roto.
La escena del capítulo 5 “Despertar” es, quizá, un resumen de toda la historia: el contrapunto entre Clara (Carolina Kopelioff), ya “escapada” de su cautiverio contemplativo, y su madre Estela (Valeria Lois): resulta revelador de un clima de época.
“Cautiva (Argentina/2026), codirigida por Paula Hernández y Jazmín Stuart, y con un elenco que sorprende, Carolina Kopelioff, Lorena Vega, Rita Cortese, Valeria Lois, Tomás Wicz, Rochi Hernández, Julieta Zylberberg, Luis Ziembrowski, Lautaro Bettoni, Evitta Luna, se puede ver en las plataformas TNT y Flow.
Es una ficción de seis capítulos inspirada en la historia que escribió Daniel Enz, “Las torturas del convento”, que se mete en la piel de personajes que habitaron un lugar, el convento carmelita de Nogoyá, dirigido por mano de hierro por la priora Luisa Toledo, condenada en 2019 por el delito de privación ilegítima de la libertad a dos monjas que la denunciaron por torturas, Silvia Albarenque y Roxana Peña.
Es la historia de Silvia Albarenque.
La Justicia allanó en 2016 el convento, y la noticia dio la vuelta al mundo. Un convento de claustra, de monjas contemplativas, rodeado de policías. Una monja que escapa y que corre el velo del horror.
Pero es también una historia en sí misma, impecablemente contada, bien actuada, que recorre los claroscuros de una vida de convento y que pone al espectador como juez de una Iglesia que suele aplicar leyes en nombre de un dios hecho a medida.
Las hermanas Cecilias habitan este mundo porque algunos monseñores hacen la vista gorda, se lavan las manos y dejan hacer atrocidades en nombre de un dios y un demonio que habitan solo en sus ropas.
Juan Alberto Puiggari ha conseguido que ningún escándalo de la Iglesia que dirigió lo roce: ni las denuncias por corrupción de menores de los curas ni el infierno en el que Luisa Toledo convirtió el carmelo de Nogoyá.
Puiggari tuvo como su mano derecha y secretario al cura Mario Gervasoni, condenado en la Justicia por falso testimonio.
«Cautiva» no interpela demasiado a la jerarquía católica.
A fin de cuentas es solo una ficción.
María Teresa de la Eucaristía ha dejado el hábito y la disciplina, ahora es Clara, una muchacha desarmada ante su propia historia, que cuenta: «Alguien te dice: ´Dios te eligió desde antes que vos lo supieras´. Uno piensa: ´Eso es bueno, ¿no?´ Dios me elige entre tantas personas, cómo voy a traicionar. Pero ahí adentro es otra cosa: empezas a pensar mal, y justificas todo lo que te hacen o te obligan a hacer, porque primero está Dios y después estoy yo. Estaba yo. Y eso te lo meten en la cabeza desde un principio».
Todo eso que ocurrió adentro del convento hizo su tarea: «Perdes la fe».
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

