Vanina Ortiz ve en el personaje de la Madre Cecilia que construye la actriz Lorena Vega para la serie «Cautiva» -TNT, Flowe, HBO- el rostro intimidante de la Madre Isabel -Luisa Toledo, expriora del Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen, de Nogoyá, condenada en 2019 por tormetos y privación ilegítima de la libertad a 3 años de cárcel- y revive aquel ambiente de opresión que transitó en 2013 durante cinco meses, cuando fue postulante dentro de la congregación de las Carmelitas Descalzas.
“Entré llena de alegría. Yo venía haciendo ya un proceso vocacional. Participaba mucho de la vida de la Iglesia, en grupos misioneros, y todo eso me llevó como a querer dar mi vida a Dios, a abrazar a las personas con mi oración. Lo hablé con mi director espiritual y él me dirige hacia la vida contemplativa. Primero me evaluaron y después me permitieron ingresar. Me presenté a unos estudios médicos, psicológicos, todo eso que la congregación pedía. Después, la comunidad evaluó mi ingreso, y entré. El primer mes ahí adentro fue celestial”, recuerda ahora Vanina en diálogo con el programa Puro Cuento de Radio Plaza 94.7.
Pero después del primer impacto celestial, llegaron los rigores de la vida contemplativa de clausura. “Enseguida, viene el desprendimiento de tu familia, que fue algo que me costó muchísimo. Yo era muy familiera, y me gustaba estar con mis amigos. El corte fue de entrada, fue crucial, así”, recuerda.

-Dijiste que ese primer mes tuyo adentro de la comunidad carmelita fue celestial. ¿Estaba como priora la Madre Isabel?
-Exacto. Me tocó, sí, tener como priora a la Madre Isabel. Es igualita a como la muestran en la serie. Esa mirada, esa expresión que no te dejaba mirarla directo, de frente, te daba como miedo, no sé, no sé cómo decirlo.
-¿Después de ese mes celestial, qué pasó?
-Ahí adentro, no tenés noción de por dónde está la entrada. Vivis entre pasillos y puertas. Nunca estaba sola. Siempre andaba acompañada por alguien. Hasta cuando iba al baño. Ya estaba en el segundo mes, y tenía que ir a confesarme con un sacerdote. Yo estaba acompañada por mi madre maestra y fue cuando escuchamos gritos. Ahí adentro el silencio es total, y esos gritos nos llamó la atención. Eran gritos desgarradores. Giro la cabeza y estaba la Madre Isabel, que casi se iba las manos con una hermanita que era muy viejita. Discutían muy feo. Mi madre maestra me saca enseguida de ahí. La Madre Isabel me ve, y como sabía que yo me iba a confesar, me dice que no podía hablar nada de lo que pasaba en la comunidad.
-¿Cuánto tiempo estuviste ahí en el convento?
-Cinco meses y medio.
-¿En ese tiempo llegaste a conocer cómo era la vida en el convento? ¿Es como lo muestra la serie “Cautiva”?
-Lo que más viví ahí, y que la serie lo retrata, son el maltrato psicológico y la privación de libertad. Me enteré, sí, de los silicios,y de las otras prácticas que se realizaban corporalmente, pero yo no llegué a realizarlas por el corto tiempo que estuve.
-¿Sufriste maltrato?
-Sí, fue terrible. Fueron cinco meses y medio, y fue un montón para todo lo que viví. Ya al último mes -y no siento vergüenza en decirlo- si no salía de ahí, estaba viendo que me venía un pensamiento suicida. Viví mucha presión, mucho maltrato psicológico. Tenía que mentir, decir que ya se me iba a pasar. Le tenía que mentir a mi familia. Ellas me dictaban las cosas que les tenía que poner en las cartas a mi familia. Al tercer mes de estar ahí me quise ir, y ahí es donde empecé a sentir el encierro, porque no me dejaron. Una vez quise abrir la ventana de mi celda, y alguien vino y me pidió que cerrara la ventana. Recién al quinto mes me permiten hablar por teléfono con mi mamá. Le dije a los gritos que me sacara de ahí, pero obviamente me sacaron el teléfono.
-¿Cuál el argumento por el cual las religiosas del convento te negaban la salida?
-Eso nunca lo supe. Lo que sí sé es que yo quería irme y no me dejaron, y no podíamos ni siquiera salir al patio. Cuando finalmente pude salir, tuve momentos de claustrofobia. Estuve un año casi sin ver a personas, permanecía encerrada en mi casa. Después, obviamente, salí, salí a trabajar, empecé mi vida. Pero, bueno, después de más de 10 años recién puedo contar esto. En su momento hablé con el obispo (de Paraná, Juan Alberto Puiggari).
-¿Qué respuesta te dio Puiggari?
-Me dijo que no estaba bien lo que yo le contaba de lo que pasaba adentro del convento, pero también me dijo que yo vi todo con ojos muy humanos.
-Cuando te dicen que no cuentes nada de lo que ves al confesor, ¿hiciste caso?
-Sí, porque una vez le había contado algo a mi madre maestra, y lo que le dije llegó a oídos de la Madre Isabel. Estaba perseguida. A la vez pensaba: ¿A quién puedo contarle? No le puedo decir nada a la madre maestra, no lo puedo hablar con mi familia, no lo puedo decir al confesor, ¿qué hago?
-Eso que relatas, que lo que vos contabas a alguien lo sabía la Madre Isabel está reflejado en la serie “Cautiva”.
-No pude ver la serie entera. Voy recién por el tercer capítulo. Es muy fuerte para mí.
-¿Qué te produce?
-Me recuerda lo que fue Luisa Toledo (la Madre Isabel), cómo actuaba, lo que hacía, el miedo que te transmitía, las cosas que te hacía reprimir. Eso fue un infierno para mí. Fueron cinco meses y medio, pero para mí fue un montón. Cuando estuve afuera, no podía entender cómo había personas que estuvieron años ahí adentro.
-¿Cuánto tiempo te llevó poder procesar y poder hablar de todo esto que viviste en este corto tiempo que estuviste en la clausura?
-Recién ahora, con la serie. Eso me pasó a los 23 años, yo salí a los 24 años. Y cuando yo salí de ahí, no podía abrirme con los demás, vivía muy reprimida. No podía hablar, porque enseguida lloraba. Tuve pesadillas. Entonces decidí callarlo, enterrarlo, seguir mi vida después de un año. Fui contando de a poco, de a tramos.
-La vida contemplativa te llevó a tener pensamientos suicidas. ¿Fue así?
-Hace poco hice una capacitación sobre suicidio. Y ahora puedo comprender a una persona que toma una decisión así. A mí me pasó. No encontraba respuestas. Me sentí tan encerrada en mí misma. No veía la luz. No veía la salida para poder escaparme. Pero a la vez recordaba que las rejas tenían alarma, que en la entrada había cámaras. Y siempre tenía a alguien persiguiéndome, hostigándome. Empecé a sentirme sola. La madre priora me decía de que si yo salía, mi vida iba a ser un infierno, que mi familia me iba a rechazar, que mis amistades también, y me hacía sentir como la peor persona. Y ahí te entran esos pensamientos. Ahora, afuera, procesé todo, y me doy cuenta que Dios no es alguien vengativo, malo, que te aleja de tu familia, que te maltrata verbal y psicológicamente. Es más, pienso que hay un Dios que todo lo ve. Y así como el hacer bien tiene su respuesta, el hacer el mal, también.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

