El psicólogo Sergio Brodsky, especialista en prevención del suicidio, asesor en la temática del Colegio de Psicólogos de Entre Ríos, sostiene que la problemática tiene múltiples aristas, pero entiende que la actual situación socioeconómica agrava los condicionantes.

“En Concordia, donde hoy vivo, el Municipio ha dejado a 400 personas sin trabajo. Uno lo puede pensar como un número, pero una persona que atraviesa por esa situación sabemos que es una tragedia. Si no tenés otra opción, si no se vislumbra en un futuro condiciones como para recuperar una fuente de trabajo, la angustia crece. Sabemos que el suicidio es multidimensional, multicausal, pero yo creo que hoy la dimensión socioeconómica, cultural, política -porque las políticas de la provincia de Entre Ríos apuntan al ajuste y cada vez vemos más, en línea con las políticas del Gobierno nacional- nos muestra un marco y un contexto condiciona a la persona. Si bien el suicidio es claramente un fenómeno subjetivo, individual, que forma parte de la dramática decisión de una conciencia íntima, hay que decir también que ese sujeto, ese individuo no es una isla. Está atravesado por estas múltiples terminaciones que, en algún punto, hacen a la multicausalidad de ese acto”, señala.

-¿El suicidio se puede prevenir? ¿En qué medida las políticas públicas pueden ayudar a la prevención?

-A mí me parece que se puede pensar la prevención desde dos perspectivas. Porque yo sé lo que es un fenómeno multicausal, y es el síntoma de una sociedad que tiene a sus miembros totalmente sometidos a una situación de malestar. Entonces, es un síntoma social, y como tal, y un síntoma político. Yo creo que, en algún punto, toda política que tienda a la inclusión y al bienestar de los miembros de una comunidad, son políticas que indirectamente van en función de generar mejores condiciones de salud mental, por lo tanto, también de manera indirecta, de prevención de suicidio. Hoy vemos también una gran cuota de deshumanización social, que no podemos admitir. Acá en Concordia paso todos los días por containers de basura, y veo todo el tiempo a gente revolviendo la basura poder comer, y eso es inadmisible. Esto cada vez forma parte de un paisaje casi natural. Entones, una política de prevención del suicidio es aquella que apunta al bienestar de la comunidad. No aquellas que generan ajustes. Y por otro lado, el suicidio, como todo fenómeno de salud mental, no es solamente un fenómeno psicopatológico, sino que es un síntoma social que no se resuelve solamente en el campo de la salud mental. Obviamente que la variable de dispositivos y recursos para la atención de las personas que están en situaciones de riesgo de suicidio son fundamentales, y es algo que está faltando y fallando. Más allá de si queremos declarar la emergencia o la urgencia en salud mental, lo central es contar con recurso humano y profesionales. En Concordia, el Hospital Felipe Heras pedis un turno y no encontras en la inmediatez que necesita una familia a la que se le había suicidado un integrante. Cuando sucede un suicidio, la postvención es el tercer nivel de prevención que apunta a prevenir nuevos casos. Es decir, el Estado activamente tendría que buscar a los compañeros de escuela, de facultad, compañeros de trabajo, a las familias, y decirles: ´Bueno, ustedes necesitan una contención, vamos dar una charla, vamos a generar un espacio´. Eso no ocurre. No solo que las personas tienen que estar desesperadas buscando un turno, sino que no lo encuentran.

-No se encuentra en los hospitales y menos en los centros de salud.

-Es un problema sistémico. El Hospital Felipe Heras, que tiene un servicio de salud mental histórico, sin embargo hoy no cuenta con recurso profesional. Es muy importante generar programas de prevención y asistencia al suicidio, y poner cinco o seis psicólogos o psiquiatras en centros de salud y en hospitales generales. Eso requiere una decisión política. Y reclama que esa decisión se tome con premura. En Concordia hubo varios casos de suicidio ahora en septiembre, y yo veía realmente con bastante perplejidad a funcionarios públicos y gobernantes haciendo declaraciones de que hay que hablar del suicidio, hay que pedir ayuda, y parece una burla. Se ponen la cintita amarilla y dicen que hay que pedir ayuda. Pero cuando vas al hospital no hay turnos. Entonces, parece un mensaje paradójicamente lamentable. En el medio está la gente, el ser humano que llega a esta penosa situación y que genera un dolor extraordinario, desgarrador, inimaginable, incalculable en el entorno, en su familia. Hubo casos en los que la familia debió hacer una colecta para pagar el sepelio. Imagínense la situación: que un familiar tuyo, un hijo, un hermano, un padre, haya tomado una determinación tan trágica, y que vos ni siquiera puedas hacer el duelo porque tenes que salir a pedir ayuda para pagar el sepelio. Me parece tan penoso que el Estado esté ausente en todos los niveles.

-Lo discursivo en la temática de suicidio debería dar paso a las acciones concretas.

-Mejor que decir es hacer. Durante la crisis de 2001, 2002 yo trabajaba en el Hospital Felipe Heras y pasaba algo similar a lo que vemos hoy. Había 10 internaciones por semana, por intento de suicidio. Era realmente terrible. Y, bueno, empezamos a ver la necesidad de trabajarlo a nivel de la prevención, empezamos a ir a las escuelas, empezamos a trabajar en la comunidad. Entonces, nadie quería hablar del tema, porque el suicidio era un tabú, y porque se pensaba que si se hablaba del suicidio, eso iba a inducir al suicidio. Logramos romper ese tabú, pero no se trata solo de hablar. Eso habría que explicarles a los políticos. Hablemos de salud mental, hablemos de prevención del suicidio. Por supuesto que es importante. Es casi abrumador lo que se ha hablado ahora en el mes de septiembre de la cuestión de suicidio. El tema es que los políticos, además de hablar, tienen que hacer. Lo que tienen que hacer es cumplir con plenitud con aquello que está establecido en la Ley 27.130, que es la Ley Nacional de Prevención del Suicidio, a la que adhirió la Provincia. Los políticos se prendieron de esto de que hay que hablar del suicidio, pero después, en las acciones concretas que dependen de sus decisiones políticas, el Estado está ausente. Entonces, sacarse una foto con la cinta amarilla y hablar del suicidio está fantástico. Pero después, cuando tenés que poner un cargo de psicólogo en un hospital, el Estado está ausente.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora