El Seminario Nuestra Señora del Cenáculo, de Paraná, se prepara para celebrar el medio siglo de ordenación sacerdotal del arzobispo emérito de Paraná, Juan Alberto Puiggari, y del eterno canciller de la curia, Hernán Quijano Guesalaga.
Será el 21 de noviembre, a las 11. Habrá en la capilla del Seminario y luego un almuerzo, para lo cual se han puesto a la venta las tarejtas
Porteño de nacimiento -el el 21 de noviembre de 1949-, realizó estudios primarios y secundarios en el colegio San Pablo, de Buenos Aires, de donde egresó como bachiller en 1967. Después de completar estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (1968-1973) realizó estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Paraná (1973-1976), y recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Adolfo Servando Tortolo el 13 de noviembre de 1976.
El 21 de noviembre de 2025, al cumplir los 75 años y como ordena el Código de Derecho Canónico cumplió una formalidad que es clave: presentó su dimisión ante la Santa Sede. El canon 401.1 del Código de Derecho Canónico establece que un obispo diocesano que haya cumplido 75 años debe presentar su renuncia al Sumo Pontífice. El Sumo Pontífice, después de considerar todas las circunstancias, decidirá qué hace
Entonces gobernaba la Iglesia de Roma el argentino Jorge Bergoglio, pero fue un norteamericano, León XIV, quien finalmente le aceptó la dimisión y nombró reemplazante, Raúl Martín. Puiggari puso así fin a su paso al frente de la Iglesia de Paraná, donde había sido nombrado arzobispo por el Papa Benedicto XVI, en 2010. Asumió en marzo de 2011 y un año después estalló el escándalo de los abusos del cura Justo José Ilarraz en el Seminario Arquidiocesano de Paraná.
La llegada de Puiggari a Paraná -en realidad, un regreso: antes había sido obispo auxiliar, hasta que en 2003 fue nombrado obispo de Mar del Plata- supuso el fin del período de “transición” que marcó el gobierno de la Iglesia local por parte de Mario Maulión: al prelado santafesino le tocó suceder a Karlic, un teólogo vastamente reconocido y respetado en toda la Iglesia que presidió durante dos períodos consecutivos el Episcopado (entre 1996 y 2002), que fue uno de los redactores del Catecismo y que ha tenido activa participación en los últimos sínodos. Maulión está muerto; Karlic cumplió en febrero pasado 99 años.
Como se dijo, el caso Ilarraz marcó de cabo a rabo el paso de Puiggari por la Iglesia de Paraná,
Ilarraz fue condenado en 2018 y esa condena fue refrendada por la Cámara de Casación Penal: en su voto, el juez Alejandro Cánepa reprochó el encubrimiento de la Iglesia. Dijo que las víctimas «vivieron una verdadera defraudación de su confianza y de sus expectativas, por parte de las autoridades del Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, adonde habían ido a formarse para el sacerdocio, y también de la Iglesia, al verse desprotegidos de los abusos de Ilarraz, “ya que no es cierto que las víctimas de autos no denunciaron a Ilarraz en tiempo oportuno, o que no hayan dado cuenta a otras personas de lo que Ilarraz les estaba haciendo, sino que aquellas ante quienes lo hicieron o quienes pudieron tomar conocimiento de tales situaciones, se preocuparon por mantenerlas en secreto, reserva y sigilo, lo que llevó a que tales hechos nunca salieran a la luz, nunca traspasen la órbita burocrática de la Iglesia Católica local, y no llegaran a oídos de la Justicia, o de cualquier autoridad administrativa estatal y/o educacional, o incluso de los propios padres de las víctimas”.
En el juicio al cura Ilarraz -está con arresto domiciliario al aguardo de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación resuelva un planteo de prescripción, con condena a 25 años de cárcel- Puiggari dijo que tomó conocimiento de los abusos «entre fines de 1994 y comienzos de 1995», y niega haberse enterado antes.
Quijano se convirtió, cuando el caso Ilarraz estalló en los medios, en 2012, en un férreo defensor del actual arzobispo Juan Alberto Puiggari, y una espada filosa del ala más dura del clero: llegó a publicar en su muro de Facebook que los medios mentían sobre lo que había ocurrido en el Seminario con los abusos.
Nunca aclaró por qué ni en qué aspectos los medios mentían: cuando «El Diario» de Paraná reprodujo su publicación, eliminó lo que había escrito.
“Los medios locales no dicen toda la verdad y están llevan (do adelante) un juicio mediático. Confío en la Justicia, no en los medios”, escribió en la red social Facebook el 6 de noviembre de 2012, pero cuando supo de la repercusión que había tenido su frase, la borró de inmediato. ¿Sabía algo más Quijano?
Quijano fue contemporáneo de Ilarraz y formó parte del equipo de superiores del Seminario.
A la renuncia del arzobispo Estanislao Karlic, en 2003, lo sucedió Mario Maulión.
Maulión asumió el gobierno de la diócesis el 9 de julio de 2003 y se mantuvo en el cargo hasta que alcanzó la edad límite para el servicio activo, los 75 años. El 4 de noviembre de 2010 el papa Benedicto XVI aceptó su dimisión, y designó en su reemplazo al entonces obispo de Mar del Plata, Juan Alberto Puiggari, que tomó posesión de su nueva función el 7 de marzo de 2011.
Cuando ocurrieron los hechos en el Seminario, Puiggari era prefecto de disciplina del Menor-Mayor, los últimos dos años del colegio secundario; Ilarraz, a su vez, era prefecto de disciplina del Menor-Menor, de primero a tercer años, el ciclo básico. Precisamente, los alumnos del Menor-Menor fueron quienes denunciaron los abusos.
La estructura funcional del Seminario, entonces, estaba conformada así: el rector, cabeza máxima y superior del cura Ilarraz, era Luis Alberto Jacob; por debajo, y como directores espirituales, estaban el finado Andrés Emilio Senger, y el arzobispo Puiggari; y como prefecto de estudios, el ahora canciller de la Curia, Hernán Quijano Guesalaga.
En una escala inferior, y como responsable de Teología, César Raúl Molaro, sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz del Opus Dei; y como prefecto de disciplina del curso propedéutico, Silvio Fariña Vaccarezza, también designado oficial de justicia, y encargado de llevar adelante, en 1995, la investigación diocesana que encomendó Karlic después de escuchar a las víctimas de los abusos.
Maulión supo de los abusos de Ilarraz por una carta que presentó un grupo de curas en 2010. Quijano también supo ese año de los hechos. Según declaró en la etapa de instrucción de la causa el cura Leonardo Tovar -que firmó aquella carta-, Quijano tuvo una actitud reprochable con él. «Quijano era el secretario del consejo presbiteral de Maulión, y fue quien redactó el acta con la respuesta de Maulión a aquella carta que presentamos. Después de la reunión del consejo presbiteral en la que Maulión nos informa de todo lo que había pasado con el caso Ilarraz, Quijano me salió al cruce cuando bajé a la Librería del Arzobispado. Me puso en un rincón, y me dijo: ´Terminala con Ilarraz. Eso ya pasó. En todo caso, el único responsable es Karlic. Puiggari no tiene nada que ver´».
Tovar entendió que aquel incidente con Quijano fue una «apretada».
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

