“Hay un clima de fiesta”, dijo el cura Daniel Ponce, párroco de San José, de Hasenkamp, y la “fiesta” era el contexto del arranque de la 44° Peregrinación de los Pueblos, que está en camino hacia Paraná, y llegará este sábado, a las 18, al Santuario de La Loma, en barrio Paracao.

El inicio de la Peregrinación fue desde la ermita a Nuestra Señora de Schonestatt, “la Mater”, ubicada sobre la ruta 32, a unos 6 kilómetros de la ruta 12. Los organizadores dedicaron el viernes para recorrer los predios en los que los peregrinos harían sus descansos y donde estacionan los vehículos, y todo estaba en perfectas condiciones, dijo el sacerdote.

¿Cuántos empezaron la Peregrinación? “Lo podemos medir por la cantidad de vehículos que nos han pedido pases. Tenemos 33 camiones que pidieron pase, 16 colectivos y 56 traffics, por mencionar los vehículos que más gente traen; después, hay muchos autos particulares, camionetas familiares, vehículos más familiares. El año pasado hicimos tres planillas con pases; este año, son ocho planillas”, dimensionó Ponce.

La logística de la Peregrinación es un andamiaje que funciona aceitadamente, y que se pone a andar a principios de año. El sacerdote enumera: “En estacionamiento hay 50 personas afectadas;  de servidores son 150; después, tenés los choferes de los vehículos, 11 torres de sonido, más un camión que pone sonido. Hay cinco camiones  que van de apoyo a los servidores. Y hay 11 ambulancias con profesionales de la salud: son 50 personas afectadas más o menos”, describió.

El párroco destacó que en 2025, al ingreso a Paraná, la Peregrinación de los Pueblos sumó 45 mil personas. “Pero este año pensamos que son más”, destacó.

“Los que tenemos años en esto vemos los rostros de preocupación, seguramente por salud, por falta de laburo, y vemos otros rostros que tienen esa media alegría que no está completa, y seguro es por una promesa de laburo o una promesa de vida”, evaluó José María Velázquez, responsable de Pastoral Social del Arzobispado de Paraná.

¿Qué los mueve a estar peregrinando en la ruta? “Yo creo que los mueve eso de creer sin ver, es la fe”, contesta Velázquez.

La Peregrinación de los Pueblos –el nombre lo adoptó por el número de localidades que toca a su paso-, se inició el viernes 14 de octubre de 1983, a las 19, de la mano de los fundadores, Jorge Quirós y Amelio Rodríguez. Rezaron el rosario en la Parroquia San José, y media hora después estaban en la ruta, la ruta provincial 32, las mochilas al hombro, comida y agua en las mochilas al hombro, una imagen de la Virgen María en los brazos, y más nada. Más nadie.

Era un viernes abierto, una tarde azul. Quince kilómetros más adelante el cielo se transformó como en una escena bíblica: nubes y truenos, viento aciago y relámpagos, y estos dos muchachos caminando en la ruta, mochilas al hombro, rezando.

Una lengua de luz partió el cielo en dos, y un sonido de fin del mundo los paralizó. Decidieron salir de donde estaban, cobijados por aquel eucalipto, y empezaron a caminar. Llegaron hasta una estación de servicio, en el empalme de las rutas 126 y 127. La luz se había cortado y diluviaba.

Ocurrió el primer misterio: cuando pisaron la estación de servicio, volvió la luz. Y enseguida, paró de llover.

Pero la peregrinación había fracasado.

Ese fue el principio de la Peregrinación de los Pueblos: dos muchachos caminando en medio de la noche, una tormenta arisca, los peregrinos vueltos a casa, ateridos, arriba del auto de un tío que, por providencia, había pasado a cargar nafta por aquella estación de servicios.

Aquella primera vez, la caminata había sido planeada con mucho tiempo. Desde finales de la década de 1970, estos dos muchachos, más otros más, se habían propuesto hacer aquello que todavía no tenían muy en claro qué era.

Los dos caminantes, antes de ser caminantes, antes de peregrinar en medio de la noche oscura, se habían sumado a un movimiento católico incipiente, Schoenstatt, una corriente mariana fundada por el sacerdote alemán Jose Kentenich. Kentenich, perteneciente a la orden de los palotinos.

Aquella primera vez no pudo ser. Pero hubo una segunda, y entonces sí: alcanzaron el destino final, el Santuario de La Loma. El mismo destino que los acoge cada octubre. Como ahora, en la 43ª edición, y cono será las veces que vendrán por delante.

 

 

 

Fotos: Mauricio Garín

De la Redacción de Entre Ríos Ahora