Lorena Villanueva, psicóloga, tuvo un rol especial durante la última edición de la Peregrinación de los Pueblos -una caminata a lo largo de 90 kilómetros, que dura más de 24 horas, entre Hasenkamp y Paraná-; manejó la camioneta que estaba al frente, con la imagen de Nuestra Señora de Schoenstatt, la «Mater».

Lorena Villanueva nunca entendió por qué no se había sumado antes a la Peregrinación: tiene un lazo particularísimo con la «Mater» desde hace un cuarto de siglo, pero no fue sino hasta hace dos años atrás que se acercó a la organización. Tiene discapacidad motriz y no puede caminar: ambas piernas amputadas. Se ocupó del sonido, primero, y en 2026, fue «conductora» de la Virgen.

-¿Fue un desafío, fue una decisión? ¿Cómo ocurrió esto de estar al frente de la Peregrinación?

-Yo lo defino como un acto de amor hacia la “Mater”. Si bien yo hice la alianza de amor hace 24 años y siempre estuve muy vinculada con el Santuario de La Loma, es como que miraba de un costado este gran acto de amor que hacen todos los años tantos peregrinos, dando gracias y también pidiendo. Me decía que yo nunca iba a poder hacerlo. Quedaba en eso: “Yo nunca voy a poder”. Hasta que hace dos años, o sea en 2024, me activé y me contacté con la gente de Hasenkamp, que es la que organiza la Peregrinación y bueno me ofrecí como voluntaria, y que la “Mater” me pusiera en el lugar que ella quisiera. Que ella haga de nuestra vida su voluntad.

-Esa reticencia a participar tenía que ver con tu discapacidad motriz que te impide caminar o había otro impedimento?

-No, solamente lo motriz. Soy amputada bilateral y me movilizo a través de mi silla de ruedas. Si bien trato de tener una vida totalmente independiente y normal, era una limitación. Son 90 kilómetros, y si bien también uno puede no hacerla entera a la Peregrinación, era un poco complejo el poder hacerlo con una silla de ruedas, porque ahí sí iba a necesitar también la asistencia o el acompañamiento de alguien. En 2024 me sumó en el área de sonido. Pero es una experiencia totalmente diferente la que me tocó vivir este año. Acá yo estaba un poco más apartadal, porque al encabezar la Peregrinación lo viví desde otro lugar y con otras emociones, obviamente.

-¿Y tenías noción, si mirabas por el espejo, lo que pasaba atrás, la cantidad de gente que participaba?

-Si yo miraba por el espejo, miraba lo cercano. Pude dimensionar la cantidad de peregrinos al finalizar, llegando al Santuario, toda esa gente ahí dimensioné los que venían atrás, pero se vive con muchas emociones. En mi caso, ni bien me enteré que me tocaba llevar a la “Mater”, ofrecí una cajita de intenciones donde la gente cercana podía traerme sus pedidos y yo la iba a llevar durante todo el trayecto con la “Mater” y después las iba a ofrendar en el Santuario de La Loma, al finalizar la Peregrinación. Estoy convencida de que todas esas intenciones que yo llevé y dejé después en el Santuario, la Mater va a obrar y va a haber grandes bendiciones para todas esas familias.

–¿Y a vos qué te pasó, qué te cambió, qué te ocurrió después, cuando procesaste todo eso que viviste?

-A ver: en mi caso particularmente, la “Mater” es el centro de mi vida y no de ahora, sino desde hace 24 años cuando yo tomé la decisión de hacer la alianza de amor. Al año, me enfermo y estuve muy grave. Estoy convencida que yo me salvé y es un fiel milagro de la “Mater”. A mí me moviliza, es mi vida. Todo lo que hago lo deposito en ella, se lo entrego.

-¿Fuiste la primera mujer en estar al frente de la Peregrinación?

-A esa información la desconozco. Pero creería que soy la primera. Uno de los iniciadores de la Peregrinación se comunicó conmigo para invitarme si quiero participar el año que viene y obviamente que sí, que ahí estaré en el lugar que la “Mater” lo disponga también. A mí lo que me dejó pensando fue la cantidad de jóvenes que iban y pedían como intención principal la salud mental. Me dejó muy azorada.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora